Hasta 2013 rigió en Chile el decreto de ley 701 promulgado a inicios de la dictadura, bajo el cual se sustituyeron hasta 200 mil hectáreas de bosque nativo por grandes plantaciones forestales subsidiadas, fundamentalmente de pino y eucalipto, sobre todo en las regiones de Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía.
Hoy en día el sector forestal es una actividad económica de gran relevancia para el país, pero el modelo predominante para esta industria ha sido criticado incluso por la ciencia, debido a los impactos ambientales que genera. Ahora, el Gobierno alista una nueva ley de fomento forestal, despertando antiguos debates sobre cómo debería ejercerse esta actividad en Chile.
El sector forestal ha sido criticado por su modelo que consiste en grandes plantaciones continuas de monocultivo, utilizando especies exóticas como el pino y el eucalipto, que por su naturaleza incentivan la propagación del fuego. La gran extensión de suelo cubierta por una misma especie también ha sido apuntada como un facilitador en la propagación de las llamas, generando mega incendios forestales como los ocurridos en Chile en 2017, o 2021.
Este tipo de monocultivo de rápido crecimiento con talas cada 20 años también incentiva la erosión del suelo, el uso de agua y la liberación de dióxido de carbono a la atmósfera durante las talas y sobre todo durante los mega incendios forestales, que ponen en riesgo las metas asumidas por Chile bajo el Acuerdo de París contra la crisis climática.
Subsidio para plantaciones forestales
Aunque aún no se conocen públicamente detalles del proyecto de ley que está preparando el Gobierno para presentar este año, miembros de la industria forestal que recibieron un borrador aseguran ante La Tercera que el objetivo es instalar entre 20 mil y 25 mil hectáreas por año de plantaciones forestales, con subsidios de hasta 90% enfocados en pequeños y medianos productores.
El incentivo no busca reemplazar bosque nativo sino cubrir “suelos desnudos”, algunos de ellos erosionados por incendios forestales. El sector calcula una disponibilidad de un millón de hectáreas para extender plantaciones forestales en el país.
Los detalles conocidos en el borrador del proyecto despiertan ya despiertan controversias ambientales: para Sergio Donoso, presidente de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), el texto no contempla un límite para la cantidad de hectáreas continuas que se pueden talar de una sola vez.
Esta disposición ha sido una de las más criticadas por la ciencia, por homogeneizar el paisaje aumentando la erosión del suelo y creando un gran manto de árboles del mismo tamaño donde los incendios forestales se pueden mover con rapidez. En otros países o para certificaciones ambientales la tala rasa se limita a 20 o 50 hectáreas por vez, mientras que en Chile se practican talas rasas de hasta 500 hectáreas, explica Donoso.
Otra controversia es que se plantearía entregar los subsidios en el centro y sur del país, donde históricamente se ha desarrollado la industria, mientras que quedarían por fuera otras zonas del centro y norte del país donde los incentivos a la plantación de árboles podrían tener un fin social y ecológico para reducir la desertificación o proteger ríos y otras fuentes de agua potable para la población.
El ingeniero reconoce que hasta ahora el borrador representa una mejora con respecto al proyecto de ley forestal que se presentó en 2012, en términos de protección de cuerpos de agua y de biodiversidad, pero que durante la tramitación volverán a despertarse las otras controversias sobre las talas rasas, la erosión, y el incentivo para plantar especies nativas, diversificar el paisaje y mantener suelos cubiertos permanentemente.