La crisis climática ya no es una amenaza futura para la infancia: se ha convertido en una realidad cotidiana para millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Así lo advierte el nuevo Informe de Riesgo Climático para la Infancia 2026 de Unicef, que revela que cerca de la mitad de la población infantil global está expuesta simultáneamente a tres o más peligros climáticos, una situación que compromete su salud, educación, bienestar e incluso su supervivencia.
El reporte identifica a América Latina y el Caribe como una de las regiones donde la combinación de fenómenos extremos se está intensificando con mayor rapidez. Sequías prolongadas, olas de calor cada vez más frecuentes, inundaciones, lluvias tropicales y contaminación atmosférica están afectando de manera directa a millones de menores de edad.
Más de 1.100 millones de niños expuestos a múltiples amenazas climáticas
Según el estudio, alrededor de 1.100 millones de niños y niñas en el mundo enfrentan al menos tres riesgos climáticos simultáneos. La combinación más frecuente corresponde a sequías, calor extremo y olas de calor, fenómenos que se han vuelto más intensos y recurrentes debido al calentamiento global.
La investigación cruzó datos de población infantil con la distribución geográfica de ocho amenazas climáticas principales: inundaciones costeras, inundaciones fluviales, sequías, tormentas tropicales, olas de calor, calor extremo, incendios forestales y tormentas de arena y polvo.
Además, Unicef advierte que prácticamente todos los niños del planeta, unos 2.300 millones, están expuestos al menos a uno de estos peligros, mientras que millones enfrentan cuatro, cinco o incluso seis amenazas simultáneamente.
América Latina y el Caribe bajo creciente presión climática
La situación en América Latina y el Caribe preocupa especialmente debido a la vulnerabilidad social y territorial de amplias zonas de la región. De acuerdo con Unicef, millones de niños viven en territorios donde los eventos climáticos extremos afectan el acceso al agua potable, la alimentación, la educación y los servicios de salud.
Las olas de calor representan uno de los riesgos más extendidos. A nivel global, cerca de 1.500 millones de niños están expuestos a eventos extremos cada vez más frecuentes y severos, mientras que 1.200 millones viven en zonas donde las temperaturas extremas constituyen una amenaza permanente para su desarrollo y bienestar.
En paralelo, las sequías afectan a más de tres cuartas partes de la infancia mundial, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y la disponibilidad de agua para comunidades enteras.
Chile también enfrenta riesgos para la infancia
Aunque Chile no aparece entre los países con los niveles más altos de vulnerabilidad climática infantil, el informe advierte que los riesgos están aumentando. Las prolongadas sequías registradas durante la última década, el incremento de las olas de calor, los incendios forestales y los episodios de contaminación atmosférica generan impactos directos sobre la salud de niños, niñas y adolescentes.
La evidencia científica muestra que la infancia es especialmente vulnerable a estos fenómenos debido a que sus organismos aún están en desarrollo. La exposición prolongada al calor extremo puede afectar el aprendizaje, aumentar los riesgos de deshidratación y enfermedades respiratorias, mientras que la contaminación del aire incrementa la incidencia de problemas pulmonares y cardiovasculares.
La infancia en el centro de la adaptación climática
La directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, advirtió que los niños están en la primera línea de los impactos de la crisis climática y que las decisiones que adopten hoy los gobiernos serán determinantes para proteger a las futuras generaciones.
El organismo plantea que las políticas de adaptación deben priorizar sistemas educativos resilientes, infraestructura sanitaria preparada para eventos extremos, acceso garantizado a agua segura y programas de protección social enfocados en la infancia.
“La crisis climática es también una crisis de derechos de la niñez”, concluye el informe, insistiendo en que reducir emisiones y fortalecer la resiliencia de las comunidades será clave para evitar que millones de niños sigan enfrentando riesgos cada vez mayores durante las próximas décadas.