Las aguas grises —provenientes de duchas, lavamanos y lavadoras, distintas de las aguas negras que contienen residuos fecales— representan una oportunidad para reducir el consumo de agua potable en hogares, edificios, hoteles y oficinas. Tras ser tratadas, pueden emplearse en la descarga de inodoros, el riego de jardines o la limpieza de zonas comunes, usos que no requieren calidad potable.
En un país donde la escasez hídrica ejerce presión, esa reutilización ya no es una apuesta futura: es una práctica en marcha, respaldada por normativa vigente y por casos concretos que van desde la capital hasta el sur austral.
El marco legal que rige este ámbito en Chile es la Ley 21.075, promulgada en 2018, que regula la recolección, reutilización y disposición de aguas grises. La norma establece que el agua tratada puede destinarse a riego agrícola, ornamental y forestal, así como a la alimentación de estanques de inodoros. Su reglamento sanitario, el Decreto 40 del Ministerio de Salud, entró en plena vigencia en noviembre de 2024.
Tecnologías utilizadas para tratar aguas grises en Chile
Uno de los casos más destacados es el de Yaku Biofiltro, emprendimiento spin-off surgido del Departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Universidad Católica.
Fundado en 2017 por las doctoras Valentina Veloso y Camila Cárdenas, el sistema consiste en microorganismos encapsulados en un "saco" que se sumerge en un estanque de aguas grises: al entrar en contacto con el agua, los microorganismos remueven champú, detergente, jabón y materia orgánica, devolviendo agua purificada al sistema sin uso de químicos ni generación de residuos sólidos. El tratamiento tarda entre 12 y 24 horas.
A la fecha, Yaku cuenta con 96 biofiltros instalados en todo Chile y ha reutilizado más de 33 millones de litros de agua. Entre sus proyectos de mayor magnitud figura la alianza con el Mall Portal La Dehesa, donde un sistema de 10.000 litros recupera 300.000 litros mensuales de aguas grises provenientes de los baños del centro comercial para regar sus jardines, lo que representa un ahorro del 30% en el consumo mensual de agua del recinto.
"Nuestra idea inicial surgió del deseo de aprovechar el agua de la ducha", explicó Cárdenas en declaraciones a Corfo Conecta.
Humedales fitodepuradores
En paralelo, la solución denominada humedal fitodepurador avanza en la cuenca del Lago Llanquihue. La Municipalidad de Puerto Varas, en colaboración con la organización Humedales Chile, implementó una unidad piloto en el sector de calle Walker Martínez, sobre un estero urbano que descarga hacia la bahía comunal.
El sistema, de 16 metros cuadrados, trata un caudal constante de entre 0,4 y 0,6 litros por segundo mediante un humedal de flujo horizontal que combina grava, arena, biofilm y plantas macrófitas nativas —junquillos, totoras y cortaderas— para remover contaminantes antes de que el agua llegue al lago.
El alcalde Tomás Gárate señaló que el proyecto se integra al programa comunal "Lago Sin Huella", cuyo propósito es reducir los niveles de coliformes fecales en las playas del lago.
Por su parte, Manuel González, gerente de Humedales Chile, indicó que el piloto "nos va a servir de parámetros de diseño para poder evaluar y determinar la aplicabilidad de esta solución en otros lugares y a otra escala".
Otros sistemas de tratamiento
El espectro de tecnologías disponibles es más amplio. En Putaendo, la organización ACCIONA implementó un piloto en viviendas rurales que combina filtrado tradicional con un sistema de ozonificación para desinfectar el agua acumulada, distribuida luego para riego agrícola mediante bombeo fotovoltaico.
Asimismo, empresas de ingeniería como Assa Ingeniería y Kopur ofrecen equipos compactos y modulares —basados en tecnología de membranas o reactores biológicos con desinfección UV o cloro— destinados a entornos residenciales y comerciales.
Todos estos sistemas comparten un principio común: reducir la presión sobre las redes de agua potable al capturar y tratar una fracción del agua que los hogares y edificios ya generan.
La inversión inicial varía según la complejidad de la instalación, pero los ahorros pueden ser significativos en recintos de alto consumo como hoteles, comunidades de vecinos o centros deportivos.
El principal obstáculo sigue siendo la integración en inmuebles existentes, donde la ausencia de redes separadas y el desconocimiento técnico elevan los costos de adaptación.