-Primero se conocieron los 56 decretos para condenados por delitos sexuales y después los casos de Punta Peuco, Miguel Arias y Manuel del Carmen Cabezas, que ya habían salido en libertad. ¿Qué opina de como se han manejado estos casos?
El problema es que todo lo hacen a espaldas, por debajo de la mesa, a escondidas, para que nosotros no nos enteremos. Pero igual la gente se entera, igual nosotros nos enteramos. Tienen que entender que esto es violento: todo lo que ha hecho este gobierno es violento con los familiares y con las víctimas.
Imagínate a esas mamás, a esos papás, a esas familias que se enteran de que el violador de su hija anda en la calle y perfectamente puede estar haciendo lo mismo de nuevo. No piensan. Si la noticia no hubiese salido a la luz, nadie se habría enterado y nadie habría dicho nada. Como salió, tuvieron que retractarse.
-También se conoció que el subsecretario de Justicia, Luis Silva, pidió tramitar de forma reservada un recurso vinculado a la rebaja de condena de un exagente de la CNI. ¿Qué es lo mínimo que se puede esperar en términos de consecuencias?
Con ellos no hay ninguna consecuencia. Ellos son lo que son y nunca van a mirar por nosotros, por el pueblo, por las víctimas, por lo que hicieron. Imagínate todo lo que fueron capaces de hacer. El ministro fue abogado de Pinochet, sabiendo lo que significó Pinochet. Entonces no podemos esperar nada de ellos. Nada.
“Vamos a enfrentarlo como lo hicimos en dictadura”
-Se habla de batalla cultural, pero también se ve un resurgir del enojo y la rabia. ¿Cómo cree que está el termómetro social respecto de la defensa de los derechos humanos?
Creo que la gente de repente se aburre de tanta cosa sucia, de tanta manipulación del gobierno. Como pasó el 18 de octubre, con la revuelta popular, la gente empieza a aglutinarse y a querer salir.
Ayer, en la manifestación contra el ministro Rabat frente a La Moneda, un carabinero le pegó con el escudo en la cabeza a una compañera de la agrupación y se la rompió. Así responden ellos: de manera brutal. Pero la gente igual está por salir a la calle. No vamos a permitir que esto siga, aunque nos castiguen o nos peguen.
Estamos acostumbrados. Tuvimos que enfrentar la dictadura, que fue muy cruenta, y esto es bien parecido. Son formas de querer callar a la gente.
-¿Y cómo se enfrenta eso como sociedad?
De la misma manera como lo hicimos en dictadura, no más. Creo que no nos va a quedar otra. Enfrentarnos con inteligencia, como organización, y organizar a la sociedad. Organizarnos como grupo va a ser la única manera. La unidad y la lucha: no nos queda otra.
-En el último tiempo han surgido discursos que niegan, minimizan o caricaturizan los derechos humanos, como si fueran solo para algunos. ¿Cómo explicaría de manera simple qué son y por qué importan?
Los derechos humanos son la vida. La vida nuestra, la del ser humano, la vida que debemos defender. Y la pregunta es cómo somos capaces de unirnos y enfrentar esto organizadamente, porque es la única manera.
Hay que organizar a todas las organizaciones sociales y de derechos humanos. Tenemos que ser capaces de unirnos, porque ellos saben que las organizaciones se dispersan, se separan, y cada una anda por su lado. Lo peor que le puede ocurrir a la sociedad, y a nosotros en este tema, es desunirnos.
Ahora estoy a cargo de la agrupación, pero tenemos un gran equipo. Acá no es que yo sea la presidenta y nada más: somos un colectivo. Como equipo vamos a trabajar con todas las organizaciones de derechos humanos, porque es la única manera de enfrentar a este gobierno fascista. Porque es un gobierno fascista: tiene todas las características de una dictadura, solo que lo eligió la gente, desgraciadamente.
“Un INDH sin dientes”
-Se habla de democracias iliberales, que llegan al poder por la vía democrática y luego erosionan los contrapesos. Un ejemplo sería el proyecto de reforma al INDH presentado el 19 de octubre, que reduce su Consejo de 11 a cinco integrantes, recorta su personal y elimina su facultad de querellarse. Lo han rechazado exconsejeros, funcionarios y 23 Premios Nacionales. ¿Cómo lo toma la agrupación?
