El Mundial 2026 arranca este jueves en México, Estados Unidos y Canadá como la edición más grande de la historia. Sin embargo, junto con el espectáculo deportivo, diversos informes científicos y organizaciones ambientales advierten que también podría convertirse en el torneo más contaminante que haya organizado la FIFA, aumentando la crisis climática.
La competición reunirá por primera vez a 48 selecciones nacionales y se extenderá a lo largo de 104 partidos, un aumento de 63% respecto de los formatos anteriores. Además, las sedes estarán distribuidas en 16 ciudades ubicadas en tres países distintos, obligando a equipos, periodistas y millones de aficionados a realizar extensos desplazamientos aéreos durante más de un mes de competencia.
Un Mundial 2026 récord en emisiones de carbono
El principal cuestionamiento ambiental apunta a la enorme huella de carbono que dejará el torneo. Un informe elaborado por el New Weather Institute junto a otras organizaciones especializadas en sostenibilidad estima que el Mundial 2026 generará al menos nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (COe), casi el doble del promedio registrado por las Copas del Mundo disputadas entre 2010 y 2022. Incluso, algunos escenarios proyectan que las emisiones podrían alcanzar los 15 millones de toneladas.
La cifra convertiría al torneo norteamericano en uno de los eventos deportivos más contaminantes de la historia moderna y el más dañino para el clima dentro de las competiciones organizadas por la FIFA.
Más vuelos, el principal problema
Los expertos coinciden en que el transporte aéreo será el principal responsable de las emisiones. A diferencia de otros mundiales concentrados en un solo país, la edición de 2026 obligará a recorrer miles de kilómetros entre ciudades sede.
Según las estimaciones, los vuelos relacionados con el torneo podrían generar más de 7,7 millones de toneladas de CO, representando la mayor parte de la huella ambiental total del evento. Además, las emisiones vinculadas al transporte aéreo aumentarían entre 160% y 325% respecto de ediciones anteriores.
La dispersión geográfica también complica el uso de alternativas más sostenibles. Norteamérica carece de una red de trenes de alta velocidad comparable a las existentes en Europa o algunas regiones de Asia, lo que refuerza la dependencia de los aviones para trasladar a los millones de asistentes esperados durante el campeonato.
El Mundial de la contradicción climática
La preocupación ambiental coincide con otro fenómeno que marcará esta Copa del Mundo: el calor extremo.
Diversos partidos se disputarán durante el verano boreal en ciudades que habitualmente registran altas temperaturas. Ante este escenario, la FIFA implementó pausas obligatorias de hidratación y protocolos especiales para proteger a jugadores y espectadores frente a las olas de calor que se han intensificado por el cambio climático.
La paradoja, según han señalado investigadores y especialistas en sostenibilidad, es que el torneo se desarrolla en medio de crecientes advertencias sobre la crisis climática global, mientras su propio modelo de organización contribuye a aumentar las emisiones que alimentan ese fenómeno.
La defensa de la FIFA
Desde la FIFA sostienen que el Mundial 2026 contará con una estrategia de sostenibilidad enfocada en reducir impactos ambientales, promover el uso de transporte público, disminuir residuos y fomentar estándares de construcción sustentable en las infraestructuras asociadas al torneo.
No obstante, los autores de los estudios críticos consideran que esas medidas son insuficientes para compensar el impacto estructural derivado de la expansión del campeonato, el aumento de partidos y la enorme cantidad de vuelos que requerirá la competencia.
Con 48 selecciones, 104 encuentros y sedes repartidas por todo el continente norteamericano, el Mundial 2026 promete romper récords deportivos y comerciales. Pero también podría pasar a la historia como el ejemplo más evidente de la tensión entre el crecimiento del espectáculo global del fútbol y los desafíos que plantea la crisis climática del siglo XXI.