Las intensas lluvias registradas durante este invierno han vuelto a poner en evidencia un fenómeno que la comunidad científica viene alertando desde hace años: la naturaleza constituye una de las principales barreras frente a los eventos climáticos extremos.
Bosques nativos, humedales, playas, dunas y suelos sanos cumplen funciones esenciales para absorber agua, disminuir inundaciones, frenar marejadas y mantener reservas hídricas durante los períodos secos.
Sin embargo, diversos estudios y especialistas coinciden en que Chile ha degradado parte importante de estos ecosistemas, aumentando la vulnerabilidad de ciudades y comunidades frente a lluvias intensas, temporales y marejadas, un escenario que se proyecta más frecuente producto del cambio climático.
Bosques, humedales y playas: la infraestructura natural que protege a Chile
Mientras miles de personas han debido enfrentar inundaciones, anegamientos y marejadas durante los recientes sistemas frontales, investigadores recuerdan que los ecosistemas naturales funcionan como infraestructura verde, capaz de reducir significativamente los impactos de estos eventos extremos.
Los humedales almacenan grandes volúmenes de agua durante las lluvias, disminuyen la velocidad de las escorrentías, filtran sedimentos y liberan el recurso gradualmente, reduciendo el riesgo de inundaciones y favoreciendo la recarga de acuíferos. Los bosques nativos, por su parte, estabilizan los suelos mediante sus raíces, disminuyen la erosión y facilitan la infiltración del agua hacia las napas subterráneas.
En las zonas costeras, playas, dunas, humedales costeros y bosques de algas también cumplen un papel estratégico al disipar la energía del oleaje y de las marejadas, protegiendo la infraestructura y a las comunidades costeras. Sin embargo, la presión inmobiliaria, la urbanización y diversas intervenciones humanas han acelerado su deterioro.
Crisis climática: menos lluvia anual, pero eventos mucho más intensos
El escenario climático del país también está cambiando. El académico Daniel Rozas Vásquez, de la Facultad de Recursos Naturales de la Universidad Católica de Temuco e investigador del Laboratorio de Planificación Territorial, advierte que una disminución de las precipitaciones anuales no implica necesariamente menos inundaciones.
Según explica, el cambio climático favorece períodos prolongados de sequía alternados con lluvias extremadamente intensas concentradas en pocos días, condición que incrementa el riesgo de desbordes, erosión y daños a la infraestructura.
Además, recuerda que, de acuerdo con los registros de la Dirección Meteorológica de Chile, el país acumula 19 años consecutivos con precipitaciones bajo el promedio climatológico 1961-1990, mientras el aumento sostenido de las temperaturas modifica la forma en que cae el agua y la capacidad del territorio para almacenarla.
La naturaleza también entrega soluciones
Rozas sostiene que la adaptación no depende únicamente de grandes obras de ingeniería. Entre las medidas más efectivas menciona la restauración de humedales, parques inundables, jardines de lluvia, superficies permeables y la protección de cuencas y bosques nativos, soluciones basadas en la naturaleza que complementan la infraestructura tradicional.
Los bosques nativos ayudan a enfrentar lluvias e incendios forestales
La conservación del bosque nativo constituye una estrategia de adaptación climática, ya que estos ecosistemas regulan el ciclo del agua, protegen los suelos y permiten que los paisajes sean más resilientes frente a eventos extremos.
Durante las precipitaciones, la cobertura vegetal disminuye el impacto directo del agua sobre el suelo y las raíces ayudan a mantener su estabilidad, reduciendo la erosión. Al mismo tiempo, los suelos saludables almacenan más agua, recurso que posteriormente queda disponible durante los meses de mayor sequía.
El gerente de operaciones de Genau Green, Camilo González, sostiene que proteger estos ecosistemas permite conservar agua, capturar carbono, proteger la biodiversidad y fortalecer la recuperación natural de los territorios frente a eventos extremos.
“La conservación del bosque nativo no es solo una acción ambiental, es una estrategia de adaptación climática. Cada hectárea protegida representa una oportunidad para conservar agua, capturar carbono, proteger la biodiversidad y mantener la capacidad natural de los territorios para recuperarse frente a eventos extremos”. “La conservación del bosque nativo no es solo una acción ambiental, es una estrategia de adaptación climática. Cada hectárea protegida representa una oportunidad para conservar agua, capturar carbono, proteger la biodiversidad y mantener la capacidad natural de los territorios para recuperarse frente a eventos extremos”.