sábado 13 de junio de 2026
Reportajes

La desregulación y el extractivismo de datos encuentran tierra fértil en los gobiernos de ultraderecha del Cono sur

Argentina —y todo indica que Chile no será la excepción— ofrece un terreno fértil para el despliegue de experimentos de vigilancia digital y captura masiva de datos personales cuya lógica algorítmica amenaza la soberanía, los derechos ciudadanos y el patrimonio medioambiental.

13 de junio de 2026 - 09:57

Tecnofeudalismo, tecno-totalitarismo, neo-cesarismo, tecno-oligarquía, tecno-monarquismo, neo-imperios. Múltiples disciplinas y autores empiezan a acumular nombres que intentan dar cuenta de un proceso en extremo complejo que aún no se deja capturar en su totalidad, pese a que muy probablemente defina el modo de vida y la relación social y económica de varias generaciones de ahora en más.

Se trata de una fase del capitalismo contemporáneo, la del colonialismo de datos, en la que la vida social es apropiada como materia prima a través de “relaciones de datos” que nosotros mismos entregamos mientras usamos los dispositivos del mundo digital para convertir la experiencia cotidiana en un flujo continuo de información acumulable para ser vigilada y explotada.

Hablamos de una transformación digital profunda que, muy lejos de la promesa originaria de democratizar el acceso al conocimiento y fortalecer la soberanía nacional, está instaurando nuevas formas de dependencia estructural.

Las corporaciones GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) no se limitan a extraer valor económico a través de esa vigilancia, sino que utilizan el mencionado control sobre la experiencia digital de poblaciones enteras, determinando qué información circula, cómo se procesa y bajo qué condiciones.

En este punto Argentina, con su ley de protección de datos personales (Ley 25.326) y una tradición de activismo digital, enfrenta desafíos enormes y una gran fragilidad institucional.

Ligazón con la ultraderecha global

La ultraderecha global encontró en este fenómeno extractivo —aún inaprehensible, que crece en un limbo legislativo y que ni siquiera acuña aún un término que lo nombre— una oportunidad extraordinaria para la acumulación ad infinitum de datos baratos (o directamente robados), ciudadanías posibles de ser segmentadas con precisión quirúrgica, y plataformas cuyos algoritmos premia los contenidos que generan más reacción emocional, casi siempre el miedo, el odio o la indignación.

La economista e investigadora argentina Cecilia Rikap señala que esta coalición entre gigantes tecnológicas y la derecha radical no es nueva, solo que ahora es "más evidente porque la extrema derecha ya no está en los márgenes sino en el centro".

Gemelo Digital

El presidente argentino Javier Milei, ha manifestado en numerosas ocasiones su fascinación con la construcción de un futuro regido exclusivamente por este tipo de tecnologías, donde además éstas se manejen sin restricciones de ningún tipo, y ya adelantó una serie de iniciativas que apuntan en esa dirección.

La primera de ellas, presentada el pasado 22 de mayo por su ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, se denomina “Gemelo Digital Social” y, según un video institucional difundido por esa cartera, consiste en una herramienta basada en IA que permite anticipar y simular escenarios para diseñar políticas públicas, a partir del procesamiento de las bases de información de las que dispone el Estado. La herramienta generará un avatar de cada persona construida con datos reales con el objetivo de prever situaciones que permitan tomar decisiones ajustadas a los resultados.

Y acá aparece un personaje en extremo críptico. Peter Thiel, cofundador de PayPal, primer inversionista externo de Facebook y creador de Palantir Technologies, quien en el último mes visitó Chile y Argentina para reunirse con sus mandatarios (José Antonio Kast y Javier Milei). En ambos casos se trató de encuentros en extremo reservados sobre los que la prensa no tuvo información.

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Peter Thiel estuvo en Chile - Captura de video

Peter Thiel estuvo en Chile - Captura de video

Si bien el Gemelo Digital no es un proyecto formalizado y existe gran hermetismo sobre su implementación, todos los ojos sobre su posible desarrollo recaen sobre Palantir Technologies, la empresa de software y análisis de datos masivos conocida por desarrollar sistemas de inteligencia utilizados por organismos como la CIA, el FBI y la NSA, por lo que la pregunta es obvia: ¿Quién va a gestionar en Argentina los datos necesarios para su funcionamiento?, ¿bajo qué marco legal?, ¿Cómo serán éstos utilizados?

La conexión con Thiel no se limita al área empresarial, se trata de un vínculo profundamente ideológico. En un ensayo de 2009, Thiel cuestionó abiertamente la compatibilidad de la democracia y la libertad, abogando por un sistema donde el poder se concentre en quienes tienen la expertise para impulsar el progreso.

En Argentina se encienden las alarmas. Un documento de la Central de Trabajadores (CTA) advierte que el Gemelo Digital podría dar lugar a una nueva categoría política: la del ciudadano probabilístico, regido por un sistema estadístico en el que las probabilidades nunca son neutrales y donde modelos basados en datos compilados en sociedades atravesadas por desigualdades económicas, culturales y territoriales reproducirán y amplificarán patrones ya existentes, y con un agravante: lo haría bajo apariencia de objetividad científica.

