sábado 18 de julio de 2026
Entrevista

Paula Baldwin: "Traducir es una de las formas más profundas de leer a Shakespeare"

La académica e investigadora, coautora de la presentación de Tres comedias, reflexiona sobre el rescate del legado del traductor chileno Juan Cariola Larraín, la vigencia de las heroínas shakesperianas y los desafíos de desarrollar estudios sobre Shakespeare desde Chile.

18 de julio de 2026 - 09:42

Paula Baldwin Lind es académica, investigadora y una de las principales especialistas chilenas en la obra de William Shakespeare. Junto a Braulio Fernández Biggs ha dedicado años al estudio, la enseñanza y la traducción del dramaturgo inglés, desarrollando una reconocida trayectoria en el ámbito de los estudios shakespearianos. En esta oportunidad participa en la nueva edición de Tres comedias, publicada por Editorial Universitaria, escribiendo la presentación del volumen, donde reconstruyen la biografía del traductor chileno Juan Cariola Larraín y ofrecen una reflexión sobre la comedia en la obra de Shakespeare.

Esta edición reúne El mercader de Venecia, Sueño de una noche de verano y Como gustéis, tres de las comedias más reconocidas del autor inglés. Publicadas originalmente por Editorial Universitaria en 1982, estas traducciones fueron reeditadas junto al Fondo Nacional del Libro y la Lectura por constituir un valioso patrimonio cultural y pedagógico. Además de su calidad literaria, la publicación vuelve a poner en circulación el trabajo de Juan Cariola Larraín, considerado el traductor chileno que más obras teatrales de Shakespeare vertió al español.

—En la presentación del libro ustedes reconstruyen la biografía de Juan Cariola Larraín. ¿Cómo llegó a tus manos el trabajo de este traductor chileno y en qué momento supieron, junto a Braulio, que estas traducciones merecían ser rescatadas y publicadas en un volumen?

Cuando comenzamos a traducir a Shakespeare, hacia 2010, hicimos un catastro de las obras traducidas en Chile o por traductores chilenos. Fue entonces cuando descubrimos a Juan Cariola Larraín, quien resultó ser el traductor chileno que más piezas teatrales de Shakespeare había vertido al español, con un total de seis obras.

A partir de ese hallazgo investigamos su trayectoria, contacté a su familia y pude conocer de cerca su vida, su labor como docente y su compromiso con la traducción. Fue un verdadero descubrimiento rescatar la figura de un traductor tan relevante.

—¿Cómo fue el proceso de coautoría con Braulio Fernández Biggs para dar forma a la presentación y la investigación biográfica? ¿De qué manera se complementaron sus visiones académicas en este proyecto?

Llevamos muchos años estudiando, traduciendo y enseñando a Shakespeare, por lo que hemos desarrollado una metodología de trabajo conjunto que ha resultado muy productiva. Compartimos una base de conocimientos, pero también miradas complementarias que enriquecen cada proyecto. Generalmente acordamos los objetivos y enfoques de la investigación, distribuimos los contenidos según nuestras áreas de interés y luego trabajamos en conjunto para integrar, revisar y dar coherencia al texto final.

En esta publicación, esa dinámica fue fundamental, ya que la presentación no sólo contextualiza la figura de Juan Cariola Larraín y sus traducciones, sino que también ofrece una mirada sobre la comedia en la obra de Shakespeare.

—En Sueño de una noche de verano, Hermia se rebela contra la imposición de casarse con quien no ama, prefiriendo incluso el exilio en el bosque. ¿Crees que estas comedias, bajo su capa de humor y magia, eran en realidad textos profundamente subversivos respecto al rol de la mujer en la época isabelina?

Se podría decir que sí, aunque no necesariamente en el sentido actual de la palabra “subversivo”. En muchas de sus comedias, Shakespeare sitúa a personajes femeninos en el centro de la acción y les otorga un rol decisivo. En Sueño de una noche de verano, por ejemplo, Hermia desafía una institución matrimonial donde predominaban los intereses familiares y patrimoniales por sobre el amor. Al negarse a casarse con quien no ama y decidir huir, reivindica su derecho a elegir y cuestiona las normas de su tiempo.

Sin embargo, es importante entender el contexto histórico. En la Inglaterra de la Modernidad temprana, las mujeres dependían jurídica y económicamente de los hombres, y el matrimonio era una forma de asegurar estabilidad y posición social.

