En el capítulo 1. “Políticas públicas y multifactorialidad de la obesidad” del libro Problemas de Salud Pública y Ciencias Sociales. Divergencias e inequidades de Mario Ociel Moya y Gabriel Guajardo Soto, editado por FLACSO Chile 2026, se aborda en profundidad el problema de la obesidad en Chile.
La situación no ha mejorado y las políticas públicas siguen sin visibilizar ni dar una respuesta adecuada a la magnitud de este problema. Si la obesidad aumenta, también se incrementan todas las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT), incluidas enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer, lo que genera un grave problema para los sistemas de salud debido al aumento de la carga de enfermedad.
El estudio de Carga de Enfermedad 2021, publicado en The Lancet el 28 de febrero de 2025, proyectó las cifras de obesidad al año 2050. Para esa fecha se estima que el número total de adultos con sobrepeso y obesidad alcanzará los 3.800 millones de personas, es decir, más del 60% de la población adulta mundial. En los niños y niñas de 5 a 14 años, se proyecta que 186 millones (15,6 %) vivirán con obesidad. Asimismo, el informe sobre nutrición del año 2025 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) reveló que, por primera vez, la obesidad en los niños, niñas y adolescentes entre 5 a 19 años superó al bajo peso a nivel mundial.
En el caso de Chile, las proyecciones son aún más preocupantes: para el año 2050 se estima que el 30% de niños y niñas entre 5 a 14 años y el 56,3% de los adultos serán obesos.
Es evidente que, hasta ahora, las políticas para prevenir la obesidad han sido insuficientes. Nuestro modelo curativo está sobrepasado por la creciente demanda asociada a las ECNT, situación que se expresa en listas de espera que no disminuyen. A ello se suma la ausencia de políticas efectivas de promoción y prevención de salud, especialmente frente a un problema tan complejo y multifactorial como es la obesidad.
Tampoco existe suficiente conciencia por parte de la población para exigir políticas públicas más eficientes. Medidas ampliamente recomendadas a nivel internacional, como la educación en alimentación saludable y actividad física en las escuelas, no han contado con el apoyo necesario del sector educación, que aún no considera la obesidad infantil como un problema. Asimismo, muchos padres no dimensionan la gravedad que representa la obesidad para sus hijos. Como consecuencia, este gravísimo problema se mantiene invisibilizado tanto para la opinión pública como para quienes toman decisiones.
Junto a lo anterior, el ambiente existente en el país es altamente obesogénico, promoviendo de manera permanente el consumo de alimentos no saludable con una intensa publicidad. A ello se han agregado, en los últimos años, los llamados "días de" el completo, las sopaipillas, los donuts, las papas fritas, las hamburguesas, las pizzas y otros productos, que además son distribuidos a los hogares por numerosas empresas de “delivery”.
El tiempo frente a pantallas continúa aumentando. Estudios internacionales muestran que en Chile los niños, niñas y adolescentes, permanecen, en promedio10,2 horas al día frente a las pantallas, más que otros países analizados (Australia, Canadá, Chile México, UK y USA), donde el promedio no supera las nueve horas (BMJ Open 2022, 12 e058913). Esto favorece el sedentarismo y el consumo de alimentos no saludables, con consecuencias graves no solo en salud física, sino también para la salud mental, afectando el desarrollo cognitivo y emocional.
Chile lleva varias décadas bajo un modelo neoliberal que favorece el consumo de bienes y servicios como automóviles, electrodomésticos, dispositivos electrónicos, internet, bebidas gaseosas azucaradas, alimentos procesados y comida rápida, dejando en un segundo plano problemas básicos como salud, educación y convivencia social.
Esto se refleja en el elevado acceso de la población a automóviles, electrodomésticos y dispositivos electrónicos como celulares, computadores o tablets. Como me decía un trabajador agrícola de una comuna cercana a Santiago, que esperaba más de dos años para ser operado de cadera: “Tengo casa, auto, televisor, celular, internet, hasta un hijo que logró llegar a la universidad, pero no tengo acceso a la salud”.
En Chile, las personas perdieron el acceso a servicios básicos propios de un Estado de Bienestar, como es el acceso equitativo, oportuno y de calidad en salud pública, como existió hasta la década de 1970 en el país, con logros tan importantes como fueron la drástica disminución de la mortalidad materna e infantil y la erradicación de la desnutrición a fines de la década de 1980.
Mientras el país no avance desde el modelo neoliberal actual hacia un Estado de Bienestar como el de países nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia), en varios países europeos (España, Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Portugal) o en naciones como Canadá, Australia o Nueva Zelanda, los problemas de salud no se resolverán y la obesidad seguirá aumentando.