lunes 21 de septiembre de 2026
Opinión

El crimen de Letelier:  "Yo soy chileno, nací chileno y como chileno también moriré..."

Exactamente 50 años atrás ocurrió el atentado al ex ministro y diplomático nacional en territorio estadounidense, hito que provocó la disolución de la DINA y el nacimiento de la CNI, y finalmente la caída de Michel Townley, Manuel Contreras y Pedro Espinoza.

21 de septiembre de 2026 - 05:00

Washington D.C., Sheridan Circle, a dos kilómetros de la Casa Blanca, martes 21 de septiembre de 1976, 9:35 horas, hace exactamente medio siglo. El automóvil Chevrolet Chevelle azul conducido por Orlando Letelier del Solar, excanciller y exembajador chileno en Estados Unidos, acompañado por los esposos Michel y Roni Moffitt, vuela por el aire causando la muerte de Letelier y la señora Moffitt.

Once días antes, el 10 de septiembre, a menos de 24 horas del tercer aniversario del golpe, en el Diario Oficial se había publicado el Decreto Supremo N° 588, que quitaba la nacionalidad a Letelier. Se le acusaba de realizar en el extranjero una campaña que atentaba gravemente contra los intereses de Chile. El documento tenía la firma del General Augusto Pinochet y todos sus ministros, entre ellos: Raúl Benavides, ministro del Interior; Patricio Carvajal, de Relaciones Exteriores; Herman Brady, de Defensa; Sergio de Castro, de Economía; Sergio Fernández, del Trabajo.

La noche del 10 de septiembre, en el Madison Squar Garden de Nueva York, en un acto de solidaridad con el pueblo chileno, Letelier respondía a la afrenta. “Yo nací chileno, soy chileno y como chileno también moriré. Ellos nacieron traidores, viven como traidores y serán recordados para siempre como traidores”.

Orlando Letelier del Solar había nacido en Temuco en 1932. Era abogado de la Universidad de Chile, y militaba en el Partido Socialista. Trabajó durante años en el Banco Interamericano de Desarrollo. En 1971, Salvador Allende lo nombró embajador en Estados Unidos. En 1973 sucesivamente asumió los ministerios de Relaciones Exteriores, Interior y Defensa.

El martes 11 de septiembre de 1973 fue detenido en su oficina en el Ministerio de Defensa, trasladado a la Escuela Militar y a Isla Dawson. Al año siguiente partió al exilio a Estados Unidos. Por su influencia en los círculos gobernantes norteamericanos y el temor a que integrara un gobierno chileno en el exilio, la dictadura decidió acabar con su vida.

Manuel Contreras y Pedro Espinoza con la venia de Augusto Pinochet diseñaron un plan para dar muerte al excanciller. Este consistía en que una bella agente de la DINA lo llevaría hasta la habitación de un hotel donde le aplicarían gas Sarín, que le provocaría un paro cardíaco fulminante, que los forenses confundirían con un infarto.

Para implementar la estrategia, el oficial de ejército Armando Fernández Larios y Michel Townley se trasladaron a Asunción para sacar pasaportes paraguayos. Pinochet llamó a Stroessner para facilitar el trámite. Conseguidas las identidades a nombre de Juan Williams Rose (Townley) y Alejandro Romeral Jara (Fernández), solicitaron visa en el Consulado estadounidense. El personal consular sospechó, negó las autorizaciones, y guardó una copia de las fotografías.

Más adelante, el 26 de agosto, Fernández Larios utilizando un pasaporte chileno con el nombre de Armando Faúndez, y Mónica Lagos, la femme fatale seleccionada para esta misión, como Liliana Walker, ingresaron a Estados Unidos.

Dos semanas después, el 9 de septiembre, Townley, alias Kenneth Enyart, portando un frasco de Chanel N°5 con el gas Sarín producido por Eugenio Berríos, arriba al aeropuerto Kennedy de Nueva York. En uno de los baños del terminal aéreo se reúne con Fernández Larios, que ese mismo día retorna a Chile. Éste le entrega las carpetas con toda la información que ha recopilado, y también le informa que Mónica Lagos no ha podido acercársele a Letelier.

Modifican el plan. Lo asesinarán en un atentado explosivo como lo hicieron con el General Prats. Para esto, Townley se dirige a Nueva Jersey, para reunirse con los terroristas Guillermo e Ignacio Novo, Virgilio Paz y Dionisio Suárez del MNC. El norteamericano les pide que colaboren con el asesinato a cambio de armas y dinero. Los cubanos aceptan, proporcionando explosivos y vigilancia sobre Letelier.

Enseguida, en la habitación 412 del Regency Congress Hotel, Townley arma una bomba a base de explosivo plástico C-4 proporcionado por los caribeños, y el sistema de control remoto que la haría explotar.

