martes 16 de junio de 2026
Protección costera

Carbono azul: bosques marinos capturan CO2 hasta cuatro veces más rápido que los terrestres

Los bosques marinos capturan carbono y lo entierran en sedimentos por milenios. Chile es un actor clave para el mercado global de bonos de carbono azul.

16 de junio de 2026 - 21:00

Mientras el debate climático global mira los bosques tropicales, una solución de mayor eficiencia descansa en el océano. El carbono azul —el dióxido de carbono capturado y almacenado por manglares, marismas salinas y praderas de pastos marinos— absorbe CO2 hasta cuatro veces más rápido que los bosques terrestres y lo entierra en sedimentos durante cientos o miles de años.

Chile, con una de las costas más extensas del mundo, emerge como uno de los territorios más prometedores para desarrollar esta forma de mitigación climática.

A diferencia del llamado carbono verde —el almacenado por la vegetación terrestre—, el carbono azul queda atrapado en sedimentos anóxicos, es decir, sin oxígeno, lo que impide su liberación.

Los bosques terrestres, en cambio, pueden devolver ese carbono a la atmósfera cuando se incendian o se descomponen. Esta permanencia convierte al carbono azul en un activo climático de mayor valor: en los mercados voluntarios internacionales cotiza con un precio por tonelada sistemáticamente superior al de sus equivalentes terrestres, precisamente por esa capacidad de retención a largo plazo y por los beneficios adicionales que genera, como la protección costera ante marejadas y el fomento de la biodiversidad marina.

¿Qué tiene Chile que otros países no tienen?

La Corriente de Humboldt convierte las aguas frías del Pacífico sur en uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta.

El país cuenta con más de 5.600 km² de macroalgas —principalmente huiro — a lo largo de su litoral, además de extensos humedales costeros y los canales y fiordos de la Patagonia, que albergan bosques submarinos en buen estado de conservación.

Organismos como la Fundación Chile ya impulsan proyectos pioneros para desarrollar metodologías que permitan generar bonos de carbono azul a partir del cultivo y restauración de estas algas.

El Proyecto GEF Humedales, ejecutado en territorio chileno, ha documentado que los humedales costeros resguardan enormes reservas de carbono orgánico en sus sedimentos, lo que refuerza el argumento científico para incluirlos en las políticas climáticas nacionales y en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) que Chile presenta ante los organismos internacionales.

Bonos de carbono azul

Un bono de carbono azul es un certificado financiero que representa la captura de una tonelada de CO2 mediante la restauración o protección de un ecosistema marino. Empresas de todo el mundo los adquieren para compensar sus emisiones inevitables, lo que genera ingresos directos para las comunidades costeras y financia la conservación.

El proceso tiene etapas definidas: primero se identifica un sitio degradado o en riesgo; luego, científicos calculan cuánto CO2 absorbe mediante muestras de suelo y biomasa. A continuación, entidades internacionales como Verra o Gold Standard certifican la captura real, y cada tonelada mitigada se convierte en un bono transable en el mercado global.

Sin embargo, el mercado enfrenta obstáculos reales. Medir el carbono en algas flotantes o en corrientes abiertas permanece bajo debate científico. La propiedad del carbono en zonas marítimas de dominio público exige una regulación estatal que aún no existe con claridad en Chile. A eso se suma la volatilidad de los precios en los mercados voluntarios, que fluctúan según la demanda de las grandes corporaciones.

Un recurso aún sin legislación

A pesar de su potencial, Chile carece de un marco normativo específico para el carbono azul. Los proyectos que avanzan lo hacen bajo esquemas de certificación internacional, sin respaldo legal doméstico que garantice la permanencia de las concesiones marítimas ni la titularidad del carbono capturado.

En ese escenario, el país tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de establecer reglas claras antes de que el mercado crezca sin orden. Los ecosistemas ya están haciendo su parte; la institucionalidad todavía no.

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