En el debate actual sobre la “calidad de la democracia”, la ultraderecha chilena —Partido Republicano y Partido Nacional Libertario— han instalado una visión empobrecida: la democracia como mero conjunto de procedimientos para la delegar el poder y la representación.
Para analizar la mirada descritica seguiremos las tesis del pensador greco-francés Cornelius Castoriadis, que advierte que esta concepción no es neutral, sino que oculta una crisis profunda de los significados imaginarios que dan sentido a la vida colectiva y por supuesto a la definición de democracia.
La ultraderecha y su concepción de democracia
El reducir la democracia a reglas formales es un fraude según Castoriadis. Un régimen verdaderamente democrático es aquel de la auto institución explícita y lúcida de la sociedad, donde la ciudadanía participa activamente en la formación de las leyes y en la definición del bien común.
La ultraderecha chilena, al proponer restricciones a la participación y a la movilización social, no busca perfeccionar procedimientos, sino vaciar la democracia de su sustancia: la capacidad colectiva de cuestionar las instituciones establecidas y delimitar la capacidad de cambio democrático.
Para Castoriadis, la política nace cuando se rompe la clausura del sentido, cuando todo poder debe “dar cuenta y razón” de sus actos. Criminalizar la protesta social o vigilar las “incivilidades” es exactamente lo contrario: es intentar restaurar una sociedad subordinada, donde el poder se presenta como ajeno e inapelable.
Movilización social: el ágora de la democracia
El pensador greco-francés distingue tres esferas que constituyen una democracia sustantiva, a saber, el oikós (privado), el ágora (espacio privado-público de encuentro) y la ekklesía (el poder público).
Por tanto, al aplicar estas categorías, la movilización social pertenece al ágora y a la ekklesía: es el lugar donde los ciudadanos deliberan, disienten y presionan. Querer controlarla o limitarla es mutilar la democracia en su raíz. La ultraderecha no ignora esto: lo que busca es desactivar cualquier amenaza al statu quo, confundiendo orden con quietud y libertad con sumisión.
El látigo subordinante que impone la ultraderecha
El ataque más perverso es condicionar la gratuidad en educación superior al “buen comportamiento” según un registro de incivilidades. Castoriadis es enfático: no puede haber sociedad democrática sin paideia (formación) democrática.
La educación no es un beneficio discrecional, sino la condición para formar individuos autónomos y críticos, capaces de gobernar y ser gobernados. Si se usa la gratuidad como látigo, se convierte la educación en un instrumento de disciplinamiento y subordinación, precisamente lo opuesto al proyecto de autonomía individual y colectiva que define la democracia sustantiva.
Síntesis, pensando la democracia
La ultraderecha chilena no fortalecerá jamás la democracia sustantiva, porque su imaginario es el de la restricción, el orden sin cuestionamiento y el poder sin rendición de cuentas.
Frente a ella, recuperar a Castoriadis nos recuerda que la democracia es movimiento, auto-institución y lucha por la libertad efectiva. Sin movilización, sin participación real y sin educación crítica, solo queda una cáscara vacía: la democracia como trámite, y el ciudadano como súbdito.