El mar se perfila como el nuevo frente de la energía solar. Las plataformas fotovoltaicas flotantes marinas avanzan como alternativa para ampliar la generación renovable sin competir por el uso del suelo con la agricultura, la urbanización o la conservación ambiental, uno de los principales obstáculos de este tipo de energía.
A diferencia de las plantas en tierra, ubicar los paneles en el mar ofrece ventajas de rendimiento. El agua actúa como sistema de refrigeración natural, lo que reduce la temperatura de operación y eleva la eficiencia eléctrica de las celdas entre un 10% y un 15%. A esto se suma una irradiación solar más constante, al haber menos obstáculos geográficos.
Además, estas estructuras pueden hibridarse con parques eólicos marinos ya existentes, compartiendo la red eléctrica y el cableado submarino de transmisión, lo que permite amortizar los costos de infraestructura.
Desafíos y dificultades
Sin embargo, operar en alta mar implica superar un entorno hostil. Las plataformas quedan expuestas a cargas dinámicas extremas provocadas por olas, mareas y vientos de temporal, mientras el ambiente salino acelera la corrosión de los materiales.
A ello se agrega el biofouling, la incrustación de organismos marinos que añade peso y fricción a las estructuras. Por ahora, los requerimientos de fondeo, anclajes dinámicos y cableado resistente encarecen estos proyectos, mientras la comunidad científica evalúa el impacto que la sombra de los flotadores podría generar sobre la vida bentónica y la fotosíntesis marina.
Para enfrentar estas limitaciones, la industria trabaja en membranas elásticas y estructuras flexibles capaces de acompañar el oleaje en lugar de resistirlo. También se han incorporado aleaciones avanzadas y polímeros como el polietileno de alta densidad con protección ultravioleta, que extienden la vida útil de estos activos en entornos oceánicos severos.
¿En qué consiste el proyecto NATURSEA-PV?
En ese contexto, se enmarca NATURSEA-PV, un proyecto financiado por el programa Horizonte Europa que busca mejorar la durabilidad, fiabilidad y mantenimiento de las subestructuras empleadas en instalaciones fotovoltaicas flotantes marinas.
La iniciativa es liderada por Tecnalia, centro de investigación aplicada con sede en el País Vasco, España, y apunta a reducir las tasas de degradación y falla de estos sistemas, disminuyendo así el riesgo de inversión y el costo nivelado de la electricidad.
Uno de los principales desarrollos del proyecto es una subestructura flotante inspirada en la geometría de los nenúfares, formada por vigas radiales y tangenciales que conforman una estructura ligera y flexible, capaz de adaptarse a las cargas generadas por las condiciones marinas. El diseño busca que los flotadores se muevan con el oleaje en lugar de oponerse a él, reduciendo el desgaste estructural.
Materiales para el ambiente marino
Los materiales son otro eje central del trabajo de NATURSEA-PV. El equipo desarrolló hormigones de ultra altas prestaciones y baja huella de carbono, llamados eco-UHPC, pensados para resistir ambientes agresivos y prolongar la vida útil de las estructuras.
Tecnalia participó en la caracterización de estos materiales, validados mediante ensayos de laboratorio y pruebas sobre componentes y prototipos sometidos a condiciones representativas del medio marino.
A los hormigones se suman recubrimientos biobasados con propiedades anticorrosivas y antifouling, diseñados para proteger hormigones, metales y superficies de vidrio frente al deterioro de la exposición marina.
En diciembre de 2025, Tecnalia instaló una estructura flotante de eco-hormigón en su laboratorio marino de Mutriku, País Vasco, en colaboración con los socios del proyecto Preffor, RDC, Polymat y la Universidad del País Vasco (EHU). El despliegue permitió validar en el mar, a escala, el comportamiento estructural, la durabilidad y la eficiencia energética de los nuevos materiales, tras pruebas previas en laboratorio.
NATURSEA-PV no se ha limitado al desarrollo de materiales y soluciones estructurales. El proyecto también creó herramientas de modelización y predicción para evaluar la durabilidad de las estructuras, optimizar su comportamiento y planificar estrategias de mantenimiento preventivo, además de analizar la compatibilidad ambiental y socioeconómica de la fotovoltaica flotante marina junto a administraciones y otros agentes del sector.
Si bien Chile no es un país que precisamente requiere establecer paneles solares en el mar, debido a sus extensas instalaciones en tierra, esta práctica no deja de ser necesaria para otras naciones.