La gestión sostenible del agua ya es uno de los principales retos en un escenario marcado por la crisis climática, aumento de la sequía y una mayor presión sobre los recursos naturales. Este desafío golpea a múltiples sectores, incluido el deportivo, donde grandes eventos internacionales asumen un papel más activo en la búsqueda de soluciones.
En ese marco, el Mundial de Fútbol de 2026, que tendrá lugar en Estados Unidos, México y Canadá, se presenta como un ejemplo de cómo las competencias deportivas tendrán que adaptarse a los nuevos escenarios ambientales.
Según resalta la Alianza StepbyWater, buena parte de las sedes del torneo se encuentran en zonas con altos niveles de estrés hídrico, especialmente en el suroeste de Estados Unidos —con ciudades como Las Vegas, Phoenix o Los Ángeles— y en áreas del altiplano central mexicano, incluida Ciudad de México.
Esta situación está favoreciendo la incorporación de tecnologías destinadas a optimizar el uso del agua, entre ellas sistemas de riego inteligente, reutilización de aguas grises, captación de agua de lluvia y herramientas de monitorización en tiempo real del consumo.
Un modelo para cada territorio
En contraste con el Mundial de Catar 2022, donde las condiciones desérticas de los anfitriones exigieron una estrategia más centralizada para la gestión de los recursos hídricos, la edición de 2026 plantea otro enfoque.
Cada ciudad y cada estadio aplicarán medidas adaptadas a sus características climáticas y a la disponibilidad local de agua, manteniendo al mismo tiempo los estándares de sostenibilidad establecidos por la FIFA.
La complejidad aumenta ya que varias sedes se ubican en regiones donde los acuíferos soportan una fuerte presión y donde las altas temperaturas agravan los riesgos asociados a la escasez hídrica.
En estos entornos, mejorar la eficiencia en el uso del agua se convierte en un elemento clave para garantizar la viabilidad de las instalaciones deportivas y reducir su impacto ambiental.
Cada ciudad y cada estadio aplicarán medidas adaptadas a sus características climáticas y a la disponibilidad local de agua Cada ciudad y cada estadio aplicarán medidas adaptadas a sus características climáticas y a la disponibilidad local de agua
Qué dice la FIFA
La gestión hídrica para los estadios del Mundial 2026 se basa en dos pilares: la sostenibilidad operativa de las sedes y estrictas políticas de hidratación para los aficionados. Esto incluye el uso de sistemas optimizados de riego para el césped y la venta exclusiva de agua embotellada dentro de los recintos para mantener el control de seguridad.
En las 16 ciudades anfitrionas se exigen sistemas de riego inteligente que reducen drásticamente el consumo de agua, manteniendo las condiciones óptimas del terreno de juego. Además, la modernización de las instalaciones de los estadios busca minimizar el desperdicio en baños y áreas de servicio.
“Las ciudades anfitrionas no solo son socios clave para la organización del evento, sino que también representan nuestro legado. Gracias a ellas, la Copa Mundial tendrá un impacto positivo en las comunidades y contribuirá al logro de los objetivos medioambientales meses e incluso años después del torneo”, asegura Amy Hopfinger, Directora de Estrategia y Planificación de la FIFA.
La Copa Mundial tendrá un impacto positivo en las comunidades y contribuirá al logro de los objetivos medioambientales La Copa Mundial tendrá un impacto positivo en las comunidades y contribuirá al logro de los objetivos medioambientales
El ejemplo español del Betis
El Real Betis Balompié se sitúa como uno de los clubes europeos más activos en términos de sostenibilidad ambiental. La estrategia impulsada por la Fundación Forever Green ha permitido incorporar criterios de gestión responsable del agua en distintas actuaciones desarrolladas por la entidad.
Uno de los ejemplos más destacados es el proyecto de renovación del estadio Benito Villamarín, donde se prevé la implantación de sistemas de reutilización de agua, fuentes de agua osmotizada y dispositivos reductores de caudal en grifos para disminuir el consumo.
Lo anterior se suma a iniciativas como la optimización del riego del césped, la colaboración con entidades científicas especializadas y diversas campañas de sensibilización ambiental.
La celebración del Mundial 2026 da cuenta de cómo la gestión del agua se transforma en un punto clave en la organización de grandes eventos deportivos. Más allá de la competición, el torneo lucirá como vitrina de soluciones que pretenden mejorar la eficiencia hídrica y a reforzar la resiliencia frente a los efectos del cambio climático.