miércoles 08 de julio de 2026

Pablo Sarricolea: "Estamos entre la megasequía y el riesgo de lluvias muy concentradas"

El académico de la Universidad de Chile y e investigador del CR2 advirtió sobre un posible verano con olas de calor intensas, riesgos de marea roja y la necesidad de implementar cuanto antes los planes regionales y comunales de cambio climático.

8 de julio de 2026 - 19:40

Chile atraviesa un año que se cuenta entre los cinco más secos de su historia, mientras se anticipa la llegada de un fenómeno de El Niño de intensidad fuerte, denominado por algunos medios como "Godzilla". En entrevista con El Desconcierto, el geógrafo y climatólogo Pablo Sarricolea, académico de la Universidad de Chile e investigador adjunto del Centro de Ciencia del Clima y la Resilencia (CR2). "Estamos en condiciones que nos hacen pensar en un verano con olas de calor intensas para nuestro país", afirmó el experto.

Un fenómeno de intensidad fuerte

-¿Qué es El Niño y en qué categoría se ubica el que se aproxima?

El Niño es una anomalía de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial, que implica un aumento sobre lo normal. Esa diferencia puede ser de medio grado cuando hablamos de un Niño débil, de un grado cuando es moderado, y de más de dos grados cuando es fuerte. El que se nos viene estaría dentro de la categoría de Niño fuerte, o "súper Niño", como lo han denominado algunos medios de comunicación.

Además, la temperatura del mar trasciende a lo que pasa en la atmósfera y los centros de presión también se modifican. En términos simples, el anticiclón del Pacífico -que nos protege de las lluvias durante el verano-, se debilita y da paso a los sistemas frontales. Esa protección se reduce y ahí se prevé más lluvia.

Un año seco pese al pronóstico

-Sin embargo, lo que va del año ha sido bastante seco. ¿Hay un contraste con lo que se proyecta?

Los centros meteorológicos mundiales indican que el segundo semestre debiese ser más lluvioso, pero partimos de un año que está entre los cinco más secos de la historia, y eso es muy preocupante. Si llueve más de lo normal, podríamos llegar a unos 400 milímetros en Santiago. Si llueve lo normal, tendríamos menos de 150 milímetros. Un año normal está en torno a los 280 milímetros, así que estamos lejos de esa meta.

-¿Qué consecuencias prevé para lo que resta del invierno y el inicio de la primavera?

Lo que más nos preocupa es que las lluvias se concentren en primavera, entre septiembre y noviembre, y que eso afecte la actividad agrícola. La fruta se vería muy perjudicada porque esa época coincide con la floración y la maduración. Lo normal es que llueva en junio, julio y agosto, y que baje lentamente después. Este año, en cambio, los meses de primavera podrían estar sobre lo normal.

Riesgos para agricultura, pesca y olas de calor

-¿Qué recomendaciones haría a los sectores más expuestos, como la agricultura y la pesca?

Los agricultores deben estar atentos a las precipitaciones de primavera. En pesca, hay que reforzar el monitoreo de las floraciones algales nocivas, porque podríamos tener situaciones de marea roja. Y para el verano, las olas de calor debiesen ser más frecuentes e intensas en 2026.

-¿Este Niño fuerte podría entonces derivar en olas de calor más intensas?

Así es, y ya lo estamos viendo en Europa. Nunca en junio habíamos tenido más de 40 grados en París o en Alemania, donde se derritió parte del asfalto de los caminos. Hay personas fallecidas por golpes de calor. La ola de calor de 2003 fue muy mortífera, y la de 2022 —sobre la que escribimos porque no tenía precedentes— ya fue superada este año 2026. Estamos en condiciones que nos hacen pensar en un verano con olas de calor intensas para nuestro país. Ahí hay un riesgo importante y un llamado de atención.

El desacople con el cambio climático

-¿Existe una correlación clara entre los años de El Niño y las precipitaciones, o esta relación se ha ido modificando?

Hasta hace 10 o 15 años esa correlación funcionaba bastante bien. En los últimos años se ha ido desacoplando: en 1997, 1984 y 1982 los años de El Niño fueron muy lluviosos, pero ahora hemos visto que estos años ya no traen las mismas precipitaciones. Es posible que la megasequía que vivimos desde 2010 sea una condición más estructural, y que el fenómeno de El Niño, que se presenta cada dos a siete años, ya no sea suficiente para revertirla.

-¿Hay otros factores que también estén incidiendo en este comportamiento más errático?

Sí, porque El Niño no es el único modo de variabilidad. Durante junio tuvimos un mes seco, y eso también se relaciona con la oscilación antártica, un fenómeno que se localiza entre el Polo Sur y Puerto Montt. Ese bipolar de presión hace que llueva más al sur o más al norte, y en este caso estaba lloviendo más al sur.

Políticas públicas y prevención de inundaciones

-¿Qué considera que está pendiente a nivel de Estado para enfrentar estos efectos?

Lo que hay que implementar, a partir de la ley de cambio climático, son los planes regionales, sectoriales y comunales de cambio climático. Cada uno contempla medidas como el cuidado de los humedales urbanos, mejor infraestructura verde y refugios climáticos que nos protejan del calor. Esos planes existen, pero se requiere que se materialicen, que no sean objetados por la Contraloría y que cuenten con financiamiento.

-Además de la planificación, ¿qué medidas concretas se podrían tomar frente a episodios de viento e inundaciones?

Hace un par de años tuvimos cortes de energía eléctrica por el viento en julio, y hace una semana hubo problemas de abastecimiento en la Araucanía, con más de 100.000 hogares sin luz por un sistema de viento. Hay que podar árboles y avanzar en soterrar el cableado eléctrico.

El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) tiene más de 2.000 puntos identificados en Santiago como zonas complejas para el invierno, muchos de ellos vinculados a anegamientos y desbordes. En esos lugares hay que limpiar los sistemas de alcantarillado y reducir las posibilidades de inundación, como ocurre en sectores de Quilicura, Pudahuel y Lo Espejo.

-¿Cómo evalúa el dilema entre la necesidad de agua por la sequía y el riesgo de lluvias muy concentradas?

Es un llamado de atención, porque el reparto importa. Si en un solo día llueve lo de un año normal, esa agua se va directo a los ríos y afecta a las viviendas cercanas, como ocurrió en Licantén en 2023, una ciudad construida en el curso de un río que, al recuperar su cauce natural, terminó pasando por encima de la localidad.

El agua que llega al mar no se pierde, porque aporta nutrientes a la pesca, pero se necesita infraestructura que retenga agua en el continente: alimentar pozos y napas freáticas, y contar con más embalses. También importa la forma en que cae: si es lluvia, escurre rápido; si es nieve, se derrite lentamente y aporta a los caudales en verano, además de sostener el turismo de montaña en invierno.

Un llamado al autocuidado

-Para cerrar, ¿qué mensaje le daría a la audiencia de El Desconcierto?

El autocuidado y la preparación son importantes. Hay que vigilar las casas y el territorio, y buscar formas de autocuidado. El Estado tiene que hacerse cargo, pero nosotros también tenemos la oportunidad de contribuir y evitar que los riesgos se incrementen.

Sigue leyendo
LO QUE SE LEE AHORA
Ola de calor en pleno invierno - Agencia Uno

Las más leídas

Te Puede Interesar