Los 26 cerros isla de Santiago concentran una de las principales reservas de suelo sin urbanizar de la capital. Sin embargo, su transformación en parques públicos choca con un dato estructural: cerca del 80% de su superficie es de propiedad privada. Así lo advierten las organizaciones que trabajan en su protección y reforestación, que valoran los avances en Renca y Chena, pero reclaman políticas públicas que permitan abrir estos espacios a la ciudadanía.
La discusión tomó fuerza con la sexta edición del Día de los Cerros, organizada por la Fundación Cerros Isla con el patrocinio del Ministerio del Medio Ambiente. La jornada contempló 170 actividades gratuitas en 130 cerros de 13 regiones. En ese contexto, El Desconcierto conversó con Fernanda Ruiz, directora ejecutiva de la Fundación Cerros Isla; Suzanne Wylie, directora ejecutiva de la Fundación Reforestemos, y Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.
El potencial es amplio. Según la Fundación Cerros Isla, si estos cerros se consolidaran como áreas verdes públicas, el índice de la capital pasaría de 3,7 a 11,7 metros cuadrados por habitante. Andrade agregó que cerca del 70% de los cerros se ubica en sectores de mayor vulnerabilidad social. "Puede ser súper relevante desde el punto de vista de la equidad urbana en el acceso a naturaleza", sostuvo.
En esa línea, Wylie dimensionó la brecha. En Santiago, solo un tercio de las personas tiene una plaza a menos de 400 metros de su vivienda, y apenas el 5,7% accede a diez metros cuadrados de áreas verdes por habitante.
La propiedad privada frena la recuperación de los cerros isla
De acuerdo con Ruiz, los instrumentos de planificación territorial ya designan estos cerros como áreas verdes, parques intercomunales o zonas de rehabilitación ecológica. El problema, explicó, es que no hay herramientas claras para desarrollar un área verde de beneficio público sobre un terreno privado. Esos mecanismos, precisó, "existen, pero no están lo suficientemente visibilizados o existen en otros países y acá no".
Por el contrario, los casos que han prosperado se apoyan en suelo público. Ruiz mencionó las 200 hectáreas municipales de Renca, el terreno del Gobierno de Santiago en Chena y el Cerro Calán, entregado a la Municipalidad de Las Condes para su desarrollo. "En muchos casos incluso hay una voluntad política, pero se ven entrampados", afirmó, en referencia a municipios que no tienen recursos para adquirir un cerro. Como antecedente, recordó que el Cerro San Cristóbal fue expropiado para levantar el parque.
En muchos casos incluso hay una voluntad política, pero se ven entrampados En muchos casos incluso hay una voluntad política, pero se ven entrampados
Andrade coincidió en que el financiamiento es el nudo central. A su juicio, el desarrollo de estos espacios dependerá de la capacidad de articulación entre actores públicos y privados. Como ejemplos citó a la Asociación Parque Cordillera, que según sus cifras reúne a más de siete municipios y más de 27.000 hectáreas, y el anuncio del Parque Manquehue, de más de 4.700 hectáreas. A esto sumó la Plataforma de Compensaciones Cerros Isla, que permite destinar compensaciones ambientales a la conservación de estos cerros.
Avances en los cerros isla de la capital
Ruiz recordó que la fundación inició su trabajo hace cerca de 13 años. En ese entonces, los cerros consolidados como parques eran pocos, entre ellos el San Cristóbal y el Santa Lucía. Hoy, en cambio, es posible visitar el Cerro Calán, el Cerro del Medio, La Cantera, Chena y Renca. "No es que nosotros hayamos desarrollado todos esos parques, pero sí hemos incidido en esa toma de decisiones", precisó.
En el caso de La Cantera, Andrade destacó que el proyecto se impulsa junto a un privado para convertir el cerro en un espacio abierto. Lo calificó como "una muy buena señal", porque muestra que estos terrenos pueden transformarse en parques más allá de lo que establece la regulación.
