Con la victoria de Lula Da Silva en la segunda vuelta presidencial de Brasil, el gran pulmón verde del planeta gana un nuevo respiro: Lula ha logrado que la tasa de deforestación de la Amazonía llegue a su mínimo histórico luego de haber aumentado casi en 60% bajo el gobierno de Jair Bolsonaro.
Brasil también se jugaba en esta elección el debilitamiento de sus instituciones ambientales, la eliminación de las políticas climáticas y del Ministerio de Pueblos Indígenas que ha delimitado y restituido tierras ocupadas por la minería ilegal, y la posición firme ante las presiones de Estados Unidos por extraer minerales críticos de Latinoamérica.
Aunque el movimiento ambientalista celebra la victoria de Lula, también advierte que existen algunas contradicciones ambientales en la posición del nuevo presidente, aunque también hay esperanza de dialogar y llegar a acuerdos. La principal alerta ambiental y científica que levanta Lula es la aspiración por extraer más petróleo y gas, y sobre todo la explotación petrolera cerca de la Amazonía.
Lula y el petróleo
Cuando Petrobras encontró petróleo bajo el mar frente a la desembocadura del río Amazonas en el límite con Guyana, Lula Da Silva describió el hallazgo como un hito para la soberanía nacional, que además ayudaría a financiar la transición hacia energías limpias y otras tecnologías para proteger al medio ambiente.
Da Silva ha sido claro en su apoyo a la explotación petrolera: aunque promueve un retiro gradual de los combustibles fósiles en el marco de las negociaciones internacionales que nacieron en la COP 30 celebradas en Brasil, ha aclarado que no va a renunciar a la explotación del petróleo brasilero, para enriquecer a su pueblo y evitar que otros lo exploten.
El mandatario reelecto también ha impulsado la perforación terrestre de pozos petroleros en la selva y la pavimentación de una carretera que cruza la Amazonía, despertando polémicas con comunidades locales y activistas.
Según explica ante el medio Mongabay Latam la coordinadora de políticas públicas del Observatorio do Clima, Suely Araújo, el mandato de Lula está invirtiendo mucho en energías renovables pero más aún en expandir la producción de petróleo.
La mitad de ese petróleo se exporta y se quema en China, aportando también al calentamiento global aunque estas emisiones no se midan como parte del balance climático del país, alerta la activista.
Derecha en el Congreso y diálogo
Otra preocupación es la predominancia de la derecha en el Congreso, con posiciones que son muy contrarias a la acción climática y la protección del medio ambiente, por lo que se prevé que las cuestiones ambientales serán un constante punto de conflicto en este ámbito, donde además se tramitan actualmente proyectos de ley que flexibilizan normas ambientales y dificultan la fiscalización.
A pesar de estas alertas, las organizaciones ambientales ven en la victoria de Lula una defensa a la democracia y a un espacio en que se pueden establecer diálogos, a diferencia del escenario que enfrentarían bajo un gobierno de ultra derecha con discursos negacionistas de la crisis climática.