A más de tres meses de su instalación, y más allá de declaraciones y afirmaciones de carácter muy general, aún no sabemos qué es lo sustantivo en los temas de relaciones económicas internacionales y de comercio exterior de la actual Administración. Al menos, yo no lo veo. Así, me parece necesario preguntarnos si efectivamente tiene una propuesta de política y definiciones en estas materias, y un “plan” o “programa de trabajo” que permita “aterrizarlos”.
¿Acaso nos estará pasando lo mismo que con el “Plan de Seguridad ”? Esta administración parece no tener mayor claridad acerca de cómo enfrentar los enormes desafíos por lo que hoy atraviesa el “orden internacional”, su impacto en nuestra economía y en el crecimiento económico. Ya deberíamos haber “tomado nota” de los ataques al “multilateralismo”, y al orden económico y comercial internacional de Donald Trump y, recientemente (5 de junio), de los ataques de Vladimir Putin al “orden internacional”, en la Conferencia Económica Internacional de San Petersburgo.
Es cierto, no obstante, que la administración ha intentado explicitar cuáles son los principales “pilares” de su política exterior: “… seguridad, crecimiento y construcción de confianza” (Cumbre de CELAC, Colombia, 22 de marzo).
En esa ocasión, el Canciller destacó dos elementos adicionales de la política exterior:
- “Pasar de economías basadas en materias primas a economías que generen valor”
- Promover la “mayor integración económica” ¡Interesante! (Comunicado de Prensa, MINREL)
Semanas más tarde, en reunión con los directores de Oficinas Comerciales de Chile en el exterior, la Subsecretaria de SUBREI, se refirió a estos temas y reiteró los “pilares” de la actual política exterior, enfatizando el crecimiento de las exportaciones y la diversificación de mercados, pero -al parecer- se abstuvo de opinar sobre las economías que “generen valor” y promover la “mayor “integración económica” (5 de mayo, Prensa, SUBREI).
Creo, sin embargo, que la administración aún no logra “aterrizar” sus declaraciones y definiciones. Tal vez, todas éstas son solo “metáforas”. O, peor aún, podría ser improvisación o incompetencia. Para intentar entender este “embrollo”, me referiré brevemente a nuestra relación comercial con India, y a las negociaciones para avanzar en un Acuerdo de Asociación Económica Integral (CEPA).
En los primeros años de este siglo las exportaciones a India promediaban cerca de solo $294 millones dólares, y fue durante ese período que se decidió negociar un acuerdo bilateral. El Acuerdo Comercial de Alcance Parcial fue suscrito en marzo de 2006, siendo vigente desde 2007. Dos décadas después, las cifras de exportaciones han crecido cerca de 10 veces y alcanzan a casi $2.050 millones (promedio 2021 – 2025). Podría decirse que el acuerdo ha sido exitoso, pues las exportaciones han crecido casi 10 veces.
Sin embargo, las exportaciones a India están concentradas en solo un puñado de productos: minerales, casi en su totalidad mineral de cobre (60%); metales preciosos (11%); minerales inorgánicos, básicamente litio (7%) y, cobre y subproductos (7%). Hay también una muy pequeña contribución de 7% del sector frutícola (HS08). Muy pobre contribución total a nuestro desarrollo ¿Seguiremos en lo mismo?
Tengo que suponer que en la SUBREI conocen estas cifras, por lo que me sorprendió que en ocasión de la reciente misión realizada a India para avanzar en la negociación del CEPA (12 de mayo), la SUBREI dijese lo siguiente:
“India es hoy un mercado prioritario para la estrategia de diversificación comercial de Chile” ¡Vaya, qué diversificación! No sé si estoy entendiendo correctamente lo que se propone hacer con India al intentar avanzar en la negociación del Acuerdo CEPA, pero claramente tenemos una manera muy diferente de entender en qué consiste la “diversificación comercial”.
El intercambio comercial con India -al igual que otros países de Asia, especialmente China- en lugar de conducir a la diversificación de la base productiva, agregar valor a las exportaciones y a diversificar el comercio, perpetúa nuestra dependencia de las exportaciones de materias primas de bajo valor agregado y su concentración en un puñado de productos, erosionando -a la vez- las bases de la industria de manufacturas, llevando a la “cuasi” desaparición de sus productos y empleo en Chile.
Más aún, la SUBREI nos indica que un nuevo acuerdo con India (CEPA) nos permitiría
“…fortalecer el acceso a mercados, generar nuevas oportunidades para nuestro sector exportador” [… y afirma que India es …] “… una tierra de oportunidades para nuestro país, desde la minería hasta los alimentos”.
Muy sorprendente afirmación, por lo que se dice y los sectores que ignora: ¿Es realmente una tierra de oportunidades para nuestros alimentos? ¿Acaso no han visto las importaciones agroalimentarias de India? Más allá de que India proteja mucho a su sector agrícola, India no importa los productos que podríamos exportar. Por lo demás, si decidiéramos intentarlo, deberíamos desviar exportaciones desde otros mercados ya establecidos y desarrollados. Muy “mala movida”.
No estoy proponiendo olvidarnos de India, pero India está muy lejos de ser un mercado adecuado para la estrategia de diversificación comercial. Tampoco es un socio prioritario para la “integración”. Mas bien, creo que en el marco del “programa de emergencia”, de “reconstrucción” o como se lo llame, India es un buen candidato para “recortes” y “racionalización” de las actividades que desarrollan PROCHILE y MINAGRI, a través de sus Oficinas Comerciales y Agregaduría Agrícola.
En el actual contexto internacional, centremos nuestros esfuerzos en la integración económica y en la “agregación de valor”, priorizando nuestras relaciones con los mercados “rendidores”, mercados con los que podamos establecer relaciones económicas y comerciales que nos permitan diversificar nuestra base productiva, crecer y desarrollarnos, no solo “exportar más”. Exportemos productos de calidad y con mayor valor. Y -ciertamente- los países más “rendidores” no están en Asia.