lunes 20 de julio de 2026
Crónica

La argentinidad al palo: fútbol, Malvinas, algortimos y política

Mientras el fútbol genera entusiasmo colectivo, la política nacional transita un camino de emociones negativas, evidenciando la desconexión entre el éxito deportivo y el apoyo al gobierno.

19 de julio de 2026 - 10:56

El Mundial de fútbol 2026 ocupa por estos días todos los intersticios de la vida cotidiana argentina. No existe publicidad, comentario político, cena familiar o reunión que no tenga como centro la disputa deportiva. Rápidos de reflejos, los libertarios hurgan en cada detalle mundialístico con el objeto de sacar rédito político de los avances del equipo. La oposición también se mete en ese juego e intenta imponer su narrativa y un dispositivo de captura de palabras para capitalizar la atmósfera futbolera.

Todo junto, “La Biblia y el Calefón” hubiera dicho Enrique Santos Discépolo, o en la versión más contemporánea de la banda Bersuit Vergarabat: “La argentinidad al palo”.

Quizás aún queden por ahí algunos —los menos— que sostienen la añeja fantasía de que el fútbol y la política son dos carriles paralelos que por definición no se tocan, o en el mejor de los casos no deberían tocarse, pero la historia de este deporte y la relevancia que los estados y gobiernos le han atribuído desde Mussolini hasta la fecha, evidencian que siempre estuvieron estrechamente unidos.

Es que más allá de las miradas naive sobre las gestas deportivas, estas siempre estuvieron imbricadas en la política y en la resistencia. En 1936, los Juegos Olímpicos de Berlín se recuerdan por haber ser sido utilizados por el régimen nazi como una colosal herramienta de propaganda para camuflar su ideología racista y proyectar una imagen de una Alemania fuerte, unida y pacífica. En 1986 en México, cuatro años después de la Guerra de Malvinas, Maradona utilizó sus fintas y trucos en el partido contra Inglaterra para potenciar en el imaginario global la reivindicación trasandina.

Es que en esa orilla del Río de la Plata siempre hay clima de mundial, solo que a veces es más silencioso, sostiene Santiago Núñez en la Revista Anfibia, y allí la selección encarna algo así como una suerte de anticolonialismo futbolístico y cultural.

El cisne negro

Es conocida la relación casi religiosa de los argentinos con este deporte y con su selección. Milei, que tiene buenos reflejos políticos y sabe leer la actualidad, buscó desde el principio capitalizar los resultados y el 'humor social positivo' que viene generado el avance de la selección en el torneo, algo que según sus cálculos le abriría un nicho para acelerar reformas estructurales antes de que el calendario electoral consuma el margen de maniobra.

La primera premisa que le señalaron sus colaboradores consistió en intentar imponer la narrativa de que el peronismo opositor odia a Messi y por lo tanto lo único que desea es que la “Scaloneta ”, como llaman los trasandinos a su escuadra nacional, pierda. Las redes explotaron de mensajes que el algoritmo se encargó de distribuir con su eficiencia conocida.

En esa línea estratégica el mandatario se definió como “el hincha número uno” del equipo y después de cada encuentro se repartió en programas de periodistas cercanos para mostrarse afónico y eufórico, mientras el ecosistema mediático que lo acompaña reforzaba la idea de que cada triunfo de “la albiceleste” enardecía a todo el arco opositor.

Se trató en definitiva de trazar un eje divisorio Maradona - Messi donde el primero quedara del lado peronista y el actual astro del lado libertario.

Resulta muy difícil evaluar cuán eficaz terminará siendo la estrategia en cuestión, pero lo cierto es que al menos logró acaparar buena parte la agenda mediática, incluso en medios opositores que —un poco a la defensiva— ocuparon horas de su programación para intentar neutralizar el intento.

Cuando todo parecía relativamente controlado, o al menos marchando, apareció el cisne negro que complicó las cosas: Argentina debía enfrentar en semifinales a Inglaterra lo que activó todos los imaginarios sobre el conflicto, las reivindicaciones deportivas que en las últimas décadas encabezó la selección especialmente de la mano de Maradona, lo que obligó a los libertarios a barajar y dar de nuevo, corregir el rumbo e intentar por todos los medios “desmalvinizar” el encuentro y su potente carga.

Partían con una complicación. Milei es un confeso admirador de Margaret Tatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de las Malvinas, lo que lo puso contra las cuerdas y le cedió la iniciativa a la oposición que también rápida de reflejos, desempolvó e hizo circular en redes todas las laudatorias declaraciones del libertario hacia la “Dama de Hierro”, responsable de la muerte de uno de los episodios más trágicos y polémicos de la historia naval argentina, por haber ordenado hundir el buque General Belgrano en un ataque ocurrido fuera de la zona de exclusión de 200 millas náuticas declarada por el Reino Unido, provocando la muerte de 323 tripulantes.

Por otra parte, la albiceleste tiene adherida una fuerte identidad político futbolística y de reivindicación de las islas desde el tándem de goles de Maradona en el Estadio Azteca: la “mano de Dios” y el tanto considerado “el gol del siglo”.

En ese marco, una reunión de seguridad entre autoridades de FIFA, funcionarios argentinos y británicos, terminó con la prohibición de ingresar banderas o prendas con contenido político, incluidas las alusivas a Malvinas, una decisión que la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, dijo que el Gobierno argentino avaló, por tratarse de un partido catalogado como de “alto riesgo”.

