Los humedales flotantes son plataformas artificiales cubiertas de plantas acuáticas que flotan sobre la superficie de un cuerpo de agua para depurarlo de forma natural. A diferencia de los sistemas de tratamiento convencionales, no requieren suelo ni grandes obras de infraestructura, ya que se instalan directamente sobre lagunas o estanques existentes.
En ese contexto, un equipo de la RMIT University, en conjunto con Westernport Water y la agencia científica CSIRO, comprobó que instalar humedales flotantes en lagunas de aguas residuales puede reducir de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero. El ensayo se desarrolló durante dos años en la planta de tratamiento de Cowes, en Phillip Island, sureste de Australia.
Degradar la contaminación
La infraestructura instalada consistió en una plataforma de 330 metros cuadrados cubierta de vegetación autóctona, cuyas raíces permanecieron sumergidas en el agua residual. Estas raíces favorecieron el desarrollo de biofilms microbianos, comunidades capaces de transformar nutrientes y gases contaminantes.
El mecanismo combina tres procesos: el crecimiento hidropónico de las plantas, que dejan sus raíces colgando libremente en el agua; la absorción directa de nitrógeno, fósforo y materia orgánica; y la acción de microorganismos que degradan la contaminación en la superficie radicular.
Los resultados del estudio en Phillip Island
Los efectos se registraron apenas cuatro meses después de iniciado el ensayo. En el mejor escenario, la reducción alcanzó un 36% en dióxido de carbono (CO2), un 66% en metano (CH) y un 18% en óxido nitroso (NO), en comparación con una laguna de control sin humedal flotante. En promedio, la disminución fue de 30% en CO, 63% en CH y 17% en NO.
El metano concentra especial atención, ya que si bien permanece menos tiempo en la atmósfera que el CO2, su efecto de calentamiento es mucho más intenso en las primeras décadas. Al respecto, Lukas Schuster, investigador principal del estudio en el Centro de Soluciones Positivas para la Naturaleza de RMIT, explicó que "es la primera vez que existe evidencia a esta escala" de que fortalecer las comunidades microbianas en las raíces de las plantas acuáticas puede reducir las emisiones de aguas residuales "sin depender de soluciones de alta tecnología". El estudio fue publicado en la revista Journal of Environmental Management.
Ventajas y limitaciones de esta tecnología
Entre sus principales ventajas, los humedales flotantes no requieren construir nuevas instalaciones ni grandes equipos electromecánicos, pueden instalarse sobre lagunas ya existentes y no reducen la capacidad de almacenamiento frente a inundaciones. Se trata, además, de un complemento a los sistemas de depuración intensivos, no de un sustituto universal.
Sin embargo, los porcentajes registrados en Phillip Island no pueden extrapolarse de manera automática a otros contextos. Los resultados dependen de la temperatura, la estación del año, la concentración de nutrientes, las especies vegetales utilizadas y la superficie cubierta. A ello se suma la necesidad de mantenimiento de la vegetación y de gestión de la biomasa retirada, además de calcular el costo por tonelada de CO2 equivalente evitada para compararlo con otras medidas climáticas.
¿Qué potencial de aplicación tiene en Australia?
Actualmente, Australia cuenta con 1,8 millones de balsas agrícolas. Por ello, RMIT ya prueba humedales flotantes en este tipo de infraestructuras para evaluar de manera simultánea la calidad del agua, la biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero.
Si estos resultados se confirman, la superficie potencial de aplicación sería considerable, con beneficios tanto para la agricultura como para la mitigación del cambio climático en el sector del agua.