Bioplásticos biodegradables, biofertilizantes para una agricultura más resiliente, bio-carbón capaz de capturar carbono y filtrar agua, e incluso biogás para la generación de energía son algunos de los usos sostenibles que investigadores y empresas están explorando para dar una segunda vida al sargazo.
Se trata de la macroalga que, debido a la crisis climática, cada año llega en grandes cantidades a las costas del Caribe y que, para 2026, podría alcanzar su mayor expansión registrada, impactado al turismo, la salud humana y a los ecosistemas marinos. A su vez, removerlas contempla elevados costos para los gobiernos.
Ante este escenario, la búsqueda de soluciones apunta a transformar un problema ambiental de gran escala en una fuente de materias primas con aplicaciones industriales y agrícolas, reduciendo al mismo tiempo los impactos que esta biomasa genera sobre los ecosistemas y las economías costeras.
¿Qué usos se le puede dar el sargazo?
Entre las alternativas que concentran mayor interés figura la fabricación de bioplásticos. Gracias a su elevado contenido de celulosa y alginatos, el sargazo puede convertirse en materiales biodegradables con propiedades comparables a las de algunos plásticos convencionales, como HDPE o PLA.
A diferencia de estos, los bioplásticos derivados del alga pueden degradarse entre 10 y 26 semanas sin generar microplásticos, además de no competir con cultivos destinados a la alimentación ni requerir fertilizantes para su producción.
Sus posibles aplicaciones abarcan desde envases y empaques hasta tarimas, bolsas, sacos de arena, filtros de agua e incluso pañales para mascotas.
El potencial del sargazo también se extiende al sector agrícola. Convertido en biofertilizantes y bioestimulantes, aporta nutrientes que favorecen el desarrollo de los cultivos, mejoran la calidad nutricional de los alimentos y fortalecen la capacidad de las plantas para enfrentar el estrés hídrico, las variaciones extremas de temperatura y el ataque de plagas.
Otra línea de investigación se centra en la producción de bio-carbón activado (ABC), un material de alta capacidad de captación que puede utilizarse para restaurar suelos degradados, purificar agua, capturar emisiones de carbono y contribuir al control natural de plagas.
Sus propiedades de porosidad, hidrofilia y conductividad eléctrica también abren posibilidades para el desarrollo de biosensores electroquímicos y dispositivos analíticos portátiles, además de favorecer la generación de bonos de carbono comercializables.
En paralelo, distintas iniciativas han demostrado que esta biomasa puede transformarse en biogás y otros biocombustibles de bajas emisiones bajo esquemas de aprovechamiento de residuos. Estas alternativas ya muestran aplicaciones para procesos industriales, maquinaria y transporte, posicionándose como una opción más sustentable frente a los combustibles fósiles.