El huiro negro (Lessonia berteroana y Lessonia spicata) es mucho más que un alga. Es la base estructural de los bosques intermareales de Chile, hábitat de más de 107 especies, alta biodiversidad y fuente de ingresos para miles de pescadores artesanales a lo largo de la costa.
Sin embargo, una combinación de sobreexplotación, extracción ilegal y cambio climático configura lo que la investigadora M. Isidora Ávila-Thieme describe como una "tormenta perfecta" que amenaza su sostenibilidad.
"Al no haber fiscalización, los pescadores no tienen miedo a incumplir la normativa porque no sienten que van a ser pillados", señaló Ávila-Thieme en entrevista con El Desconcierto.
Según la investigadora, por cada región del norte existe solo un par de camionetas fiscalizadoras que deben cubrir cientos de kilómetros de costa, lo que hace prácticamente imposible controlar la zona intermareal, de acceso libre para cualquier persona.
Al no haber fiscalización, los pescadores no tienen miedo a incumplir la normativa porque no sienten que van a ser pillados Al no haber fiscalización, los pescadores no tienen miedo a incumplir la normativa porque no sienten que van a ser pillados
¿Qué dice la normativa y por qué se incumple?
La regulación de la extracción del huiro negro es precisa: exige barretear las plantas completas —arrancarlas desde el disco basal—, respetar distancias entre plantas, realizar rotación de zonas de extracción y cosechar solo individuos adultos con disco mayor a 25 centímetros. No obstante, estas reglas se violan de forma generalizada tanto en las áreas de manejo como en los planes de manejo de libre acceso.
El estudio también identificó que el alto precio del recurso funciona como detonante. "Cuando el precio es muy alto, todos quieren extraer. No solo pescadores, sino gente que no lo es", explicó Ávila-Thieme.
La investigación establece además un vínculo con las variaciones del precio del cobre: cuando éste cae y se producen despidos en la minería del norte, parte de esa población cesante se vuelca hacia la extracción costera, muchas veces sin conocer la normativa.
Según datos de SERNAPESCA, el precio máximo del huiro pasó de 400 pesos el kilo en 2018 a 1.500 pesos en 2022, año en que los decomisos por extracción ilegal también alcanzaron un récord.
A ese escenario se suma la presión de la demanda internacional: el 90% del huiro negro extraído en Chile se exporta —principalmente a China, Japón, Noruega y Francia— en la forma de alga seca y picada, para abastecer las industrias cosmética, farmacéutica y alimentaria.
Cuando el precio es muy alto, todos quieren extraer. No solo pescadores, sino gente que no lo es Cuando el precio es muy alto, todos quieren extraer. No solo pescadores, sino gente que no lo es
El impacto de la sobreexplotación en la biodiversidad marina
El problema no se limita al alga en sí. Un segundo estudio del mismo equipo evaluó cómo el incumplimiento normativo se propaga a través de la red ecológica intermareal, considerando tanto las interacciones de consumo como las de generación de hábitat.
Los resultados mostraron que la reducción de la biomasa de huiro negro afecta, en mayor o menor medida, a la totalidad de las más de 107 especies que conforman esa red: lapas y decenas de invertebrados que dependen del alga como refugio y fuente de alimento en su etapa juvenil.
"No es un problema trivial. No es solamente un recurso: la baja sostenibilidad del huiro empieza a generar daño a otros recursos hidrobiológicos y el ecosistema completo comienza a ser no sostenible", advirtió Ávila-Thieme.
La amenaza se agudiza con el cambio climático. Durante el evento de El Niño de 1998, el norte de Chile registró extinciones locales de bosques de huiro negro y su recuperación fue lenta. Hoy, un nuevo episodio de variabilidad climática, combinado con la extracción ilegal y la sobreexplotación, reproduce esas condiciones de riesgo.
La baja sostenibilidad del huiro empieza a generar daño a otros recursos hidrobiológicos y el ecosistema completo comienza a ser no sostenible La baja sostenibilidad del huiro empieza a generar daño a otros recursos hidrobiológicos y el ecosistema completo comienza a ser no sostenible
Alternativas y cultivos sustentables
Frente a ese diagnóstico, el equipo de investigación ha explorado estrategias de intervención que no dependan exclusivamente del aumento de la fiscalización. Una de ellas son los incentivos de mercado basados en la certificación de extracción sostenible, que permiten agregar un precio premium al recurso. La lógica: si los pescadores que cumplen la normativa pueden vender más caro, el cumplimiento se vuelve económicamente conveniente.
Sin embargo, los modelos del equipo muestran que una estrategia aislada no es suficiente. "Puede ser una buena medida, pero no es suficiente: igual encontramos escenarios en los que puede evolucionar a un sistema no sostenible", indicó la investigadora.
Por eso, el grupo propone estrategias complementarias: fomentar el turismo basado en naturaleza gestionado por las propias comunidades pesqueras, y desarrollar innovaciones que permitan a los pescadores artesanales elaborar subproductos certificados —cremas, suplementos, productos alimentarios— en lugar de vender únicamente la materia prima.
En paralelo, iniciativas de cultivo sustentable ya están en marcha. En regiones como Atacama y Antofagasta, proyectos articulados por SECOS con pescadores artesanales utilizan biotecnología de laboratorio para esporular el huiro negro, fijar plántulas en sustratos y reintroducirlas en el mar para recuperar bosques sobreexplotados.
Estas iniciativas se enmarcan en el sistema de Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB), reguladas por SUBPESCA y fiscalizadas por SERNAPESCA.
"Lo que nosotros hacemos influye fuertemente en estos ecosistemas, y lo que está pasando en ellos influye fuertemente de vuelta en las comunidades locales", resumió Ávila-Thieme.
Para la investigadora, mirar el problema solo desde la ecología es insuficiente: el huiro negro no es únicamente un alga amenazada, sino el eje de un sistema socioecológico que sostiene la subsistencia de miles de familias costeras en el norte de Chile.
Lo que nosotros hacemos influye fuertemente en estos ecosistemas, y lo que está pasando en ellos influye fuertemente de vuelta en las comunidades locales Lo que nosotros hacemos influye fuertemente en estos ecosistemas, y lo que está pasando en ellos influye fuertemente de vuelta en las comunidades locales