Es terrible, porque nosotras, como agrupación, fuimos precursoras del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Trabajamos en su creación junto con diputados y senadores. Tuvimos muchas conversaciones y fuimos muchas veces a ver cómo podía ser. Hicimos un tremendo trabajo. Al final, el instituto no salió como queríamos: le fueron quitando cosas y fueron pactando.
Es que todo se ha pactado. Ese es el problema: todo ha sido en la medida de lo posible.
-Una lógica muy binominal.
Por eso. Porque se pactó: una vez tú, después yo. Y esas cosas no sirven. Venía pensando por qué estamos metidos en todo esto. Es porque desde un principio, cuando terminó la dictadura, se pactó la democracia. Desde ahí ha reinado la impunidad, desde que empezamos con esta supuesta democracia. Todo ha sido en la medida de lo posible: yo pacto, tú para allá, yo para acá. Y el resultado es lo que tenemos ahora.
Todo lo que está pasando es consecuencia de la impunidad en este país, porque no fuimos capaces de hacerlo bien desde un principio. Fue muy fácil quedarse con la Constitución. Nunca la cambiamos. Y cuando quisimos cambiarla, ellos, que tienen la plata, los medios y las comunicaciones, no nos dejaron. A veces la gente no entiende completamente de qué se está hablando y se deja llevar por lo que le dicen. Ahí perdimos esa tremenda oportunidad.
Ahora, con este gobierno fascista, obviamente van a querer censurar al INDH. Obviamente lo van a querer terminar. Es una forma de acabar con todas las organizaciones y aparatos de derechos humanos que nos sirven.
Hoy conversaba con la compañera Rosa, a la que le rompieron la cabeza. Me decía que iba a ir al Instituto de Derechos Humanos para que la ayudaran con un abogado. Y yo pensaba: ¿qué abogado le van a poner ahora, si le están cortando las manos, los pies, todo al instituto? Entonces tenemos que gritar, hablar, salir, protestar. ¿Qué otra cosa nos queda? No nos queda otra cosa que salir.
“Tenemos que aprender de Brasil”
-En el proceso constitucional hubo mucha desinformación. En Brasil, la campaña de Lula tuvo que movilizar a millones de personas para romper las restricciones de Meta a sus cuentas. Aquí, el caso de Bernarda Vera se usó para generalizar y revivir el discurso de que los detenidos desaparecidos son falsos. ¿Cómo se construye una narrativa sencilla que dispute esas noticias falsas?
Tenemos que aprender, como aprendió Brasil. Tenemos que usar las mismas técnicas que usan ellos, las mismas redes. Si ellos fueron capaces de llegar a la gente de esa manera, nosotros también vamos a tener que hacerlo.
Estuve en Brasil un poquito antes de las elecciones, en Florianópolis, y vimos cómo la gente salió a la calle. Era impresionante: los carnavales que se formaban, las caminatas. Fue genial. Salieron los niños, los jóvenes, los viejos, todos. Era algo que a uno lo llena de esperanza.
Eso tenemos que hacer: salir a la calle y usar las mismas redes que ellos, de la misma manera. Y, como tú dices, con palabras cortas, con mensajes cortos, para que a la gente le quede. Como dijo un compañero, cuyo nombre no recuerdo, que hablaba de un ejército de Lula en las redes. Nosotros hemos dejado mucho de lado esos métodos, no hemos sabido ocuparlos, y a ellos les han resultado. Pero en Brasil los usaron y lograron revertirlo. Tenemos que aprender de lo que hacen los demás.
-Para cerrar, ¿qué mensaje les daría a los jóvenes y a quienes nos ven? ¿Hay una señal de esperanza?
Nosotros estamos de pie, estamos luchando y vamos a seguir luchando. Creo que se nos va a ir la vida luchando, pero con alegría. Tenemos que unirnos todos, sin diferencias. Aquí no se trata de que yo quiera ser más protagonista: acá todos tenemos que ser protagonistas. Todos tenemos que salir a la calle y usar las redes, los jóvenes y los viejos. Y aprender de lo que les sucedió a nuestros vecinos de Brasil. Llamamos a la gente a la unión, a organizarse y a unirse. Ese es mi llamado.