¿Y cuales son los efectos en la salud de estas sustancias químicas?
Uno de los principales efectos es ser disruptores del sistema endocrino. El sistema endocrino desencadena y regula procesos de crecimiento, desarrollo y respuestas a cambios en el organismo humano. Determina el desarrollo de todos nuestros órganos, del sistema nervioso, inmune, reproductivo, incluso nuestro estado de ánimo, cómo dormimos, la densidad de nuestros huesos, nuestra actividad sexual, y prácticamente todo lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo a lo largo de nuestras vidas.
Son glándulas que emiten hormonas que son captadas por órganos que responden a ellas. Los disruptores endocrinos son sustancias muy parecidas a las hormonas, que al ser percibidas por los órganos, éstos se confunden y las absorben como si fueran hormonas, solo que los disruptores hormonales no desencadenan los procesos que las hormonas se encargan de iniciar, regular o detener.
Los bisfenoles, los ftalatos, los alquilfenoles, los retardantes de llama bromados, las sustancias perfluoradas, el benzotriazol como estabilizador de la radiación UV y los metales tóxicos, son disruptores hormonales presentes en productos plásticos de uso cotidiano.
Los disruptores hormonales pueden distorsionar el metabolismo, el comportamiento, el desarrollo del cerebro y sus funciones, provocar infertilidad, trastornos del crecimiento, del sueño, provocar enfermedades crónicas y agudas, disfunciones reproductivas como reducción de fertilidad, abortos, e infertilidad. El Bisfenol A se asocia a cáncer de mama, próstata, ovario y útero.
Los ftalatos y las sustancias perfluoradas son disruptores del sistema inmune, de las funciones del hígado y la tiroides, se relacionan con baja de peso al nacer, pubertad alterada, aumento del riesgo de contraer cáncer de mama, se asocia a cáncer de riñón, testículos, próstata, ovarios y linfoma no-hodkin.
Los alkyfenoles se relacionan con infertilidad masculina, baja contabilidad de espermios, disrupción del desarrollo de la próstata, cáncer de mama femenino y masculino en personas expuestas en sus trabajos.
Los retardantes de fuego bromados son disruptores del desarrollo reproductivo en hombres y mujeres, alteran el desarrollo de la tiroides, y afectan el desarrollo del sistema nervioso.
Metales pesados como el plomo y cadmio afectan en especial a niñas y niños generando problemas en el desarrollo del sistema nervioso, desórdenes digestivos, anemia, bajo coeficiente intelectual. El cadmio puede provocar cáncer.
Todas estas sustancias están presentes en productos plásticos de uso cotidiano:
- El plomo y cadmio se usan para brindar colores, como el rojo, el naranja, el amarillo en productos de plástico, que pueden incluir juguetes
- Los retardantes de fuego bromados se encuentran en juguetes, artículos electrónicos, productos de plástico reciclado (sobre todo cuando son de color negro), ropa, muebles, almohadas.
- Los alkyfenoles están en el PVC y plumavit.
- Las sustancias perfluoradas están en envases y envoltorios de comida y ropa resistente al agua.
- Los ftalatos están en el PVC, envases de comida y bebida, juguetes, etc.
- El bisfenol A está en botellas de bebidas, contenedores de comida, boletas de impresión térmica.
El costo del daño a nuestra salud producto de la exposición a estas sustancias lo pagamos todas y todos, pero en especial las personas que están en etapas de desarrollo y cambios hormonales, como las mujeres embarazadas, los recién nacidos, las niñas y niños, las y los adolescentes, personas en etapas de climaterio, menopausia y andropausia.
¿Podemos tener productos plásticos libres de sustancias tóxicas?
Las sustancias tóxicas antes mencionadas se usan en los plásticos para otorgar propiedades a los productos. Algunas de las funciones de esas sustancias son: otorgar flexibilidad, resistencia a los rayos UV, biocidas, antiestática, retardantes de llama, reticuladores, color.
Es decir, sin esas sustancias, algunos productos plásticos serían menos flexibles, menos resistentes a los rayos UV, acumularían más estática, serían más inflamables, y no tendrían colores, cualidades que están muchas veces vinculadas a promover el consumo por la estética y no porque el producto en sí mismo lo necesite para la función que cumple.
También podemos dejar de comprar muchos productos plásticos y optar por alternativas fabricadas con otros materiales: madera, lana, algodón, metal, vidrio, papel. Porque las alternativas existen, y no podemos seguir hipotecando nuestra salud para favorecer la fabricación y venta de productos que no son indispensables pero sí altamente contaminantes, bajo un sistema comercial que ni siquiera nos informa los riesgos a los que nos sometemos cuando los usamos.
La regulación de estas sustancias es fundamental para proteger la salud y el futuro de la humanidad. No esperemos a que se cumplan las peores predicciones que indican que para el 2045, el conteo de espermios humanos puede llegar a cero (Shanna H. Swan y Stacey Colino, Count Down. Simon & Schuster, Nueva York, 2021).