En los bosques nativos de los Andes centrales, un grupo de biólogos e investigadores está midiendo el impacto de la pequeña ganadería trashumante en la vegetación. Sostienen que en algunos casos, cuando las vacas pastan siempre en los mismos lugares, aprenden a alimentarse sin afectar la regeneración del bosque esclerófilo o incluso potenciándola.
Este último punto ha sido motivo de polémica con otros científicos, que declaran que la ganadería es totalmente incompatible con la conservación y regeneración del bosque nativo, y que la recuperación de los bosques en zonas con ganadería se podría relacionar con factores no identificados.
Es el caso del investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Carlos Zamorano, que ha documentado por años el daño a la naturaleza que genera la ganadería de pequeña y mediana escala para subsistencia en el sur de Chile, en que las vacas se alimentan en el bosque nativo.
Más allá de las discrepancias, un punto en que coinciden los investigadores es en la necesidad de trabajar para mejorar las prácticas de la ganadería y reducir el impacto de las vacas en el bosque nativo, considerando que se trata de una actividad extendida en el país.
Vacas en los bosques nativos del sur
Zamorano ha documentado degradación generada por el ganado en bosques nativos de araucaria en la cordillera de Nahuelbuta, bosque siempreverde de la selva valdiviana y bosques de lenga y ñirre en Aysén.
Según el investigador, las vacas al comerse los brotes del bosque nativo y compactar el suelo con su tránsito, transforman la dinámica del bosque. Las llamadas “especies tardías” no logran establecerse y el paisaje es colonizado por plantas de estratos más bajos como especies forrajeras o de pradera, muchas veces exóticas.
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Explica que, en los bosques del sur, la ganadería viene siempre asociada a otra actividad de subsistencia que genera daños, que es la tala de bosque para cosechar madera, porque al ganado no le gusta circular en bosque muy denso. Así, se acumulan actividades que profundizan la degradación de los bosques.
El enfoque de Zamorano es no promover e incluso reducir la actividad ganadera en el bosque nativo, pero también identificar los daños y buscar prácticas que los productores y ganaderos puedan adoptar para reducir esos impactos. Su trabajo se basa en monitoreo de más de 500 predios y experimentos para probar el impacto de distintas intensidades de tala y ganadería.
Ganadería en el bosque esclerófilo
Desde la organización Kintú, dedicada a la restauración ecológica en el bosque esclerófilo, están trabajando con pequeños ganaderos trashumantes de la cordillera central para identificar prácticas que reduzcan el impacto negativo que puede tener esta actividad en los bosques, o incluso que potencien la regeneración de éste.
Explican, por ejemplo, que las vacas de grupos o rebaños que han pastado por décadas en los mismos bosques, han adquirido el conocimiento para no dañarlos al comer. Estas son llamadas por los ganaderos como “vacas criollas” y declaran que no es necesario siquiera guiarlas porque conocen el entorno.
Desde la organización están trabajando con más ganaderos de otras partes de la zona central de Chile para identificar otras prácticas que mejoren la relación de esta actividad con la naturaleza. También esperan que estos conocimientos sean adoptados por políticas públicas y programas de gobierno que hoy en día promueven otras prácticas ganaderas que incluso podrían afectar más al bosque.
Según el enfoque de Kintú, los programas de conservación y restauración ecológica no funcionan si no integran a las comunidades que habitan esos espacios y las convierten en aliadas de la causa. Además destacan el profundo conocimiento que tienen los ganaderos y arrieros del ecosistema y sus fluctuaciones a lo largo de los años, como un acervo que puede ser valioso para la ciencia.