El desperdicio de alimentos en Chile supera los 3,7 millones de toneladas al año, según cifras difundidas por el Ministerio de Agricultura a partir de estudios universitarios. El dato cobra relevancia este martes 29 de septiembre, cuando se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.
La fecha, propulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), busca visibilizar una contradicción: cerca de 645 millones de personas padecieron hambre en 2025, según el informe SOFI 2026 de Naciones Unidas, mientras una parte relevante de la comida producida termina en la basura.
En el ámbito doméstico, cada habitante del país genera en promedio 88 kilos de desperdicio alimentario al año, por sobre la media mundial, que oscila entre 74 y 79 kilos. A su vez, un estudio de la Universidad de Talca estimó que cada persona bota cerca de $200.000 anuales en alimentos. El pan, las verduras y las frutas encabezan la lista.
¿Cómo afecta al medioambiente el desperdicio de alimentos?
La comida que se descompone en vertederos y rellenos sanitarios libera metano. Además, cada alimento desechado implica perder el agua, los fertilizantes y el trabajo invertidos en su producción.
En esa línea, César Mattar, director del Magíster en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Universidad Mayor, explicó en conversación con El Desconcierto que "el impacto principal está en que disminuye la vida útil de los rellenos sanitarios".
El impacto principal está en que disminuye la vida útil de los rellenos sanitarios El impacto principal está en que disminuye la vida útil de los rellenos sanitarios
El académico advirtió que en el país "aproximadamente el 50% no son rellenos sanitarios, sino vertederos", donde los residuos se tratan "con menor preocupación sobre los impactos ambientales". Por esa razón, "se generan vectores de enfermedades, esto también puede ser transmitido a aves como cóndores, jotes", sostuvo.
El problema también alcanza a la economía familiar, "sobre todo ahora que los precios están tan caros de todos los productos", agregó Mattar.
Políticas públicas contra el desperdicio de alimentos
Desde 2020 funciona la Comisión Nacional para la Prevención y Reducción de las Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, coordinada por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa). En paralelo, el Ministerio del Medio Ambiente impulsa la Estrategia Nacional para Prevenir y Reducir las Pérdidas y Desperdicios de Alimentos al 2040.
Sin embargo, el instrumento aún no se publica. "Entiendo que este 2026 debiera publicarse y ahí abordarse los distintos aspectos o debilidades que tiene Chile", apuntó Mattar, quien planteó como necesario que "el Estado pueda dirigir acciones que vayan a disminuir esta generación de residuos".
Es necesario que el Estado pueda dirigir acciones que vayan a disminuir esta generación de residuos Es necesario que el Estado pueda dirigir acciones que vayan a disminuir esta generación de residuos
En el Congreso, el Senado despachó en 2020 un proyecto que prohíbe destruir alimentos aptos para el consumo y obliga a los supermercados a donarlos, iniciativa que pasó a la Cámara de Diputados. A ello se suma un proyecto de ley de residuos orgánicos en tramitación.
Del mismo modo, aplicaciones como Cheaf y GoodMeal venden excedentes o productos próximos a vencer a precios reducidos. Cheaf ofrece "bolsas sorpresa" de supermercados como Jumbo y Santa Isabel, mientras GoodMeal comercializa packs de restaurantes, cafeterías y verdulerías con descuentos de hasta un 70%.
"Me parece que es una muy buena iniciativa. Creo que se necesita diversificar este tipo de negocio", afirmó Mattar. No obstante, apuntó una contradicción: "La producción de alimentos no satisface toda la demanda del país y a pesar de eso tenemos pérdidas de alimentos".
Reducir el desperdicio de alimentos en el hogar
Especialistas recomiendan revisar la despensa antes de comprar, elaborar una lista cerrada, guardar frutas y verduras por separado y congelar los sobrantes.
Asimismo, sugieren consumir hortalizas con formas no estándar y distinguir entre la fecha de caducidad, que marca el límite sanitario, y la de consumo preferente, que indica hasta cuándo el producto conserva su calidad óptima.