Quizás no fue tan solo un aval. Según el portal trasandino El Cordillerano, “las autoridades de la FIFA, en conjunto con los gobiernos de ambos países, acordaron la medida”.

La bandera se coló de todos modos y fue desplegada tras el triunfo argentino por varios integrantes del equipo que ahora enfrentan posibles sanciones de la FIFA, pero además de desatar una lluvia de titulares a nivel global, también desató la furia del Gobierno y un tembladeral político.

Efectos colaterales: Ley de Tierras, The Guardian y Messi a contramano

Mientras la agenda estaba monopolizada por el fútbol, el Gobierno libertario fracasó este jueves en su tercer intento por modificar la Ley de Tierras Rurales, una norma que había sido sancionada en el año 2011 por el peronismo y que limita la venta de tierras a capitales extranjeros y resguarda la integridad territorial.

Las modificaciones que impulsa el Ejecutivo libertario eliminan las restricciones para que empresarios extranjeros puedan comprar tierras rurales sin límites, habilita desalojos exprés y desmantela las protecciones sobre las tierras arrasadas por el fuego.

La reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas realizada por los jugadores el día anterior a la sesión parlamentaria, interpreta el diario Página12, terminó de inclinar la balanza entre los senadores que dudaban si acompañar o no la iniciativa.

Lo concreto es que la ex ministra de Seguridad y actual jefa del bloque opositor en la Cámara Alta, Patricia Bullrich, debió pedir un cuarto intermedio en la sesión porque al gobierno le faltaban los votos para darle media sanción al proyecto. El próximo 6 de agosto, sin embargo, tendrá otra oportunidad.

En tanto, el gesto de los jugadores tuvo otro inesperado efecto. The Guardian, el diario británico más importante, tomó nota del reclamo y planteó la posibilidad de discutir la soberanía de las Islas.

"No pueden ser británicas para siempre", sostiene el medio en un artículo firmado por Simon Jenkins, que compara el tema Malvinas con la disputa con España por el Peñon de Gibraltar, por el que acaban de alcanzar un acuerdo para poner fin a los controles fronterizos.

"¿Será mucho esperar que una negociación similar surja producto de la semifinal?", plantea Jenkins.

"Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene el derecho eterno de permanecer como están, menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas en materia de defensa por año", continúa el columnista de The Guardian.

La editorial contradijo la postura del propio Milei que había salido horas antes a señalar que para solucionar el tema "no hay que caer en slogans berretas, populistas, nacionalistas, rancios".

Lionel Messi, en tanto, le dio otro golpe a la estrategia oficial al declarar que "la gente no llega a fin de mes", "no tiene trabajo" y "la pasa mal".

"Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente, sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar. Que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando", afirmó un Messi explosivo en una nota con el canal TyC Sports.

Las redes nuevamente explotaron y los libertarios no pudieron ocultar el golpe que les dio el astro.

Un día después de las declaraciones del capitán el vocero presidencial, Adrián Ravier, buscó desmentirlo en una entrevista con Infobae TV.

"No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes", dijo Ravier. "No dudo de que hay personas que atraviesan esa situación, pero decirlo de manera general da la sensación de que todos viven la misma realidad", explicó el pampeano.

La Política Online sostiene que el triunfo contra los ingleses marcó un quiebre para Milei, que primero salió dos veces a cuestionar a los jugadores por haber exhibido la bandera que proclamaba que las Malvinas son argentinas y después, en una pirueta fenomenal, declaró que se trata de “un sentimiento de todos los argentinos y es perfectamente válido que se quieran expresar”.

Entusiasmo si, apoyo no.

Un informe de la consultora Reputación Digital sobre la conversación digital concluyó que las victorias de la Scaloneta impulsan un fuerte aumento del entusiasmo colectivo, aunque eso no se traduce por ahora en una mejora de la percepción sobre el Gobierno ni se transforma en capital político.

El estudio demoscópico analizó 162 mil menciones públicas publicadas entre el 1 y el 8 de julio y contempló los triunfos de Argentina frente a Cabo Verde y Egipto, y monitoreó en paralelo las conversaciones sobre Lionel Messi, la Selección argentina, el plantel y la política nacional.

En síntesis, la consultora tituló su informe "clima sí, capital no" y subraya que el efecto mundialista no modifica sustantivamente la conversación política.

Los investigadores también observaron que, mientras el debate futbolero se trasladó del enojo a la euforia tras la clasificación a las eliminatorias, la discusión política continuó dominada por emociones negativas. El 67% de las menciones políticas estuvieron atravesadas por la ira o el rechazo, sin variaciones significativas respecto de los días previos.

El relevamiento señala que los intentos del presidente Milei, sus declaraciones y publicaciones en las que comparó la remontada de la Scaloneta con el rumbo de su gestión, no tuvieron los efectos esperados.

Cuando el fútbol y la política aparecieron mezclados en una misma conversación, el sentimiento registrado fue el más negativo de todo el análisis, con un índice neto de sentimiento de -72.

La consultora AdHoc, por su parte registró que los dichos de Milei acerca de que “no hay que caer en slogan berretas” y que Las Malvinas se recuperan “con diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos”, tuvo un rechazo de más dos tercios de los argentinos.

En las redes Milei perdió por goleada la disputa y el 66,7% de los encuestados rechazó la posición del libertario de no irritar a los ingleses reclamando la soberanía.

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