Además, en la comedia isabelina los conflictos suelen girar en torno al amor y los matrimonios, por lo que las protagonistas femeninas ocupan un lugar central. Más que hacer una crítica política en el sentido moderno, Shakespeare explora el conflicto entre el deseo individual y las convenciones sociales, otorgando a sus personajes una complejidad que sigue siendo vigente.

—Las mujeres de estas tres comedias pagan precios altos por su libertad: el destierro, el engaño o incluso el riesgo físico. ¿Qué lectura haces de esa resiliencia femenina frente a la adversidad, un tema que lamentablemente sigue resonando en la experiencia de muchas mujeres actuales?

Porcia, Hermia y Rosalinda son protagonistas extraordinariamente inteligentes, ingeniosas y valientes. Cada una enfrenta importantes obstáculos y está dispuesta a asumir riesgos para defender sus convicciones y elegir su propio destino, cuestionando así las ideas predominantes de su época sobre el rol de las mujeres. Sin embargo, más que centrarse únicamente en la resiliencia femenina, Shakespeare invita a reflexionar sobre la condición humana, mostrando personajes que enfrentan desafíos con inteligencia, coraje, perseverancia e imaginación.

Quizás por eso estas comedias siguen resonando en los lectores contemporáneos. Aunque cambien las circunstancias históricas, los seres humanos seguimos enfrentando dilemas universales como el amor, la libertad, la búsqueda de la felicidad, el miedo o la necesidad de tomar decisiones difíciles. La vigencia de Shakespeare radica precisamente en haber creado personajes que, más allá de su época, continúan reflejando nuestras fortalezas, debilidades, aspiraciones y contradicciones.

—¿Cómo ha sido tu experiencia personal para posicionarte como una experta en Shakespeare en Chile? ¿Sentiste en algún momento que debías demostrar el doble de rigor dentro de este campo?

Pienso que todo trabajo académico debe sustentarse en el rigor. Eso exige estudio sistemático, muchas horas de lectura, investigación y trabajo en bibliotecas y archivos. En el caso de Shakespeare, no basta con conocer al autor y sus obras, también es necesario comprender el contexto cultural de la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, las condiciones de representación teatral, el lenguaje de la época y las convenciones dramáticas que dieron forma a sus textos. En ese sentido, siempre he sostenido que traducir es una de las formas más profundas de lectura, porque obliga a examinar con detalle cada palabra, cada imagen, cada referencia cultural y cada decisión estilística.

Desarrollar una trayectoria en estudios shakespearianos desde Chile implica mantenerse en diálogo con la investigación internacional, participar en redes académicas, asistir a congresos y publicar en revistas especializadas. Más que demostrar el doble de rigor, siempre he sentido la responsabilidad de realizar un trabajo serio, consistente y capaz de aportar nuevas perspectivas desde América Latina. Los proyectos de investigación, las traducciones, las publicaciones y la docencia han sido parte de ese esfuerzo, impulsado por una misma motivación: la pasión por la literatura, por Shakespeare y por la enseñanza.

—Hoy muchas mujeres jóvenes dudan en seguir carreras en humanidades o investigación académica por temor a la precarización o a la falta de espacios. ¿Qué les dirías a aquellas que sienten pasión por las letras y los clásicos, pero aún no se atreven a dar el paso?

Les diría que se atrevan. Que no se comparen constantemente con los demás y que aprendan a valorar sus propias capacidades, talentos y logros. Si sienten una verdadera pasión por las letras y la investigación, vale la pena recorrer ese camino con seriedad, compromiso y perseverancia. La excelencia profesional sigue siendo fundamental: estudiar, formarse continuamente y buscar siempre hacer aportes significativos permite construir una trayectoria sólida.

Al mismo tiempo, es importante ser realistas. La vocación no está reñida con la planificación, por lo que también hay que considerar las condiciones laborales y económicas. Sin embargo, el sustento no debería ser el único criterio para decidir un proyecto de vida. Mi experiencia me ha enseñado que, cuando existe una verdadera vocación acompañada de trabajo constante y una mirada realista sobre las oportunidades y dificultades, es posible construir una carrera profundamente gratificante. Las humanidades siguen necesitando nuevas voces y nuevas miradas, y las jóvenes investigadoras tienen mucho que aportar.

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