El 18,5% de los adultos de zonas urbanas presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental. En abril de 2025 era 12,7%. Es la cifra más alta desde mayo de 2022, según el 12.º Termómetro de la Salud Mental, que la Asociación Chilena de Seguridad (Achs) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) elaboraron con las respuestas de 2.722 adultos, recogidas entre junio y agosto de 2026. También subieron la depresión (16,2%), la ansiedad (17,9%), el insomnio (14,3%) y la soledad (21,9%).
Debajo del promedio hay una distancia que la encuesta registra y no explica. Entre los desocupados, 36,7% tiene síntomas moderados o severos de depresión; entre los ocupados, 14,1%. En los hogares con deuda altamente complicada llega a 43,1%; en los hogares sin deuda, a 8,5%. El estudio mide síntomas. No mide la carga, el miedo ni el sueldo de quienes los reportan.
Lo que sube
La inseguridad sigue primera entre las fuentes de estrés, pero lo que crece es la incertidumbre. El estrés alto por crimen organizado baja a 58,1% (61,5% en abril de 2025); suben el cambio climático, a 53,8% (14,3 puntos porcentuales más), y los cambios sociopolíticos, a 52,5% (9,1 más).
El trabajo aparece en la misma lámina. Uno de cada cuatro adultos, 24,7%, declara estrés alto ante la posibilidad de perder el empleo, propio o de alguien de su hogar (19,4% en abril de 2025). Un 23,3% lo declara ante el efecto que la automatización o la inteligencia artificial pudiera tener en esa estabilidad. Entre las y los ocupados, la satisfacción con el puesto cae cinco puntos, a 72,5%, el nivel más bajo desde 2022.
La medición laboral responde en parte. En 2025, el cuestionario Ceal-SM de la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) evaluó 20.913 centros de trabajo, con 1.021.129 trabajadoras y trabajadores. Cubre cerca de 36,5% de la población que debía medirse y solo incluye a los centros que lo aplicaron. El 86,5% de ellos mostró riesgo medio o alto en carga de trabajo y el 86,6%, en vulnerabilidad, dimensión que mide, en esencia, el temor a exigir derechos. Un 33,9% de las y los trabajadores evaluados declaró haber sufrido acoso o violencia en los últimos 12 meses.
El sueldo completa el cuadro. Fundación SOL, con los investigadores Gonzalo Durán y Marco Kremerman, analizó la Encuesta Suplementaria de Ingresos 2025 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Entre las y los asalariados del sector privado con jornada de 40 horas o más, la mediana es de $750.000 (US$ 768), y el 65,3% recibe una remuneración que, como único ingreso, no permitiría a un hogar de cuatro integrantes que arrienda superar la línea de pobreza usada en el informe. El Termómetro no establece qué viene primero, la deuda o el malestar. Muestra que este se concentra con mucha más fuerza en los hogares endeudados.
Cuando ese malestar llega al seguro laboral, solo una parte se califica como del trabajo. En 2025, Suseso registró 52.709 denuncias por salud mental y solo 19,9% se calificó como laboral. El propio organismo reconoce una brecha entre quienes denuncian y quienes cumplen los criterios técnicos.
Un caso devela qué exige demostrar esa relación. Administración de Centros Comerciales Plaza SpA (Mall Plaza) desvinculó en noviembre de 2022, por necesidades de la empresa, a una trabajadora con contrato indefinido que había presentado licencias médicas por ansiedad y angustia, según informó este medio. Un peritaje psicológico concluyó que su cuadro era consecuencia directa de las condiciones psicosociales de su trabajo.
El Primer Juzgado de Letras del Trabajo de Santiago estimó que la empresa conocía su estado de salud y no acreditó razones objetivas, y ordenó pagar $28.123.893 (US$ 28.815) y comunicar el fallo a la plantilla. La Corte de Apelaciones rechazó la nulidad y la Corte Suprema declaró inadmisible el recurso. Ese recorrido no permite generalizar: muestra cómo se investigó la causalidad en una situación concreta.
Antes de la licencia
La respuesta de las empresas apunta al individuo y funciona en parte. Entre quienes recibieron atención en salud mental en los últimos 12 meses, 73,8% reporta mejoría, según el Termómetro, aunque es una evaluación sin grupo de comparación. Pero William Fleming, investigador de la Universidad de Oxford, analizó en 2024 a 46.336 trabajadores de 233 organizaciones y no encontró mejores resultados de bienestar asociados a intervenciones individuales como el mindfulness. Tratar a quien se enferma y cambiar lo que enferma son tareas distintas.
Tres preguntas pueden pasar a la agenda antes de la licencia: cuánto trabaja cada integrante del equipo, qué teme perder si se enferma o reclama y si su sueldo le alcanza para vivir. Las áreas de recursos humanos pueden medir esas variables, informarlas a la dirección y vincularlas con decisiones de dotación, jornada y remuneración. No resuelven solas el problema, pero cambian la conversación: de la resiliencia a las condiciones.
El caso de Mall Plaza recuerda el límite. El peritaje vinculó la ansiedad de una trabajadora con su empleo, pero la nota no informa cuánto ganaba, cuánto trabajaba ni qué temía perder. El Termómetro tampoco lo pregunta. Seguirá siendo necesario para registrar los síntomas. La tarea comienza donde ese instrumento termina: en las condiciones de trabajo que todavía no mide.