Estos modelos modificarán además la relación entre política y democracia. Antes la secuencia era relativamente transparente: ciudadanos, debate público y luego decisiones estatales. Ahora irrumpe una mediación nueva: ciudadanos, datos, modelo y sólo entonces políticas.

Sociedades & Algoritmos

Una segunda iniciativa es la reforma de la Ley General de Sociedades presentada en mayo por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, que impulsa la creación de “sociedades automatizadas” cuyo funcionamiento está basado en algoritmos o robots, sin humanos.

Se trata de una nueva tipología de empresas no humanas que –asegura el ministro—garantizará seguridad jurídica a un tipo de inversiones que en general operan en un gris legal, además de establecer un esquema impositivo diferenciado.

El historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari criticó la semana pasada la iniciativa en una columna publicada en el Financial Times en la que advierte que uno de los problemas que el proyecto no resuelve es que una sociedad eventualmente integrada exclusivamente por agentes de IA solo respondería con su propio patrimonio, sin que haya ningún humano que responda solidariamente por los daños causados. Para Harari, esto es exactamente el núcleo del peligro: una entidad que puede actuar, contratar y causar daño, pero a la que nadie con conciencia moral responde.

En resumen, la autonomía corporativa de una IA no sería un mero detalle técnico, sino una alteración profunda del modo en que se distribuyen poder, riesgo y sanción. O sea, el tema no es solo cuánto producirían esas entidades, sino con qué herramientas se las detendría si decidieran vulnerar reglas.

Una IA desregulada

Estas intenciones desregulatorias del mandatario ultraderechista fueron expuestas en su artículo del Financial Times, publicado bajo el título "Argentina invita a la IA a liberarse", donde plantea que la IA representa una transformación comparable a la Revolución Industrial y los países que ofrezcan reglas más flexibles serán los que logren captar mayor número de empresas e innovaciones.

Una IA sin regulaciones permitirá “desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida", escribió Milei.

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Frente a ese planteamiento, el experto en telecomunicaciones y ciberseguridad Ariel Garbarz, advirtió que constituye una invitación explícita para que compañías como Palantir, Google, Meta, Microsoft, Amazon, OpenAI y diversos fondos de inversión hagan negocios en Argentina sin controles, auditorías, soberanía tecnológica, derechos laborales ni mecanismos regulatorios.

Si bien IA tiene el potencial de impulsar la investigación científica y optimizar sectores como la salud, la educación y la producción —sostiene Garbarz— la ausencia de regulaciones claras puede impulsar prácticas de vigilancia masiva, manipulación, precarización laboral y extracción indebida de datos personales.

“Milei no está defendiendo el futuro. Está rifando el cerebro colectivo de la nación. Está diciendo: ‘vengan, hagan mierda todo, usen nuestros datos, nuestra energía, nuestros recursos y nuestra población como laboratorio, que yo no los voy a regular” dijo el experto en declaraciones a la emisora porteña AM750.

Externalidades del proyecto libertario

El gobierno argentino señaló en numerosas oportunidades su intención de atraer grandes data centers como eje de su estrategia de desarrollo, entre ellos el proyecto Stargate, vinculado a la eventual instalación de infraestructura tecnológica de gran escala en la Patagonia.

Estos centros de datos para IA son extremadamente intensivos en electricidad porque deben alimentar servidores, sistemas de refrigeración y redes de comunicación.

Investigadores y activistas ambientales advierten que su construcción y uso involucra simultáneamente enormes cantidades de energía, agua, ocupación de suelo, extracción de materiales, alteración de ecosistemas y conflictos.

Dicho consumo del agua es probablemente el punto más sensible para la Patagonia, asegura el Investigador de computación sostenible en la Universidad de Oxford, David Mytton, en el artículo Data centre water consumption.

Mytton explica que los centros de datos consumen agua de dos formas principales: indirectamente, a través de la generación eléctrica (especialmente termoeléctrica), y directamente, a través de los sistemas de refrigeración

En la Patagonia, donde los sistemas de agua dulce (ríos, lagos, glaciares, turberas) son ecosistemas particularmente sensibles, la extracción a esos niveles está destinada a generar conflictos con otros usos como la agricultura, el turismo y afectará gravemente la integridad ecológica de cuencas hidrográficas frágiles.

Terreno fértil

Asistimos en definitiva a una nueva reconfiguración del poder global que, como se mencionó y debido a su complejidad, aún busca ser nombrada y aprehendida con metáforas y neologismos de todo tipo. Por ahora lo claro es que, como señala Rikap, este nuevo orden está configurado por una economía asimétrica regida por monopolios intelectuales que liberados de toda regulación “pueden controlar el ritmo de la producción, de la innovación tecnológica y de apropiarse del conocimiento producido por el resto del planeta”.

Nuestro subcontinente, al menos en su extremo sur, les está abriendo las puertas y les regala nuestros patrimonio ambiental.

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