Las muertes por calor alcanzaron un récord de 710.000 en 2023, según el informe 2026 del Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, publicado este miércoles en la revista The Lancet en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Del total, el 71,5% puede atribuirse al cambio climático causado por la actividad humana.
El estudio, liderado por el University College London (UCL), analiza 54 indicadores y compara la década posterior a la entrada en vigor del Acuerdo de París, en 2016, con la anterior. Su conclusión es que los efectos del cambio climático sobre la salud no solo aumentaron, sino que se aceleraron en numerosos ámbitos.
¿Cuántas muertes por calor se atribuyen al cambio climático?
Entre 2016 y 2023, el calor estuvo asociado con un promedio de 540.800 muertes al año, de las cuales 369.940 (68,4%) se atribuyen al cambio climático. Además, los países con un índice de desarrollo humano (IDH) bajo registraron la mayor proporción de estas muertes. Según los autores, esto refleja un impacto desproporcionado sobre quienes menos responsabilidad tienen en la crisis.
A ello se suma el costo económico. La exposición al calor provocó la pérdida de 573.000 millones de horas potenciales de trabajo en 2025, con pérdidas de ingresos de US$1,07 billones. En los países de IDH bajo, esa cifra equivalió al 5% del producto interno bruto (PIB), frente al 0,5% en los de IDH muy alto.
¿Qué revela el informe sobre la sequía extrema?
En paralelo, las sequías afectaron al 51,8% de la superficie terrestre durante al menos un mes en 2025, el segundo nivel más alto registrado. Entre 2016 y 2025, el área afectada creció un 704% más rápido que entre 2006 y 2015.
Según el informe, las olas de calor y la sequía extrema amenazan cada vez más la seguridad alimentaria. Asimismo, el documento advierte que el actual episodio intenso de El Niño podría agravar estos efectos y desencadenar crisis humanitarias.
¿Qué papel juegan los combustibles fósiles?
Pese a los avances, los combustibles fósiles aún suministran el 80,7% de la energía mundial. Entre 2016 y 2024, los países destinaron US$6,20 billones a subvenciones netas a estos combustibles. Solo en 2024, diez países gastaron más en ellas que en sus sistemas de salud.
Por otra parte, en marzo de 2026 se proyectaba que las 100 mayores empresas de petróleo y gas superarían en un 150% para 2040 los niveles de producción compatibles con limitar el calentamiento a 1,5 °C. El informe también consigna que Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París en 2025 y revirtió normativas climáticas clave.
No obstante, el estudio identifica avances. En el 53,6% de los 140 países evaluados disminuyeron las muertes por contaminación atmosférica ligada a combustibles fósiles, lo que evitó unas 323.000 muertes al año. Además, la inversión mundial en energías limpias superó en 82% a la de combustibles fósiles en 2025. A su vez, 56 países cuentan con un plan nacional de adaptación de la salud, frente a solo 14 en 2015.
¿Qué piden los investigadores?
Con estos antecedentes, los autores advierten que la ventana para evitar un futuro “potencialmente catastrófico” se cierra rápidamente. Por ello, proponen crear un nuevo instrumento de la OMS que reconozca formalmente el cambio climático como una emergencia de salud mundial. La propuesta llega de cara a la COP31, que se realizará en noviembre en Antalya, Turquía.
Entre sus prioridades figuran reducir de forma urgente y equitativa las emisiones de gases de efecto invernadero, situar la salud en el centro de la acción climática y aumentar la financiación para las intervenciones en clima y salud.