miércoles 05 de agosto de 2026
Infancias

Salud mental infantil: cuándo el niño "callado" o "maduro" podría indicar malestar emocional camuflado

Comportamientos de "niños callados" o "maduros" pueden ser señales de sufrimiento interno por temor a incomodar, deteriorando su salud mental infantil.

5 de agosto de 2026 - 20:30

Ad portas de los festejos del Día de la Niñez, desde la Fundación CENFA instan a las familias a reflexionar entorno a la salud mental infantil y a dirigir la mirada a aquellos comportamientos caracterizados por la docilidad extrema, el cumplimiento riguroso de deberes o la autosuficiencia prematura.

De acuerdo con Luz María de Costa-Nora, jefa del Área de Atenciones Terapéuticas de la organización, advierte que dichas conductas podrían camuflar un sufrimiento interno gatillado por el temor a incomodar o provocar conflictos en el hogar, lo que podría deteriorar la salud mental de los menores.

En ese sentido, "la pregunta no es solamente si se porta bien, sino si siente que puede estar triste, enojado o asustado sin perder el cariño o la aprobación de los adultos”.

¿Qué señales podrían indicar problemas de salud mental en niños?

Los especialistas destacan que la clave no está en juzgar episodios aislados, sino en detectar transformaciones sostenidas en la rutina o en la personalidad de niñas y niños. Entre los principales indicadores de alerta figuran:

  • Autonomía forzada: Dejar de solicitar contención y encarar en soledad dilemas cotidianos que antes compartían con sus cuidadores.

  • Somatización recurrente: Aparición de jaquecas, molestias en el estómago u otros síntomas corporales sin causa médica comprobable.

  • Reacciones intempestivas: Modos de responder irascibles o estallidos desproporcionados frente a sucesos menores.

  • Aislamiento y desinterés: Pérdida progresiva de la motivación por el juego y distanciamiento de sus actividades favoritas.

  • Alteraciones biológicas: Disruptores en el patrón habitual de sueño, apetito o niveles de energía.

  • Temor al fracaso: Preocupación desmedida ante la posibilidad de cometer errores o defraudar las expectativas del entorno familiar.

  • Respuestas evasivas: Uso sistemático de modismos como "me da lo mismo" o "estoy bien" para zanjar interacciones.

¿Cómo enfrentar esta situación?

Para abordar estas situaciones, la organización desaconseja los interrogatorios directos o frases invalidantes como "no tienes por qué estar así". Se sugiere externalizar observaciones empáticas, señalando con calma cambios de conducta perceptibles e incentivando la comunicación sin presiones de tiempo.

Asimismo, resulta decisivo resguardar los entornos cotidianos de las tensiones del mundo adulto y de la sobreexposición a pantallas, abriendo ventanas de contención donde se priorice la validación emocional antes de precipitar consejos.

“Escuchar no significa tener inmediatamente una respuesta. A veces, los padres intentan solucionar rápido lo que ocurre porque les duele ver sufrir a sus hijos, expresarles que en la familia hay espacio para hablar sin ser juzgados, retados o minimizados. Un niño necesita saber que no tiene que estar bien todo el tiempo para ser querido”, sostiene de Costa-Nora.

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