Con todo preparado, en la noche del domingo 19 de septiembre, mientras en Chile Pinochet se dispone a encabezar la tradicional parada militar, Townley se mete bajo el Chevrolet azul estacionado en la casa de Bethesda, Maryland. Con imanes y cinta adhesiva fija la bomba debajo del asiento del conductor.

Dos días después, a las 9:15 de la mañana del 21 de septiembre, Letelier y los esposos Moffitt en el automóvil familiar se dirigen al trabajo. A corta distancia los sigue un vehículo Sedan gris conducido por Dionisio Suárez, acompañado de Virgilio Paz. En la rotonda Sheridan Circle, Paz, con el control remoto a prueba de interferencias, activa el explosivo. El auto estalla…

El atentado causa impacto mundial. En los círculos de poder de EE.UU. y en la prensa se intenta culpar a grupos de izquierda. En una entrevista de María de Martini publicada en Ciper (22-11-2023), titulada: “Alan McPherson, Historiador Estadounidense que Investigó el Atentado Contra Orlando Letelier (…)”. Explica que en Estados Unidos “La CIA, el Departamento de Defensa, diarios como The New York Times y The Washington Post (…) consideraron que Pinochet no podía haber planificado un crimen tan tonto, y que era más posible que fuera un grupo izquierdista violento buscando culpar a Pinochet de asesinar a un izquierdista moderado (…)”.

“Los diarios chilenos brindaron incluso más conjeturas, relata McPherson en [su libro] Matar a Letelier: (…). El Mercurio sostuvo que Letelier y los Moffitt se dirigían a la embajada chilena con una bomba cuando la explosión ocurrió”. La prensa chilena intentaba hacer creer que Letelier era un terrorista a quien le había explotado la bomba que iba a colocar en la Embajada de Chile. Desechando esas ideas, la investigación de la fiscalía de EE.UU. puso en la mira a la estructura de inteligencia de Chile.

Entonces, el 12 de agosto de 1977, por el Decreto Ley Nº 1.876, la dictadura disolvió la DINA creando en su lugar la CNI. Manuel Contreras dejo de ser el director, pero siguió en el Ejército hasta mayo del año siguiente.

El 5 de marzo de 1978, el diario El Cronista citaba una declaración de Augusto Pinochet: “Puedo jurar que nadie en el Gobierno chileno planeó algo como eso. Letelier fue detenido en Chile, y yo fui quien le dio su libertad y autorización para que abandonara libremente el país”. El general trataba de desviar la investigación pensando que se acercaban a él y a sus cercanos.

Mientras esto pasaba en Chile, en EE.UU. el FBI descubrió a los cubanos quienes confesaron que actuaron con un rubio chileno-norteamericano. También rastrearon el nombre de Juan Williams Rose, contenido en el pasaporte paraguayo de Townley, que en una tienda había comprado equipos de vigilancia para la dictadura chilena.

Más adelante, el 4 de marzo de 1978, cuando el Fiscal Eugene Propper, encargado del caso se encontraba en Chile, en la portada de El Mercurio, bajo el título: “Investigan presuntos vínculos chilenos en el caso Letelier”, se publicaron las fotos de Townley y Fernández Larios que habían quedado en el Consulado de EE.UU. en Paraguay. Muchas personas reconocieron los rostros y se comunicaron con la embajada.

Ya la dictadura no podía sostener que nada sabía del hecho, por lo que el 8 de abril de 1978, Michel Towney fue expulsado de Chile por haber infringido la ley de extranjería. Entregando al autor material del crimen las autoridades sostenían que colaboraban con la justicia norteamericana.

Pero, la maniobra no resulto como la planearon, pues Townley al sentirse traicionado declaró aclarando el crimen. Estados Unidos pidió la extradición de Manuel Contreras y Pedro Espinoza.

En octubre de 1979, actuando de acuerdo con la dictadura, la Corte Suprema presidida por Israel Borquez, negó las extradiciones, argumentando que las pruebas basadas en testimonios de un forajido como Townley, no eran válidas en Chile.

Contreras y Espinoza eran intocables.

Once años después, ya en democracia, a raíz del reportaje de Manuel Salazar: “Yo soy Liliana Walker” publicado en La Época del 17 de abril de 1990, en que Mónica Lagos reconoció ser la mujer que acompañó a Fernández Larios a EE.UU., se reabrió el caso Letelier. La Corte Suprema designó a Adolfo Bañados como ministro en Visita. Fue este juez con una pequeña brigada de Investigaciones quien probó que la DINA había planeado el crimen.

El 30 de mayo de 1995, la Corte Suprema dejó a firme la sentencia de 7 años de prisión para Manuel Contreras y 6 años a Pedro Espinoza. El 21 de octubre de 1995, Contreras ingresó a Punta Peuco a cumplir su condena. Augusto Pinochet, el máximo responsable de la DINA, nunca fue juzgado.

En la tumba de Orlando Letelier en el Cementerio General una placa recuerda sus palabras: “Nací chileno, soy chileno y moriré chileno”.

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