El acelerado avance de la crisis climática y la falta de viviendas en las ciudades están obligando a miles de familias a instalarse en zonas propensas a desastres naturales, como inundaciones o aluviones. Frente a esta crisis, la infraestructura actual no responde al peligro.
La mayoría de los hogares no están construidos para soportar temperaturas extremas ni cortes de servicios básicos. Por esta razón, en conversación con Radio UdeC, especialistas de la Universidad de Concepción plantean que la construcción sostenible y la planificación urbana deben dar un giro urgente.
Este cambio de paradigma debe sostenerse desde la autosuficiencia comunitaria y mejorando las condiciones de aislamiento y ventilación de las casas para convertirlas en refugios seguros frente a las emergencias.
Replanteando la localización y la respuesta comunitaria
Frente a esta coyuntura, la ubicación geográfica de los hogares se vuelve un factor crítico de supervivencia y bienestar. María Isabel Rivera, profesora asociada de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía, enfatizó que “la otra pregunta que debemos hacernos es dónde nos estamos emplazando, en qué parte de la ciudad”.
A este debate territorial se suma la dimensión comunitaria dentro del propio entorno habitacional. Patricia Huerta, epidemióloga y profesora asociada del Departamento de Salud Pública de la misma casa de estudios, recalcó que la resiliencia debe trabajarse en conjunto.
“La gran pregunta que queremos que la gente se haga es si su casa o departamento –no como unidades individuales, sino como comunidad–, están preparadas para estas eventualidades que van a ser cada vez más recurrentes”.
Diseño interior, salud física y autonomía
La adaptación no abarca solo la ubicación, sino también el confort térmico y el resguardo dentro de las edificaciones. Según la postura de las académicas, “la preparación de casas y departamentos debe contemplar que estos espacios sirvan como refugio ante climas extremos que serán cada vez más comunes”.
Para lograr esto, argumentan que “incorporar este aprendizaje en el diseño interior de las edificaciones implica plantear preguntas sobre el aislamiento térmico para soportar el calor, la eficiencia energética para calefacción, el control de la humedad mediante una mejor ventilación y la orientación solar”.
Un diseño residencial adecuado incide en forma directa en la salud pública de la población. Las expertas advierten que “un mejor sistema de ventilación, menos humedad y un adecuado aislamiento térmico están vinculados a menos crisis respiratorias, menos brotes alérgicos y cardiovasculares, y una mejor regulación de la presión arterial. En general, esto contribuiría a una mejora en la calidad de vida de las personas, que debería estar en el centro de cualquier planificación comunitaria”.
Infraestructura compartida vs. espacios de lujo
En el ámbito de la vivienda colectiva, las autoras abogan por cambiar las prioridades edilicias hacia la autosuficiencia en emergencias. Subrayan que “en el caso de edificios de departamentos, es crucial considerar la sostenibilidad comunitaria".
Esta sostenibilidad "consiste en crear espacios privados junto a áreas comunes adecuadas para labores que son más eficientes de realizar colectivamente, como lavanderías, secaderos de ropa, reservorios de agua potable y sistemas de refrigeración de alimentos, así como calefacción y enfriamiento con independencia energética, al menos por algunos días en caso de fallos en los suministros públicos”.
Bajo esta mirada, las áreas de esparcimiento tradicionales pasan a un segundo plano. Las investigadoras destacan que “contar con un espacio común para estas necesidades en momentos de estrés climático es fundamental, ya que también mejora la habitabilidad cotidiana. (…) Para las familias, estas necesidades son más prioritarias que contar con un quincho, una sala de estar o un café de trabajo”.
Actualización normativa y parque habitacional envejecido
Esta imperiosa reconversión de prioridades exige modificar el modelo con el que se diseñan los proyectos inmobiliarios.
Al respecto, María Isabel Rivera apuntó a la urgencia de reestructurar los marcos normativos, señalando que “hoy en día la ordenanza tuvo una actualización muy importante, que estábamos esperando hace 13 años, y los estándares constructivos, en términos de aislación térmica, son mucho más estrictos que lo que había antes, pero lamentablemente tenemos un stock de casas que no aplica esa normativa y debemos actualizarla para rehabilitar las viviendas que ya existen”.
Finalmente, para la también investigadora de Cedeus, la respuesta no debe depender únicamente de estamentos externos, sino de la acción proactiva y del rigor normativo: “no hay que esperar que las soluciones vengan de otra parte, hay que tener autonomía (…) también hay que mejorar y fiscalizar más los niveles de construcción”.