domingo 23 de agosto de 2026

¿Crisis climática sin sociedad? Lincolao y las áreas prioritarias

Excluir a las ciencias sociales y las humanidades de nuestras prioridades no nos permitirá comprender mejor los problemas que enfrentamos; simplemente hará que los enfrentemos desde el desconocimiento

23 de agosto de 2026 - 11:45

En una entrevista reciente, la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile, Ximena Lincolao, defendió los cambios introducidos en las bases del concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027. Entre otras medidas, las nuevas bases definieron áreas prioritarias —como Ciencias Naturales y Biomedicina, Astronomía, Cambio Climático y Minería— que podrán concentrar hasta un 70% de los recursos del concurso. Como era previsible, las ciencias sociales y las humanidades quedaron fuera de estas prioridades. Lincolao incluso planteó la necesidad de contar con fondos provenientes de otro ministerio para financiar estudios “de este tipo”.

Estas declaraciones no solo reflejan un profundo desconocimiento sobre la producción de conocimiento en las disciplinas cuestionadas. Revelan también una concepción estrecha de aquello que constituye conocimiento relevante y, paradójicamente, limitan nuestra capacidad para comprender de manera integral algunos de los mismos fenómenos que se busca priorizar. La crisis climática es un buen ejemplo.

Aunque la crisis climática ocupa un lugar cada vez más importante en la agenda pública, para enfrentarla no basta con diseñar políticas desde los escritorios: necesitamos comprender cómo la están viviendo las personas. Una encuesta representativa realizada en la Región de Valparaíso por el proyecto Anillos Cultura y Crisis Climática, financiado por ANID, encontró que el 92,4% de las personas cree en el cambio climático y que, entre quienes han experimentado eventos como incendios, inundaciones, olas de calor o dificultades para sembrar, en promedio un 96% manifiesta preocupación por sus consecuencias.

Más de la mitad señala que el cambio climático ya ha transformado su vida: un 44,5% reporta problemas de salud propios o de integrantes de su familia y un 31,1% ha debido modificar la alimentación de su hogar. Pero quizás el dato más preocupante es que casi siete de cada diez personas no se sienten preparadas para enfrentar la crisis climática, mientras que un 96,9% cree que sus consecuencias serán peores en el futuro.

Estas cifras muestran que la crisis climática ya forma parte de la vida cotidiana y que, al mismo tiempo, muchas personas creen que carecen de herramientas para enfrentarla. ¿Cómo comprender cabalmente este fenómeno sin las herramientas que nos proporcionan las ciencias sociales y las humanidades?

Resulta difícil diseñar modelos eficaces de prevención, adaptación y gestión de riesgos climáticos sin conocer qué afecta concretamente a las comunidades, qué está cambiando en sus vidas, qué necesitan y qué soluciones están desarrollando ellas mismas. Ese conocimiento es indispensable para construir, junto con las comunidades, políticas públicas y estrategias que nos permitan estar mejor preparados para lo que viene.

Priorizar áreas como el cambio climático mientras se relega a las disciplinas que estudian sus dimensiones sociales, culturales y políticas encierra una contradicción difícil de sostener. El cambio climático no ocurre solamente en la atmósfera, los océanos o los ecosistemas: ocurre también en los hogares, en las formas de producir y alimentarse, en las desigualdades y en las maneras en que las comunidades imaginan y construyen su futuro.

Una política científica capaz de enfrentar los grandes desafíos del país necesita, por eso, ampliar su comprensión de qué conocimientos importan, no reducirla. Excluir a las ciencias sociales y las humanidades de nuestras prioridades no nos permitirá comprender mejor los problemas que enfrentamos; simplemente hará que los enfrentemos desde el desconocimiento.

Notas Relacionadas
Lo más leído
Batalla de Stalingrado / Crédito: Wikimedia Commons

Las más leídas

Últimas noticias