sábado 04 de abril de 2026
Sostenibilidad

La historia del universitario chileno que triunfó en China convirtiendo relaves en material de construcción sostenible

Benjamín Jara Correa, estudiante de Ingeniería Civil de Minas de la Universidad de Chile, obtuvo medalla de bronce y Premio del Público en el China–Latin America Youth Challenge to Alleviate Poverty de la Universidad de Tsinghua con MINOVA, proyecto que propone convertir los residuos en materiales de construcción sostenibles para beneficiar a comunidades aledañas a las faenas.

4 de abril de 2026 - 07:00

El equipo lo integraron ex compañeros del Trewhela's School, estudiantes en distintas universidades. "Éramos el único grupo en que casi todos éramos de pregrado", destacó Jara, que junto a Nicolás Avendaño (Derecho, UC), Martina Olivares (Bioquímica, USACH) y María Fernanda Silva (Magíster de Economía, U. de Tsinghua), lograron el reconocimiento.

La idea surgió de una conversación entre amigos del colegio. Un grupo de estudiantes —sin doctorados, sin integrantes internacionales, armados con los conocimientos de sus respectivas carreras— terminó compitiendo ante académicos y equipos de toda América Latina y China.

El proyecto de sostenibilidad de MINOVA

— ¿En qué consiste específicamente el proyecto MINOVA?

MINOVA surge a partir del enorme problema que representa la acumulación de relaves en la minería. Como el concurso exigía una propuesta escalable a nivel global —en todo el mundo hay faenas mineras—, partimos por entender la magnitud del fenómeno: la cantidad de material que se genera por hora es impresionante, algo que uno no logra dimensionar fácilmente.

Cuando nos dimos cuenta de esa escala, vimos una oportunidad. Lo primero que se nos ocurrió fue fabricar materiales de construcción. Uno de los principales desafíos de los relaves es su contenido de elementos tóxicos —mercurio, arsénico, entre otros—, así que necesitábamos encontrar una metodología viable: ver si era factible, entender el mercado, el proceso productivo de esos materiales, y cómo incorporar el relave sin afectar los costos ni la calidad del producto final.

Estudiamos distintos casos en el mundo, ya que esta tecnología existe a pequeña escala. Pero nuestro objetivo central era lograr una mayor aceptación por parte de las personas. En general, cuando alguien escucha "relaves" o "residuos mineros", la primera reacción es de desconfianza: ¿mi casa hecha de eso me va a enfermar? Ese escepticismo tiene sentido, dado que existen antecedentes de comunidades intoxicadas por procesos mineros. Así que nuestro principal desafío era demostrar que, con el tratamiento adecuado, el relave puede ser un insumo seguro y útil.

— ¿Cuál fue la motivación para trabajar con un enfoque de economía circular y desarrollo local?

Una parte de la motivación fue que el concurso exigía un impacto directo en las comunidades. Pero a nivel de proyecto, también identificamos un problema estructural de la industria de la construcción: su mayor costo está en el transporte. Los materiales de construcción son pesados y su traslado consume mucho combustible, lo que encarece toda la cadena de valor.

Entonces nos preguntamos cómo reducir ese costo. La respuesta fue involucrar a las comunidades cercanas a las faenas mineras como protagonistas del proceso. Si el material ya está en el territorio y las comunidades lo procesan localmente, el precio baja y el beneficio se queda ahí mismo.

Las proyecciones

— ¿Tienen proyecciones para continuar con el proyecto?

Todavía no hemos tomado decisiones concretas sobre cómo continuar. Lo que sí puedo decir es que durante el proceso tuvimos el apoyo de la facultad: en el Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad de Chile había disposición para prestarnos los laboratorios y muestras de distintos relaves, lo que facilitó mucho la etapa de estudio.

— ¿Qué significa para ti haber recibido este reconocimiento?

Teníamos la sensación de que no estábamos haciendo gran cosa. A veces nos mirábamos entre nosotros con esa duda. Pero desde afuera nos señalaban que, por el tema y por el nivel de la universidad, el proyecto sí podía interesar a empresas e incluso abrir un mercado real.

Hasta el día anterior del viaje no lo podía creer. Todo empezó cuando una amiga nos invitó y nos dijo que había una competencia con la posibilidad de viajar a China. Dijimos "ya, ¿qué hay que hacer?", y nos sumamos sin pensar que llegaríamos tan lejos.

La experiencia fue muy enriquecedora. Conocí personas y una cultura completamente distinta, algo que nunca me había imaginado.

Lo que también me llamó la atención es que éramos el único equipo en que casi todos éramos de pregrado. Casi todos los otros grupos tenían al menos una persona haciendo un doctorado —muchas veces en el área específica del proyecto— y varios contaban con integrantes de China. Nosotros aplicamos los conocimientos que teníamos en ese momento, desde nuestras distintas carreras.

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