Mientras cientos de personas a lo largo de la zona central y sur del país están viviendo episodios de inundación por marejadas extremas o lluvias copiosas, Chile sigue perdiendo ecosistemas como humedales, bosques y playas que ayudan a mitigar estos eventos extremos, cada vez más frecuentes e intensos debido a la crisis climática.
Pérdida de playas
Marejadas extremas han causado estragos en costas altamente urbanizadas del centro y sur del país, en algunos casos combinándose con otros efectos como meteotsunamis, como ocurrió en Penco y Arauco en la región de Biobío.
Ante condiciones meteorológicas adversas, uno de los ecosistemas que actúan como primera línea para proteger a comunidades costeras de las marejadas, son las playas. Sin embargo, según estudios del Observatorio de la Costa de la Universidad Católica, 86% de las playas del país están desapareciendo poco a poco y cada vez más rápido.
86% de las playas del país están desapareciendo por procesos erosivos.
El estudio analizó 67 playas entre Arica y Chiloé, y determino que 65% de ellas están sufriendo un nivel de erosión intermedio, retrocediendo entre 0,2 y 1,5 metros por año, mientras que otro 21% está experimentando una alta erosión, retrocediendo más de 1,5 metros cada año.
La erosión de las playas también está relacionada con la intervención de ríos y esteros que desembocan al mar, y de humedales costeros que se forman en estas desembocaduras, así como de dunas. Esta transformación del territorio por la presión inmobiliaria dificulta que las playas recuperen sus sedimentos.
Humedales y bosques
Según un estudio de la Universidad Católica publicado en 2019, el país ha perdido un 62% de sus humedales costeros, que también mitigan la energía de las marejadas y absorben agua reduciendo el riesgo de inundaciones.
Chile perdió 62% de sus humedales costeros.
Bajo el agua, hay otro ecosistema que también reduce la fuerza de las marejadas y que ha sido fuertemente intervenido incluso de manera ilegal: los bosques de algas. Las macroalgas que forman estos bosques, que son hogar para cientos de especies marinas, son extraídas para su exportación ya que tienen usos industriales diversos.
En tierra, los suelos y los bosques también ayudan a absorber el agua que cae, filtrarla y rellenar los acuíferos para tiempos de sequía. Pero según estudios publicados por el investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), Ignacio Núñez Hidalgo, el país ha perdido casi 3 mil millones de toneladas de suelo en 20 años, siendo las regiones de Maule, Biobió y La Araucanía las más afectadas por procesos de erosión.
El país perdió 3 millones de toneladas de suelo y 450 mil hectáreas de bosque nativo en 20 años.
Por su parte, Chile ha perdido 450 mil hectáreas de bosque nativo entre 2001 y 2019. 38% de ellas han sido reemplazadas por plantaciones de pino y eucalipto, que con sus ciclos productivos aumentan la erosión del suelo y propician la propagación de incendios forestales que a su turno también degradan los suelos.
¿Qué se puede hacer?
Con el avance de la crisis climática y también de la presión sobre los ecosistemas que ayudan a combatir sus consecuencias, el diagnóstico puede parecer mayoritariamente adverso. Pero en el país también ha crecido la conciencia y la evidencia sobre los servicios ecosistémicos que nos entrega la naturaleza, incorporando estos conceptos incluso en políticas públicas.
Además, en diversos estudios se ha identificado la restauración de ecosistemas degradados como una alternativa más económica, rápida y beneficiosa para combatir los efectos del clima extremo, en comparación con las costosas obras de infraestructura preventiva que se suelen utilizar para reducir el riesgo de desastres.