En el Maule, la región que concentra buena parte de la agroindustria exportadora de Chile, una nueva planta busca resolver un problema que crece cada temporada: qué hacer con las miles de toneladas de residuos orgánicos que dejan la producción de vino, aceite de oliva, pulpas de manzana y salsas de tomate.
La empresa Trongkai instaló hace tres semanas una planta piloto al sur de Parral, bajo el proyecto AgroSphere, con el objetivo de convertir esos desechos en alimento para animales antes de que se conviertan en un pasivo ambiental.
"El destino de esos residuos hoy no es muy valorado, no es muy importante. Algunos destinos son un poco informales, otros son de muy poco valor", explica Jaime Echeverría, gerente general de Trongkai, sobre el origen de la iniciativa.
El segundo es la incorporación de José Cuevas Valenzuela, doctor en ciencias con experiencia previa en Notco, como socio a cargo del desarrollo tecnológico. El tercero es la oportunidad detectada en el Maule, "el corazón del negocio agroindustrial", donde operan grandes plantas exportadoras de vino, aceite de oliva, cubos y pulpas de manzana, además de salsas y purés de tomate.
Todas esas industrias generan orujo de uva, alperujo de oliva, pomasa de manzana y residuos de tomate en volúmenes que, sumados, alcanzan cifras que hoy carecen de un destino formal. De ahí nació la decisión de construir una biorrefinería capaz de procesar distintos insumos según la temporada.
¿Qué distingue a esta planta de otras experiencias en el mundo?
A diferencia de las plantas especializadas que existen en otros países —dedicadas a un solo insumo y que operan uno o dos meses al año—, Trongkai diseñó una biorrefinería que trabajará con tomate entre enero y marzo, orujo de uva entre marzo y abril, y alperujo y pomasa de manzana entre abril y agosto.
Esa combinación permitiría mantener la operación activa entre ocho y diez meses al año, algo que, según Echeverría, "no existe una planta así en el mundo" y que constituye el principal aporte de innovación del proyecto.
Para probar la tecnología antes de la inversión definitiva, la compañía puso en marcha una planta piloto que incorpora pulsos de campo eléctrico (PEF), tecnología que abre las membranas celulares de los residuos y permite deshidratarlos de forma más eficiente. El propósito es evitar que el material fermente antes de ser procesado, dado que llega con un alto contenido de agua.
¿Qué productos saldrán del proceso?
En una primera etapa, que Echeverría estima entre tres y cinco años, la planta producirá harinas de tomaza, pomaza, orujo de oliva y orujo de uva destinadas a alimentación animal, principalmente mascotas, ganado bovino, cerdos, aves y equinos. Según las proyecciones de la compañía, la planta definitiva —cuyo montaje está previsto para el primer semestre de 2025— procesaría alrededor de 15 mil toneladas de materia prima al año, de las cuales se obtendrían entre 4.000 y 4.500 toneladas de producto final.
Además, la ubicación de la planta, contigua a una instalación que ya opera con cascarilla de arroz y genera energía eléctrica mediante combustión, permitirá aprovechar el calor residual de ese proceso para el secado de los residuos agroindustriales, sin recurrir a hornos a gas o biomasa. Esa sinergia, sostiene Echeverría, hace de la operación "100% verde y circular".
La importancia de disminuir los residuos
Para César Mattar, director del Magíster en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Universidad Mayor, el principal daño de los residuos orgánicos no gestionados se produce cuando terminan en rellenos sanitarios. "El principal problema es que aumenta el volumen de la generación de estos residuos en los rellenos sanitarios o en los vertederos, y ahí ponemos en riesgo la vida de estos rellenos", advierte.
El principal problema es que aumenta el volumen de la generación de estos residuos en los rellenos sanitarios El principal problema es que aumenta el volumen de la generación de estos residuos en los rellenos sanitarios
Esa acumulación no solo acorta la vida útil de la infraestructura, sino que anticipa la necesidad de instalar nuevos rellenos, un proceso que suele derivar en conflictos socioambientales, ya que "nadie quiere en su comunidad que se instale un relleno sanitario".
Por otra parte, en el caso específico de los residuos agroindustriales, Mattar destaca el valor de darles un segundo uso mediante piensos o jugos, evitando que se degraden y liberen metano. "Las empresas buscan reducir al máximo este tipo de residuos que pueden obtener algún beneficio económico posterior con otro tipo de tratamiento", explica el académico, quien enmarca esta práctica dentro de la economía circular, aunque advierte que todo nuevo uso de materiales reciclados debe evaluar los riesgos asociados a su composición.
Nadie quiere en su comunidad que se instale un relleno sanitario Nadie quiere en su comunidad que se instale un relleno sanitario
¿Qué gana el planeta con este tipo de reciclaje?
Mattar sitúa el beneficio ambiental en la eficiencia: "Le vamos a estar dando un segundo uso, incluso un tercer uso, a productos que fueron extraídos como recurso natural del planeta. Entonces, lo que estamos haciendo es disminuyendo la intensidad del uso de estos recursos naturales que el planeta nos da".
El académico vincula esta lógica con la creciente demanda de recursos que impone una población mundial que ya supera los 8.100 millones de habitantes y que continuará creciendo, lo que —afirma— obliga a optimizar cada insumo disponible.
En ese sentido, iniciativas similares operan en otros países bajo modelos de compostaje, digestión anaeróbica y bioconversión, como las desarrolladas por Reworld en Estados Unidos o Compost Systems en Austria. En Chile, plantas como Armony y Verdecorp ya procesan residuos agroindustriales para convertirlos en enmiendas agrícolas, aunque orientadas al compostaje más que a la producción de harinas para alimentación animal.
Finalmente, Echeverría plantea que el modelo de Trongkai podría replicarse en otras zonas del país, con ajustes según la disponibilidad de residuos y la logística de cada región. "Este tiene más alcance y nos puede convertir en una potencia alimentaria que cumple estándares de circularidad altísimos", afirma el gerente general, quien proyecta entre dos y tres biorrefinerías adicionales en el Maule y otras en regiones más al sur, como la Novena y la Sexta.