martes 27 de octubre de 2026
Cambios

Viñas chilenas migran al sur por la sequía y la agrivoltaica surge como escudo climático

La falta de lluvias llevó a Concha y Toro, Miguel Torres, Casa Silva y Montes a plantar en Maule, Osorno, Lago Ranco y Chiloé. En paralelo, ensayos en Francia muestran que los paneles solares sobre las vides reducen el calor, el riego y el alcohol del vino.

27 de octubre de 2026 - 13:30

El cambio climático está redibujando el mapa del vino chileno. La sequía sostenida en la zona central y el alza de las temperaturas llevaron a algunas de las principales viñas chilenas a plantar cada vez más al sur, en territorios que hasta hace pocas décadas se consideraban demasiado fríos y lluviosos para la vitivinicultura.

En paralelo, en Europa avanza una alternativa tecnológica que busca proteger los viñedos sin trasladarlos: la agrivoltaica, que instala paneles solares sobre las hileras de vid.

La vid ha sido históricamente un cultivo resistente, capaz de prosperar en suelos pedregosos y con poca agua. Sin embargo, las olas de calor, la reducción de las precipitaciones y el descenso de las napas subterráneas han llevado esa resistencia al límite en varias zonas productoras, desde la cuenca del Mediterráneo hasta el Valle Central chileno y la región de Cuyo, en Argentina.

De hecho, el calor extremo acelera la acumulación de azúcares en la uva, lo que eleva el grado alcohólico del vino, mientras reduce su acidez natural y altera la síntesis de taninos y polifenoles. A ello se suman las quemaduras en los racimos expuestos a la radiación directa y la pérdida de estructura del suelo por falta de humedad. El resultado son vinos desequilibrados y cosechas más vulnerables.

Viñas chilenas que se han trasladado al sur por el cambio climático

En Chile, el desplazamiento ya tiene nombres propios. Viña Concha y Toro, la mayor productora del país, reconoce que la falta de lluvias la empujó hacia el sur. "Durante los últimos 50 años hemos visto precipitaciones cada vez menores, y en Concha y Toro hemos pasado los últimos 20 años moviéndonos al sur, donde llueve más", afirmó su director técnico, Marcelo Papa, en entrevista con la revista británica The Drinks Business.

Según la compañía, hace dos décadas cerca del 33% del Cabernet Sauvignon de Casillero del Diablo, su vino más vendido, provenía del Valle del Maipo. Con la sequía, esa proporción cayó al 10%, y hoy la mayor parte de la uva llega desde el sur, principalmente del Maule, donde las lluvias permiten prescindir del riego.

Más al sur, Miguel Torres Chile, fundada en Curicó en 1979, adquirió terrenos en Osorno, en la Región de Los Lagos, donde produce un Sauvignon Blanc de su línea Cordillera y experimenta desde 2017 con espumantes de Chardonnay y Pinot Noir. "El sur es el futuro del vino espumoso", sostuvo en 2019 su enólogo, Eduardo Jordán, quien destacó el clima frío y la mezcla de suelos volcánicos y aluviales de la zona.

En esa línea, el entonces gerente general de la empresa, Jaime Valderrama, reconoció en 2021 que "el cambio climático ha traído nuevas oportunidades, como Osorno", un valle donde caen cerca de 1.500 milímetros de lluvia al año. La familia Torres fue incluso más lejos: según reportó Bloomberg en 2020, compró un predio en la Patagonia chilena, a unos 800 kilómetros al sur de Osorno, como un experimento de largo plazo.

Asimismo, Casa Silva, viña con origen en el Valle de Colchagua, plantó un viñedo en Futrono, a orillas del Lago Ranco, en la Región de Los Ríos, donde elabora Pinot Noir y espumantes. Allí, la masa de agua del lago amortigua el frío de la zona.

El caso más extremo es el de Viña Montes, que plantó dos hectáreas en la isla Añihué, en el archipiélago de Chiloé, a 42,6 grados de latitud sur. El proyecto, con cepas como Albariño, Riesling, Pinot Noir y Sauvignon Blanc, surgió de una conversación entre Aurelio Montes y el climatólogo Fernando Santibáñez, de la Universidad de Chile.

No obstante, migrar no es una alternativa para todos. Según Bloomberg, adaptar los cultivos a la escasez hídrica cuesta alrededor de 3.000 dólares por hectárea, una cifra abordable para grandes compañías, pero prohibitiva para pequeños productores, muchos de ellos ligados a denominaciones de origen históricas.

¿Cómo funciona la agrivoltaica en los viñedos?

Frente a ese escenario, la agrivoltaica propone proteger la vid en su lugar. La técnica consiste en instalar paneles solares en estructuras elevadas, a cuatro o cinco metros del suelo, sobre las hileras de vid, lo que permite el paso de maquinaria y trabajadores.

Algunos sistemas incorporan sensores y algoritmos que ajustan la inclinación de los paneles durante el día para alternar entre generar energía y dar sombra en las horas de mayor radiación.

La empresa francesa Sun'Agri es una de las que más ha avanzado en este campo. En Domaine de Nidolères, en los Pirineos Orientales, los viticultores Pierre y Martine Escudié plantaron en 2018 cinco hectáreas bajo paneles y mantuvieron una parcela de control sin cubrir. En la cosecha de 2024, el rendimiento bajo los paneles fue un 60% mayor en Chardonnay, un 30% en Marselan y un 20% en Garnacha blanca.

Además, Sun'Agri informó que el sistema redujo las necesidades de riego entre un 20% y un 70%, amortiguó caídas de temperatura de hasta dos grados durante las heladas y permitió obtener vinos con 1,5% menos de alcohol, preservando la acidez. La empresa también reporta un enfriamiento de hasta cuatro grados bajo los paneles durante olas de calor.

Por su parte, una investigación liderada por Damien Fumey, de Sun'Agri, junto al Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE) y la Universidad de Montpellier, concluyó en viñedos de Garnacha tinta en Piolenc que la sombra intermitente redujo el estrés térmico y evitó daños como la defoliación y el deshidratado de las bayas. En Alemania, la Universidad de Geisenheim estudia el mismo modelo con su proyecto VitiVoltaic.

Proyectos agrivoltaicos en Chile

En Chile, Fraunhofer Chile instaló en 2018 los primeros tres pilotos agrivoltaicos de América Latina, en El Monte, Curacaví y Lampa, con financiamiento del Gobierno Regional Metropolitano. Cada planta tiene una capacidad de 13 kWp y genera hasta 20,8 MWh al año. Sin embargo, los ensayos se realizaron con hortalizas como brócoli y coliflor, y no con vides.

Más allá de la sombra, la energía solar generada sobre el viñedo puede abastecer a la propia bodega. La vendimia, el prensado, el control de temperatura durante la fermentación y el almacenamiento refrigerado concentran su demanda eléctrica en verano, justamente cuando la radiación es mayor. Los excedentes pueden inyectarse a la red o almacenarse en baterías.

Finalmente, la transición enfrenta obstáculos. El costo inicial de las estructuras sigue siendo una barrera para productores medianos y el impacto en el paisaje de valles turísticos genera debate. Investigadores de Fraunhofer han advertido, además, que en Chile aún existen brechas de investigación, rentabilidad y legislación para escalar la tecnología.

Así, mientras las grandes viñas buscan nuevos terruños en el sur, la agrivoltaica se perfila como una vía para que los valles tradicionales sigan produciendo vino.

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