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Pavesas incandescentes que vuelan y piñas que se abren con el calor: Como el pino y el eucalipto alimentan y se alimentan del fuego
Incendio en plantación de eucalipto. Foto: Universidad de Concepción.

Pavesas incandescentes que vuelan y piñas que se abren con el calor: Como el pino y el eucalipto alimentan y se alimentan del fuego

Por: María del Mar Parra | 21.01.2026
Originarios de ambientes donde el fuego es una ocurrencia natural, el pino y el eucalipto se han adaptado para incluso beneficiarse de las llamas. Sus componentes son altamente incandescentes y propagan rápidamente los incendios poniendo en peligro hogares y vegetación nativa de Chile donde los incendios naturales son escasos.

Aunque la gran mayoría de los incendios forestales en Chile ocurren por razones humanas, ya sea accidentales o intencionales, la rápida propagación que alcanzan tiene que ver también con el modelo forestal del país y el ordenamiento territorial, que no logra generar espacios seguros entre viviendas y vegetación.

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Diversos análisis desde la academia han alertado que las plantaciones forestales en Chile generan grandes mantos continuos de árboles de igual edad y altura, que propagan muy rápidamente los incendios. Pero otra cosa que ayuda a propagarlos es el tipo de especie que ha elegido esta industria para su producción: el pino y el eucalipto.

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El pino y el eucalipto son especies originarias de ambientes mediterráneos distintos al de Chile, donde el fuego es parte de la dinámica natural, y por lo tanto han desarrollado a lo largo de millones de años características para adaptarse a ese fuego e incluso para beneficiarse de las llamas para su supervivencia.

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El problema es cuando ese tipo de vegetación se introduce en masa en ecosistemas no tan adaptados al fuego, como ocurre en el centro y sur de Chile donde los incendios de origen natural son muy inusuales. Se trata de una rareza del clima mediterráneo de Chile con respecto a los climas mediterráneos de otras partes del planeta.

Pavesas y piñas

En el caso del eucalipto, las hojas tienen componentes que favorecen los incendios y sus cortezas tienen pedazos que se desprenden al quemarse en forma de pavesas incandescentes, que pueden saltar incluso kilómetros, cayendo en otra vegetación o en los techos de hogares y provocando nuevos focos de incendio.

Tanto el pino como el eucalipto son especies ricas en resinas y aceites volátiles inflamables, y generan mucha hojarasca y acumulación de ramas y cortezas muertas que arden con facilidad y facilitan que el fuego llegue hasta la copa de los árboles, ayudando aún más a propagar el fuego.

Los pinos además tienen piñas que se abren con el calor, expulsando sus semillas, por lo que luego de un incendio colonizan aún más rápido los terrenos degradados. Estas especies además son de rápido crecimiento comparado con la vegetación nativa, y estas características han provocado invasiones de pino que se van propagando dentro de bosques nativos intervenidos, desplazando a los árboles nativos y generando un mayor riesgo de incendio dentro de estos bosques.

Sequía y suelo

El rápido crecimiento que ofrecen el pino y el eucalipto, las convierten en especies muy apetecibles para el negocio forestal. Pero esa misma capacidad de crecimiento provoca que consuman agua más rápido desde el suelo y las napas subterráneas.

Al ser parte de plantaciones que se renuevan cada 20 o 30 años, el uso de agua es aún más intensivo y eso genera una sequedad y erosión en el suelo que también lo dejan más propenso a la rápida propagación del fuego.

Ante nuevos incendios devastadores en zonas donde la vegetación predominante está compuesta por estas especies exóticas, crece nuevamente el llamado a transformar el modelo forestal diversificando el tipo de especies que se usa e integrando otros tipos de uso de suelo que ayuden a enlentecer el paso de las llamas.