Movilizar a decenas de miles de corredores, montar la infraestructura en ruta y gestionar toneladas de residuos tiene un costo ambiental que no siempre es visible: miles de toneladas de dióxido de carbono liberadas a la atmósfera. Frente a ese escenario, los principales maratones del mundo han rediseñado sus operaciones para convertirse en eventos que manejan su huella de carbono.
El Maratón de Santiago neutraliza sus emisiones
En Chile, el Itaú Maratón de Santiago se ha consolidado como referente regional en sostenibilidad. La edición 2026, realizada el 26 de abril y que reunió a cerca de 35.000 corredores, marcó el tercer año consecutivo en que la prueba mide y compensa el 100% de las emisiones generadas por la logística, el consumo energético, la descomposición de residuos y el transporte de los participantes.
El hito fue posible gracias a la alianza con la empresa eléctrica Colbún, que compensa la huella del evento mediante bonos de carbono provenientes de sus centrales de generación renovable. Entre las ediciones 2024 y 2025, la neutralización acumulada alcanzó las 6.773 toneladas de CO2e, cifra equivalente a retirar de circulación a más de 900 automóviles durante un año.
José Ignacio Escobar, CEO de Colbún, ha señalado que "la neutralización de emisiones no sólo mitiga impactos, sino que también educa e inspira a miles de personas a tomar conciencia sobre su propia huella ambiental". En la misma línea, Francisca Aguirre, directora ejecutiva del Maratón de Santiago, ha declarado que "la sostenibilidad no es solo un compromiso, es parte de nuestra identidad como evento masivo".
Además de la compra de bonos, la organización entrega tarjetas de transporte público en el kit oficial para incentivar a los atletas a dejar el auto en casa.
¿Qué hacen Londres y Boston para ir más allá de la compensación?
A nivel internacional, la estrategia ya no se limita a compensar, sino que busca reducir el impacto desde el origen. El Maratón de Londres, organizado por London Marathon Events (LME), fue pionero en adquirir créditos de remoción de carbono —mecanismos que capturan y almacenan CO2 directamente de la atmósfera— a través de una alianza con la firma CUR8, con la meta de remover 280 toneladas anuales y alcanzar cero emisiones netas para 2030.
El financiamiento proviene de un gravamen climático de 26 libras esterlinas aplicado a los corredores internacionales. La organización también ofrece la iniciativa "Trees Not Tees", mediante la cual el corredor puede renunciar a la camiseta del evento a cambio de la plantación de un árbol.
Por su parte, el Maratón de Boston, a cargo de la Boston Athletic Association (B.A.A.), concentra sus esfuerzos en la gestión de residuos y la movilidad limpia. El evento ha incorporado generadores a batería en reemplazo de equipos diésel, desvía toneladas de vasos compostables hacia el compostaje y recolecta cada año cerca de 20 toneladas de ropa descartada en la largada, donadas a la organización Big Brothers Big Sisters.
El desafío pendiente
En suma, el propio reporte de sostenibilidad de la B.A.A. reconoce que más del 99% de su huella corresponde a emisiones indirectas —como el transporte de los corredores o la cadena de suministro—, factores que aún no están cubiertos por las metas de neutralidad a 2030.
El maratón moderno demuestra así que el verdadero reto no termina al cruzar la meta, sino en garantizar que la huella del corredor sea recordada por su marca deportiva y no por su impacto en el planeta.