martes 16 de junio de 2026

Cuando el mar sube sin terremoto: La amenaza silenciosa de los meteotsunamis

Las marejadas extremas se han vuelto más frecuentes e intensas durante la última década y el cambio climático agrega nuevos elementos de incertidumbre sobre el comportamiento futuro del océano y la atmósfera.

16 de junio de 2026 - 11:45

La mañana del 8 de agosto de 2015, Valparaíso amaneció enfrentando uno de los temporales costeros más destructivos de las últimas décadas. El oleaje destruyó infraestructura, inundó el borde costero y obligó a cerrar Avenida España, una de las principales de la ciudad. Para muchos fue simplemente una gran marejada.

Sin embargo, detrás de ese episodio ocurrió algo menos evidente, el mar también había subido por efecto de una intensa perturbación atmosférica. Aquel aumento del nivel del mar, casi imperceptible para la mayoría de las personas, contribuyó a que las olas rompieran más cerca de la costa y amplificaran los daños. Ese fenómeno tiene un nombre poco conocido: meteotsunami.

Recientemente mientras las autoridades monitoreaban los efectos del reciente terremoto ocurrido frente a Filipinas y evaluaban la posible propagación de ondas de tsunami hacia las costas chilenas, quedó nuevamente en evidencia cuánto asociamos el riesgo costero a los grandes terremotos.

Y es comprensible: vivimos en uno de los países más sísmicos del mundo. Sin embargo, no todas las amenazas que elevan el nivel del mar tienen origen geológico. Existen fenómenos menos conocidos, pero igualmente relevantes para la gestión del riesgo costero, que pueden generar aumentos repentinos del nivel del mar sin que ocurra un sismo. Los meteotsunamis son uno de ellos.

Se producen por perturbaciones atmosféricas locales e intensas, generalmente asociadas a sistemas frontales o bajas presiones profundas, que generan una elevación transitoria del nivel del mar. En nuestras costas esa variación suele ser del orden de 30 a 50 centímetros, una cifra que podría parecer menor. Sin embargo, cuando coincide con marejadas, marea alta y fuertes vientos, esos centímetros adicionales pueden marcar la diferencia entre un evento manejable y uno capaz de provocar severos daños sobre infraestructura, playas y comunidades costeras.

Lo importante es entender que el riesgo no depende únicamente del tamaño de las olas, también depende del nivel sobre el cual esas olas llegan a la costa. Si el mar ya está elevado por una perturbación atmosférica, la rompiente ocurre más cerca de calles, edificios, puertos y espacios públicos, aumentando significativamente la exposición del territorio.

Durante muchos años estos fenómenos pasaron prácticamente inadvertidos en Chile. En parte porque sus efectos suelen confundirse con las propias marejadas y en parte porque todavía conocemos relativamente poco sobre su comportamiento en nuestras costas. Sin embargo, la evidencia científica acumulada durante la última década muestra que comprender estas interacciones resulta fundamental para avanzar hacia una gestión moderna del riesgo costero.

Precisamente esa necesidad impulsó un trabajo pionero liderado por el Centro UC Observatorio de la Costa y la Universidad de Talca, que permitió desarrollar la metodología utilizada para construir la primera carta de amenaza por marejadas del país, correspondiente a Valparaíso y Laguna Verde. En ese proceso tuve la oportunidad de desarrollar la modelación numérica que permitió incorporar la interacción entre el oleaje, la dinámica costera y distintos factores oceanográficos y atmosféricos que condicionan estos eventos extremos.

La importancia de este trabajo trasciende el ámbito académico. La Ley 21.364, que crea el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, establece que el país debe avanzar en herramientas que permitan prevenir, mitigar y gestionar los riesgos naturales. Las cartas de amenaza constituyen precisamente uno de esos instrumentos, entregando información científica que puede apoyar decisiones de planificación territorial, diseño de infraestructura, protección de ecosistemas y preparación frente a emergencias.

El evento de 2015 dejó una lección que hoy cobra aún más relevancia. Las marejadas extremas se han vuelto más frecuentes e intensas durante la última década y el cambio climático agrega nuevos elementos de incertidumbre sobre el comportamiento futuro del océano y la atmósfera. Frente a este escenario, no basta con observar el tamaño de las olas; necesitamos comprender todos los procesos que interactúan para generar el riesgo.

Los meteotsunamis son recordatorios de que la costa funciona como un sistema complejo, donde el océano, la atmósfera y el territorio interactúan permanentemente. Ignorar alguno de esos componentes significa subestimar el riesgo.

Chile posee más de 6.000 kilómetros de costa continental y una población altamente concentrada junto al mar. Entender fenómenos como los meteotsunamis no es solo un desafío científico; es una necesidad para proteger a las comunidades, fortalecer la planificación territorial y construir una cultura de prevención basada en evidencia. La primera carta de amenaza por marejadas es un paso importante en ese camino, pero también una invitación a seguir investigando un litoral que cambia constantemente y cuyos riesgos debemos aprender a conocer antes de que vuelvan a sorprendernos.

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