El enfoque educativo ha cambiado en las últimas décadas. La educación superior enfrenta el desafío de formar profesionales capaces de integrar variables ambientales y sociales en su ejercicio, sin perder de vista la rentabilidad financiera que exige el mundo corporativo. La tensión entre lo académico y empresarial marca el ritmo de la enseñanza de la sostenibilidad en América Latina.
La formación tradicional ha priorizado históricamente las ganancias de corto plazo por sobre el cuidado ambiental. Sin embargo, distintas casas de estudio de la región han comenzado a modificar sus planes curriculares para incorporar una visión de largo plazo, en la que cuidar los recursos naturales se entiende como una condición para asegurar la continuidad de la economía.
En ese contexto, Alejandra del Carmen Meza Servín, académica de la Universidad de Guadalajara, plantea que la crisis ambiental ya no puede quedar al margen de ninguna disciplina. "Un ingeniero, un médico, un arquitecto o un economista ya no pueden ejercer su profesión sin considerar cómo sus decisiones impactan, o son impactadas, por la crisis ambiental", sostiene. La académica agrega que la sostenibilidad "no debe ser un añadido opcional en los planes de estudio, sino un principio rector que permee todas las disciplinas".
La sostenibilidad no debe ser un añadido opcional en los planes de estudio, sino un principio rector que permee todas las disciplinas La sostenibilidad no debe ser un añadido opcional en los planes de estudio, sino un principio rector que permee todas las disciplinas
Iniciativas desde la Universidad de Guadalajara
La Universidad de Guadalajara incorporó desde 2019 materias transversales en todas sus carreras, entre ellas "Cultura de la paz" y "Vida y Entorno Sustentable", impartidas en los programas de pregrado del Centro Universitario de los Altos.
Ambas asignaturas están vinculadas a los ODS de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y buscan que estudiantes de carreras como Derecho o Agroindustria comprendan la relación entre su campo profesional y problemáticas como la desigualdad social o el agotamiento de recursos naturales.
Otras instituciones han avanzado en una línea distinta. La Universidad Autónoma de Barcelona creó programas de posgrado especializados en sostenibilidad, además de impulsar investigaciones aplicadas junto a los sectores público y privado.
En tanto, la Red de Campus Sustentables, que agrupa a instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de São Paulo, ha promovido desde 2015 iniciativas para reducir la huella de carbono en los campus y fomentar la participación estudiantil en proyectos ambientales.
El discurso educativo y la práctica empresarial
Pese a estos avances, aplicar la sostenibilidad en el mundo laboral genera tensiones inmediatas para las organizaciones. Adoptar materiales de menor impacto ambiental o reducir la contaminación implica costos a corto plazo, mientras que los líderes corporativos deben equilibrar las exigencias de los accionistas con la protección del medio ambiente.
En varios casos, las empresas actúan únicamente para cumplir con la regulación vigente o mejorar su imagen pública, sin que ello suponga un cambio estructural en sus procesos productivos.
Esta brecha entre el discurso educativo y la práctica empresarial es, según especialistas, uno de los principales obstáculos para consolidar una transición sostenible.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierte que los próximos diez años son cruciales para evitar los escenarios más severos del calentamiento global, lo que añade urgencia al debate sobre la velocidad con que las instituciones educativas y las empresas logran alinear sus objetivos.
¿Alcanzan las materias transversales?
La incorporación de asignaturas transversales es solo un primer paso. Metodologías como la enseñanza basada en proyectos, el aprendizaje al servicio de la comunidad y la simulación de escenarios reales permiten a los estudiantes aplicar conocimientos teóricos a problemas concretos.
En la Universidad de Chile, por ejemplo, alumnos de Ingeniería y de Ciencias Sociales colaboran en el diseño de soluciones para comunidades afectadas por la escasez hídrica, integrando saberes técnicos y comunitarios.
La formación en sostenibilidad también exige repensar qué competencias se evalúan en el aula. No basta con que los estudiantes memoricen conceptos: deben desarrollar pensamiento crítico, resiliencia y capacidad de trabajo interdisciplinario. Para ello, la capacitación docente resulta clave. La Universidad de Costa Rica, por ejemplo, cuenta con un programa que certifica a profesores en pedagogías ambientales.
Cerrar la brecha
El avance entre instituciones latinoamericanas es, sin embargo, desigual. Mientras algunas universidades han impulsado cambios estructurales en sus mallas curriculares, otras aún tratan la sostenibilidad como un contenido marginal.
Cerrar esa brecha requiere pasar del discurso a los hechos: que los estudiantes resuelvan problemas empresariales reales dentro del aula, que las empresas capaciten a sus trabajadores para integrar la sostenibilidad en sus tareas diarias y que se establezcan metas medibles dentro de la estrategia central de cada negocio.