El tema de la Ley de Tierras parecía zanjado hace ya dos meses, pero asistimos a una era en la que parecen diluirse a toda velocidad algunos de los acuerdos que habían cimentado esta etapa democrática de Argentina, entre ellos la división de poderes. En apenas diez días, la Corte Suprema sacó esa norma del escenario para reponerla nuevamente, en un movimiento pendular que no resolvió el fondo del problema, pero sí cambió algo central: el margen político del Gobierno frente al Congreso.