El derecho al acceso y la equidad en el día mundial del agua
En el Día Mundial del Agua 2026 es importante recordar que el agua sustenta y articula todos los ecosistemas que dan vida al planeta y la regulación del clima, incluyendo también todos los sistemas productivos que ha creado el ser humano.
Su abundancia relativa en la atmósfera, en las grandes masas oceánicas y cascos polares contrasta con la aguda escasez de agua dulce y el acceso a agua potable que afecta a casi 2.200 millones de seres humanos; y a trillones de seres vivos que forman parte de la compleja red de la vida.
Hoy tenemos tecnologías para escudriñar el espacio en busca de vida y agua, pero en la Tierra tenemos deudas crecientes de acceso al agua: la más dolorosa y compleja de ellas es el acceso deficitario de millones de mujeres, cuidadoras de la vida, que deben atender múltiples tareas diarias para sostener sus hogares, cultivos y la red de cuidados de salud familiar y comunitaria, todo lo cual requiere agua en cantidad y calidad.
Ellas están en la primera línea de la producción de alimentos y del cuidado de las familias, pero son las más postergadas en la asignación de derechos de agua y en los procesos de decisiones en torno a su distribución y acceso.
La grave crisis del agua que enfrentamos tiene raíces socio-culturales, políticas y económicas profundamente arraigadas en sistemas que privilegian cada día más a quienes detentan el poder económico y movilizan sus inversiones para lograr extraer y producir riqueza concentrando el control de los derechos de agua, las decisiones sobre su uso, la tecnología y su distribución.
Peor aún, las leyes del agua diseñadas el siglo pasado no responden a las cambiantes condiciones climáticas y de cambio de uso del suelo de los territorios. Bajo el imperio de “leyes del mercado” y de quienes controlan los mercados, incluido el “mercado del agua”, crece la inequidad y las barreras de acceso al agua de las cuidadoras de la vida y los grupos más vulnerables de la comunidad. Además es deficitaria la protección legal del ciclo natural del agua con glaciares, acuíferos, áreas de infiltración y bosques.
Por ello no sorprende que carezcamos de una cultura del agua que privilegie primero el cuidado de la comunidad de vida y los seres de la Creación, de quienes depende nuestra subsistencia, como nos recordaba el Papa Francisco (Laudatus Si, 2015), y por tanto veamos el agua como “un recurso-mercancía” transable al mejor postor y no como la base misma de la vida.
Es imperativo para la sobrevivencia que construyamos una nueva cultura del agua que priorice la vida, la funcionalidad e integridad de los ecosistemas que nos acogen y que hacen posible el ciclo del agua en las cuencas. Desde la perspectiva social esto implica reconocer, proteger, potenciar y promover el rol de las mujeres cuidadoras del agua y la biodiversidad en nuestras comunidades en los distintos niveles de toma de decisiones.
Para enfrentar las persistentes brechas de adaptación en la gobernanza del agua necesitamos crear, promover y alimentar una comunidad de usuarios del agua cuya rica diversidad de valores en torno al agua sea la base que reúna e impulse la acción colectiva, en una amplia Red por el Agua, para asegurar un uso sustentable de este vital elemento.
Ante los desafíos de adaptación que nos plantea el cambio climático y un mundo incierto por sus crisis, hay un gran desafío que nos convoca a superar las inequidades existentes. Naciones Unidas nos invita a incluir más y mejor a la mujer para lograr que hagan posible que, con equidad, “donde fluye el agua, crezca la igualdad” y florezcan comunidades saludables.