A 36 años de la unificación, no se puede afirmar que nada haya cambiado. Las ciudades del este han sido transformadas y las condiciones de vida son distintas; sin embargo, la equiparación plena con el Oeste sigue inconclusa. Este complejo panorama socioeconómico, agravado por el éxodo de jóvenes, la llegada de flujos migratorios y otros factores sociopolíticos, ha servido de caldo de cultivo para el resurgimiento de movimientos y partidos de extrema derecha.
Alternativa para Alemania (AfD) fue creada en 2013 por exmilitantes de colectivos minoritarios de extrema derecha, antiguos afiliados frustrados con el rumbo de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), integrantes del Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD) —de marcado corte etnonacionalista— y académicos afines a postulados radicales. En sus inicios, el partido centró su discurso en el euroescépticismo, proponer el abandono de la Unión Europea y el retorno al marco alemán, fase en la que no cosechó un gran éxito electoral.
Su segunda etapa se consolidó durante la crisis migratoria europea, cuando Alemania acogió a más de un millón de refugiados e inmigrantes procedentes principalmente de Siria, Afganistán e Irak, quienes buscaban asilo ante la persecución política y religiosa de regímenes autocráticos. Este fenómeno ocurrió durante el tercer gobierno de gran coalición encabezado por la canciller Angela Merkel. AfD capitalizó el descontento social generado por la política de puertas abiertas y sus desafíos logísticos, sociales y económicos.
Entre 2021 y 2025, AfD logró afianzarse como un actor político de relevancia nacional sin precedentes para una formación de ultraderecha. Durante este periodo, figuras clave de su cúpula mantuvieron discursos con guiños explícitos al pasado nazi, rozando la inconstitucionalidad y situando al partido bajo la vigilancia de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV).
Con la guerra ruso ucraniana, esta organización política está en desacuerdo con la gran ayuda que el gobierno de Zelensky recibe de parte del alemán, sea en su momento con Scholz (SPD) y en la actualidad con el Canciller demócrata cristiano, Merz. Abogan por el término del conflicto y por el restablecimiento de las relaciones con Rusia, sobre todo por el suministro de Gas y Petróleo que son mucho más económico para alemania que los que importan desde EEUU y otras naciones occidentales.
En el plano electoral, en las generales de septiembre de 2021 —que llevaron a la Cancillería al socialdemócrata Olaf Scholz—, AfD obtuvo el 10,34 % de los votos y 83 escaños, retrocediendo un 2,6 % respecto a las mismas del 2017. No obstante, el salto cuantitativo tuvo lugar en las elecciones generales anticipadas de febrero de 2025, donde alcanzó el 20,80 % de los sufragios, convirtiéndose en la segunda fuerza del Bundestag con 152 escaños.
En el “septiembre azul” de 2026 —denominado así por el color corporativo de la formación—, se celebraron comicios regionales en Sajonia-Anhalt (2,1 mill. Hab.), Mecklemburgo-Pomerania Occidental (1,6 Mil, Hab.) y Berlín (3,7 Mill. Hab.). El 6 de septiembre, AfD ganó en Sajonia-Anhalt con el 43,8 % de los votos, logrando además la presidencia del parlamento regional para Tobias Rauch con el apoyo de sus parlamentarios, de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) y de 5 diputados de la CDU.
Este hito quebró por primera vez el denominado “cordón sanitario”, diseñado para evitar pactos institucionales entre la ultraderecha y las fuerzas democráticas. Asimismo, el 20 de septiembre, AfD fue la fuerza más votada en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,8 %, mientras que en Berlín alcanzó el 16,3 %.
Este avance electoral y el vertiginoso respaldo ciudadano representan un fenómeno de trascendencia insoslayable para el futuro democrático del país, cabe destacar que estos triunfos electorales de la ultraderecha se dan en Estados regionales de baja densidad poblacional.
El crecimiento electoral de AfD resulta incuestionable, posicionándose como la principal fuerza de oposición al gobierno del canciller Friedrich Merz en el parlamento federal. Las encuestas sugieren que, de celebrarse elecciones generales de manera inmediata, AfD se situaría como la lista más votada. La CDU y el propio canciller Merz han sufrido de forma directa este impacto, registrando una fuga constante de votantes hacia la ultraderecha, fenómeno que también afecta al SPD. Muestra de esta erosión es que, por primera vez desde 1949, la CDU quedó fuera de un parlamento regional al no alcanzar el umbral del 5 % en Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Los socialdemócratas (SPD) atraviesa un marcado retroceso electora a nivel federal y regional —salvo excepciones como Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde obtuvo el 35,5 %, asegurando la continuidad de Manuela Schwesig—.
Los Verdes también experimentan un descenso electoral, aunque en menor escala. En contraste, Die Linke (La Izquierda) ha mostrado signos de recuperación tras alcanzar un 8,8% a nivel general y consolidar su base social bajo el lema “menos escritorios, más territorio”, como se constató en las recientes elecciones regionales de Berlín.