Un jueves de noviembre, a las 14:00 horas después de almorzar, las niñas y niños de un 6º básico junto a su profesor se esfuerzan por aprender y enseñar. El termómetro marca 30ºC y quedan 90 minutos de clase.
Los eventos meteorológicos extremos que se hacían cada vez más intensos a raíz del Cambio Climático se agudizan con la ocurrencia del Niño. La temperatura es uno de los elementos del clima que progresivamente se ha ido modificando al alza. El calor extremo es una amenaza que afecta directamente a cada niña y niño durante su vida escolar.
De acuerdo con el informe anual 2025 de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), los meses de noviembre, diciembre y marzo en la Región Metropolitana tuvieron temperaturas máximas superiores a 30ºC en forma frecuente. Estas 11 semanas son claves para los aprendizajes: allí se inicia lo nuevo, se activa y refuerza lo aprendido el año anterior, se inician los aprendizajes del año, y se consolida lo ya realizado.
En su informe Educación a prueba de calor en América Latina y el Caribe (2025) El BID advierte que, si las escuelas no cuentan con medios para garantizar temperaturas en sus aulas que favorezcan los procesos de aprendizaje, entonces estos disminuyen considerablemente: “cuando las temperaturas superan los 26,7ºC, los aprendizajes disminuyen de forma sistemática” La vulnerabilidad de los y las estudiantes aumenta junto con la temperatura.
“Cada día de calor adicional, disminuye en un 1% los aprendizajes de un año escolar. Estas pérdidas se acumulan a lo largo de la trayectoria educativa y tan solo 10 días de calor al año pueden representar hasta 1,2 años de escolaridad, lo que a su vez puede traducirse en una disminución del 11% de los ingresos laborales futuros de los estudiantes afectados”, entonces el efecto acumulativo a lo largo de toda la escolaridad influye de forma relevante, no solo en lo que se aprende y en lo que se deja de aprender durante un periodo breve, sino que impacta también en su éxito futuro, en el mundo laboral y en la continuidad de estudios.
De acuerdo con el informe del Centro de Predicción Climática (CPC) publicado en el sitio de la NOAA el 8 de octubre del presente año, el Niño continúa fortaleciéndose, con más de 83% de probabilidad de pasar de fuerte a muy fuerte en el periodo de enero a marzo de 2027, por lo tanto, es muy posible que la frecuencia de días con temperaturas superiores a los 30ºC aumente.
Los y las estudiantes más afectados, serán aquellos de escuelas con menores recursos, aumentando la brecha entre los aprendizajes esperados y los efectivamente logrados. Desarrollar capacidades en las escuelas para adaptarse al cambio climático y en particular al calor extremo, es un desafío posible de resolver.
Transformar las salas de clases en espacios con mejor aislación térmica y ventilación, aumentar la superficie viva y verde en los patios, asegurar la hidratación de los estudiantes, reverdecer y complementar el currículo, reorganizar el horario, transformando la amenaza en una oportunidad para formarlos comprometidos y resilientes es la tarea que las y los adultos tenemos. La comunidad escolar debe transformarse en un modelo de adaptabilidad climática, desarrollando sus capacidades, disminuyendo su vulnerabilidad actual y futura.
El cambio Climático, no se suspende al cierre del año escolar. Durante los meses de enero y febrero, la probabilidad de aumentar el número de días con temperaturas sobre los 30ºC pasa de frecuente a casi siempre. La escuela estará presente a través de los aprendizajes que las niñas y niños realizaron para disminuir el riesgo y protegerse, transfiriendo buenas prácticas a sus familias. La escuela, su comunidad, madres, padres, apoderadas, apoderados, profesoras, profesores y sostenedores tenemos mucho que decir y, sobre todo, mucho que hacer.