América Latina atraviesa una transformación urbana marcada por el crecimiento acelerado de sus metrópolis y, al mismo tiempo, por un giro hacia la sostenibilidad. Diversas capitales de la región, como Santiago, han situado la electromovilidad y la preservación ambiental en el centro de sus agendas públicas, aunque ese avance convive con una amenaza urgente: los efectos directos del cambio climático.
En ese contexto, Santiago se ubica en la cúspide regional según el Índice IESE Cities in Motion (ICIM), elaborado por el Centro de Globalización y Estrategia de la escuela de negocios IESE.
En su edición más reciente, la capital chilena fue calificada como la ciudad más sostenible e inteligente de América Latina, superando a Buenos Aires, Montevideo y Ciudad de México. El estudio destaca especialmente su desempeño en movilidad y transporte, además de gobernanza.
¿Por qué destaca Santiago en electromovilidad?
El principal argumento de este liderazgo es la flota de buses eléctricos de la capital, una de las más grandes del mundo fuera de China. Según cifras del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, la ciudad supera los 3.000 vehículos de este tipo, cifra que la posiciona como referente global en la materia. A esto se suman planes de descarbonización y de ampliación de áreas verdes urbanas.
Sin embargo, el liderazgo de Santiago no es un caso aislado. Otras capitales de la región avanzan en frentes distintos. Buenos Aires, por ejemplo, ha expandido su red de ciclovías y su sistema público de bicicletas, EcoBici, reduciendo emisiones en el microcentro porteño mediante corredores peatonales.
Ciudad de México, por su parte, ha reestructurado sus sistemas de transporte masivo con electrificación gradual y monitoreo de la calidad del aire.
Ciudades sobresalientes en la región
Montevideo se apoya en que más del 95% de su electricidad proviene de fuentes renovables —eólica, solar e hidroeléctrica—, lo que le permite mantener una de las huellas de carbono más bajas del continente por habitante.
Curitiba, en tanto, conserva su legado como pionera histórica desde que inventó su sistema de autobuses de tránsito rápido (BRT) en la década de 1970, complementado hoy con programas comunitarios de reciclaje.
Los principales desafíos climáticos
Pese a estos avances, las ciudades de la región enfrentan retos estructurales que condicionarán su desarrollo. Santiago y Ciudad de México atraviesan crisis de disponibilidad de agua, derivadas del retroceso de glaciares y la sobreexplotación de acuíferos.
A esto se suma el efecto de isla de calor urbana, que eleva las temperaturas en zonas periféricas durante olas de calor cada vez más frecuentes, y la necesidad de invertir en infraestructura de drenaje pluvial ante inundaciones y tormentas extremas.
Por último, el financiamiento y la equidad ambiental aparecen como el desafío de fondo: garantizar que el transporte limpio y la infraestructura verde beneficien también a las periferias marginadas, y no únicamente a los sectores urbanos de mayores ingresos.