Uno de los avances más visibles es el del Parque Metropolitano Cerros de Renca, que abarca 207 hectáreas administradas por la Municipalidad de Renca. Según el alcalde Claudio Castro, el cerro suma la reforestación de casi 75.000 árboles. Mientras tanto, avanza el Plan Maestro del Agua, que reutilizará aguas industriales tratadas aportadas por Coca-Cola Andina para el riego permanente. Además, el proyecto considera una cartera público-privada de US$14,5 millones para obras de agua, senderos, miradores y rehabilitación ambiental. Una valoración de CAF estima que el parque aportará US$8,9 millones anuales en beneficios ecosistémicos al 2035.
No obstante, el cerro enfrenta una amenaza. El Grupo Saesa proyecta instalar 28 torres de alta tensión y una subestación eléctrica dentro del parque, iniciativa que la Municipalidad de Renca rechazó públicamente. Castro cuestionó que la misma empresa construya en el sector oriente de Santiago un proyecto similar con cables soterrados.
En Chena, en tanto, el parque de 55 hectáreas financiado por el Gobierno de Santiago, con una inversión de más de $40.900 millones, estuvo en riesgo por la falta de recursos para su mantención. Tras meses de disputa con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el 8 de octubre ambas instituciones acordaron que la cartera asumirá la mantención una vez que se reciban las obras.
¿Qué políticas públicas faltan para proteger los cerros de Santiago?
Para Ruiz, el país requiere políticas que faciliten la gestión de parques en terrenos públicos o privados. Esas políticas, planteó, deben incorporar un nuevo concepto, el parque natural urbano. Se trata de un modelo intermedio entre el parque tradicional, con mucha infraestructura y pasto, y una reserva intocada, con menores costos de desarrollo y mantención.
Asimismo, Ruiz identificó un déficit de cultura de cerro y de montaña, que se traduce en riesgos para las personas y en ecosistemas erosionados por basura y mal uso. A ello sumó un desafío de paisaje: valorar la vegetación nativa de la zona central, con matorrales, cactáceas y tonos ocres. "Estamos acostumbrados a un paisaje importado más europeo, de grandes manchones de pasto y árboles altísimos", afirmó.
Tenemos que valorar la vegetación nativa de la zona central, con matorrales, cactáceas y tonos ocres Tenemos que valorar la vegetación nativa de la zona central, con matorrales, cactáceas y tonos ocres
Desde Reforestemos, Wylie apuntó a la planificación urbana con anticipación. A su juicio, la vulnerabilidad de un territorio se construye con el tiempo, cuando coinciden la pérdida de vegetación, la degradación de suelos, los incendios, las lluvias intensas y la expansión urbana. "El desafío es que el trabajo comience antes de la emergencia y que la naturaleza sea parte de las decisiones con que planificamos y construimos nuestras ciudades", sostuvo.
El desafío es que el trabajo comience antes de la emergencia y que la naturaleza sea parte de las decisiones con que planificamos y construimos nuestras ciudades El desafío es que el trabajo comience antes de la emergencia y que la naturaleza sea parte de las decisiones con que planificamos y construimos nuestras ciudades
La fundación ha plantado en 15 años más de 1,7 millones de árboles nativos en 177 comunas. Actualmente trabaja junto a la Asociación Parque Cordillera en la restauración del Parque San Carlos de Apoquindo y en Bosque Santiago, dentro del Parque Metropolitano. Para 2027, proyecta llevar su programa de arbolado urbano a las diez comunas del Gran Santiago identificadas por Barrios por el Clima como las más afectadas por el calor extremo.
Finalmente, Andrade subrayó que los cerros isla no solo son espacios de esparcimiento. También son lugares "que nos ayuden a adaptarnos de mejor forma al cambio climático", por su rol en la regulación térmica e hidrológica, la biodiversidad y la identidad urbana. Ruiz, por su parte, enfatizó la singularidad de Santiago: "Son pocas ciudades a nivel mundial donde uno todavía encuentra espacio al interior de la ciudad que no ha sido construido".
Son pocas ciudades a nivel mundial donde uno todavía encuentra espacio al interior de la ciudad que no ha sido construido Son pocas ciudades a nivel mundial donde uno todavía encuentra espacio al interior de la ciudad que no ha sido construido