Chile enfrenta una demanda creciente por descontaminar sus cuerpos de agua y reducir la escasez hídrica, dos desafíos que dependen en gran medida del trabajo de empresas especializadas en el tratamiento de aguas residuales y Residuos Industriales Líquidos (Riles).
Estas compañías diseñan, construyen y operan plantas que devuelven a ríos, canales y suelos un agua libre de contaminantes, con impacto directo en la salud pública, los ecosistemas y la biodiversidad que depende de esos cuerpos de agua.
Diversas empresas y tecnologías
En el país existe un ecosistema de proveedores con distintas tecnologías. Ecopreneur trabaja con membranas, desalinización y tratamiento de Riles para minería, alimentos y el sector público. BioFiltro utiliza su sistema patentado BIDA®, basado en lombrifiltración, para tratar aguas servidas y Riles con alta carga orgánica.
Wetland S.A. ofrece soluciones descentralizadas para condominios, hoteles e industrias, mientras que Ecosystem fabrica plantas modulares con tecnologías MBR, MBBR y lodos activados. A ellas se suman BioKube Chile, con sistemas compactos "Plug & Play" para condominios y zonas rurales, e Hidronor, enfocada en la recuperación de efluentes industriales complejos para su reincorporación en procesos productivos.
¿Por qué Chile se adelantó en el tratamiento de aguas?
César Opazo, Country Manager de Ecopreneur Chile, explicó a El Desconcierto que la compañía nació en 1996, cuando un grupo de inversionistas chilenos identificó una oportunidad en el área ambiental. El desarrollo del sector se aceleró con la creación de la Superintendencia de Servicios Sanitarios en 1998, que permitió concesionar a privados los servicios de agua potable, alcantarillado y tratamiento.
"El modelo de privatización y el modelo de concesión puso a una empresa privada de cara a los clientes", señaló Opazo, quien detalló que entre 1998 y 2006 se construyó la mayoría de las plantas de tratamiento municipal del país.
Según el ejecutivo, ese proceso permitió que Chile alcance hoy estándares equivalentes a los europeos y superiores a los de algunos estados de Estados Unidos. La clave, dijo, está en la regulación: la Superintendencia fija tarifas que permiten recuperar la inversión sin subsidios estatales, a diferencia de lo que ocurre en gran parte de la región.
La clave está en la regulación: la Superintendencia fija tarifas que permiten recuperar la inversión sin subsidios estatales, a diferencia de lo que ocurre en gran parte de la región La clave está en la regulación: la Superintendencia fija tarifas que permiten recuperar la inversión sin subsidios estatales, a diferencia de lo que ocurre en gran parte de la región
"Nosotros en Chile, cualquier persona común y corriente paga 50 dólares, 100 dólares por su cuenta de agua mensual. En otros países pagan 10 dólares, o es gratis, o la mitad de la gente no paga", comparó.
Ecopreneur forma parte del grupo alemán SKion Water, controlado por la empresaria Susanne Klatten, y ha desarrollado más de 700 proyectos de aguas residuales en Chile, además de cerca de 1.300 soluciones sumando aguas limpias y sucias en la región.
Entre sus clientes figuran empresas de alimentos y bebidas, la industria salmonera, mineras como BHP y Codelco, y sanitarias como Aguas Andinas y el grupo Aguas Nuevas. La compañía cuenta con más de 25 proyectos en los que el agua tratada sale con menos de 5 partes por millón de sólidos y de Demanda Biológica de Oxígeno (DBO), calidad apta para reúso.
Opazo destacó, además, que actualmente se actualiza el Decreto Supremo N° 90, norma que regula la descarga de Riles a aguas superficiales y que se volverá aún más exigente.
El aporte de la vermifiltración al tratamiento de Riles
Angélica Solar, Encargada de Marketing y Ventas de BioFiltro, contó a nuestro medio que la empresa se formalizó en 2010, aunque su tecnología se originó en 1995 con el "sistema Tohá", creado por el profesor Guillermo Tohá y perfeccionado por Alex Villagra, quien fundó BioFiltro junto a Matías Sondereguer y Rafael Concha.
En 2011, la compañía ganó el premio Clean Tech Open en Silicon Valley, lo que le abrió el mercado en Estados Unidos y hoy le permite operar también en Europa.
El sistema BIDA® emplea lombrices y microorganismos para degradar la materia orgánica del agua residual en apenas cuatro horas, sin generar lodos ni residuos sólidos que deban trasladarse en camiones a vertederos. "Nuestra tecnología no es física nuclear: son regadores, son bombas de agua, lombrices. Y harta cabeza, harto diseño, harto análisis", resumió Solar. El proceso produce, además del agua tratada, un sustrato rico en humus que puede usarse para mejorar suelos agrícolas.
BioFiltro trabaja con estaciones de servicio de Copec y Shell, viñas, queserías y plantas procesadoras de alimentos, y suma más de 270 proyectos en el mundo y más de 60 operaciones activas en Chile. Solar subrayó que la ausencia de residuos sólidos y el bajo consumo energético del sistema son su principal aporte ambiental frente a otras tecnologías.
El subproducto que generamos se llama vermicompost: un sustrato rico en materia orgánica, sanitizado y beneficioso para el suelo, compuesto por chips de madera y humus de lombriz El subproducto que generamos se llama vermicompost: un sustrato rico en materia orgánica, sanitizado y beneficioso para el suelo, compuesto por chips de madera y humus de lombriz
"El gran aporte medioambiental de nuestra tecnología es la no generación de sólidos", afirmó, y agregó que en Estados Unidos la empresa certifica bonos de carbono por el metano que evita emitir, un modelo que espera replicar en Chile para incentivar la adopción de este tipo de soluciones.
Cada empresa que utiliza el sistema de BioFiltro logra entre un 80 y un 95% de remoción. Imagen: BioFiltro
El rol de la normativa chilena
Tanto Opazo como Solar coincidieron en que la normativa ambiental —que incluye la Ley de Delitos Económicos y Ambientales, la cual sanciona directamente a los ejecutivos responsables— exige un piso mínimo de cumplimiento, pero el verdadero aporte ambiental depende de ir más allá de ese estándar.
Solar explicó que existen tres tipos de descarga —a riego, a cuerpos de agua superficiales y por infiltración— y que cada una tiene parámetros específicos según la ubicación geográfica y las características del suelo receptor.
Para ambas empresas, la meta compartida es que el agua tratada vuelva a los ecosistemas sin generar un pasivo ambiental adicional. Mientras Ecopreneur apunta a diversificar su oferta hacia sectores como la piscicultura, donde ya trabaja con Ecosalmon en Río Güelde, BioFiltro busca expandir soluciones domiciliarias para localidades rurales que aún no cuentan con alcantarillado.
En ambos casos, el desafío es el mismo: reducir la escasez hídrica, evitar la contaminación de ríos y suelos, y proteger la biodiversidad y la salud de las comunidades que dependen de esos cuerpos de agua.