Stalingrado (Volgogrado), ribera del Volga, 18:00 horas del domingo 23 de agosto de 1942, hace 83 años. Aviones alemanes arrojan toneladas de bombas sobre la ciudad en la que habita medio millón de personas.
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Desde la rendición en Stalingrado los alemanes estuvieron, salvo alguna excepción, a la defensiva. Y aunque faltaban dos años para el asalto soviético a Berlín, ya nada podría cambiar el final.
Stalingrado (Volgogrado), ribera del Volga, 18:00 horas del domingo 23 de agosto de 1942, hace 83 años. Aviones alemanes arrojan toneladas de bombas sobre la ciudad en la que habita medio millón de personas.
Enseguida, vehículos blindados del Sexto Ejército, comandado por el general Friedrich von Paulus, inician la ofensiva contra Stalingrado, la urbe que controla el flujo por el Volga indispensable para que Rusia mantenga el esfuerzo de guerra. La ciudad está defendida por el 62º Ejército al mando del general Vasili Chuikov. Comienza la mayor batalla en la historia.
En Chile, las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial eran seguidas con mucho interés por un público que en su mayoría apoyaba a los “Aliados” (URSS, Estados Unidos, Inglaterra) y una minoría al “Eje” (Alemania, Italia, Japón). Los informes más oídos eran el “Repórter Esso” de Radio Cooperativa Vitalicia. Además, los periódicos tenían espacios dedicados al conflicto.
El lunes 24, se informaba que las fuerzas rusas en Stalingrado tambaleaban ante el ataque de las divisiones alemanas. El 25 de agosto se daba a conocer el relato de un corresponsal del diario ruso Pravda que sostenía que: “en ambos sectores de la defensa de Stalingrado la consigna del Ejército Rojo es: ‘Manténgase a toda costa. No hay más retiradas’”. Cinco días después, los diarios comunicaban que la batalla se libraba en el “estrecho frente de Stalingrado [que] parece un amplio arco cuyos extremos están todavía a alguna distancia del Volga al sur y al norte de la ciudad”.
El 18 de septiembre, además de informar sobre las celebraciones de las fiestas patrias, el diario La Nación escribía que el Alto Mando Soviético afirmaba que: “todos los intentos realizados por los alemanes para avanzar hacia el centro de la ciudad fueron frustrados por la obstinada resistencia de las tropas (…) quedando en las calles ‘cientos de muertos’”. Y que “(…) se desarrolló una violenta lucha cuerpo a cuerpo, en que los rusos cargaron repetidas veces a la bayoneta, y (…) todas las fuerzas enemigas que habían penetrado en las posiciones rusas fueron rechazadas”. Ese sería el tenor de la batalla.
A casi un mes de lucha la ciudad no había caído. Los combates eran intensos, calle por calle, casa por casa y piso por piso. Cada pequeño avance alemán le costaba cientos de bajas. La voluntad de los soldados rusos era no entregar la ciudad.
El 29 de noviembre, la prensa informaba de la Romería en homenaje al fallecido presidente Pedro Aguirre Cerda, al cumplirse un año de su muerte; y que el Ejército Soviético había iniciado la contraofensiva para aislar al 6° Ejército. Se trataba de la “Operación Urano” dirigida por el entonces general, Gueorgui Zhúkov.
El último día del año 1942, se anunciaba que esa noche en la Plaza Bulnes habría un gran festival de fuegos artificiales y una cena de gala en el Hotel Carrera a la que asistiría la alta sociedad santiaguina; y que los rusos estaban avanzando en todo el frente de Stalingrado.
El 2 de enero de 1943, los diarios informaban que “los alemanes (…) se han convertido en verdaderos topos, viviendo en subterráneos, cañones matrices del agua potable y en las alcantarillas (…)”.
Un mes después, el 2 de febrero, La Nación reproducía el comunicado del Alto Mando Soviético, que informaba del final de los combates con la rendición alemana: “Nuestras tropas del frente del Don pusieron termino a la liquidación de los grupos de alemanes cercados al oeste de la zona central de Stalingrado (…). Hoy nuestras tropas capturaron junto con su Estado Mayor, al comandante del grupo de las fuerzas alemanas (…) mariscal de campo Friedrich von Paulus (…)”. También se relataba que los soviéticos exterminaron a más de cien mil oficiales y soldados. El 6° Ejército alemán había dejado de existir.
En los casi seis meses de lucha murieron entre 150.000 y 200.000 alemanes. Cuando los teutones se rindieron a comienzos de febrero de 1943, poco menos de 91.000 fueron apresados.
Al pueblo soviético le costó más de un millón cien mil soldados heridos o muertos. Y, solo entre diez mil y 60 mil civiles de los 500.000 que al comienzo de la batalla vivían en la urbe, vieron el amanecer del 2 de febrero de 1943.
Allan Osborne, en su artículo: “Los últimos días de Stalingrado” resumía la batalla: “(…) Y ahora viene el fin. Su gran ofensiva ha fracasado. (…) han sido vencidos por el magnífico valor de los soldados y el pueblo rusos (…) con la tradicional resistencia con que sus antepasados rechazaron a uno [Napoléon Bonaparte] que fue más grande que Hitler”.
El Partido Socialista de Trabajadores de Chile sintetizaba el pensamiento de las fuerzas de izquierda. “La terminación por el Ejército Rojo de la batalla de Stalingrado es el triunfo militar más grande de la historia (…). Esta victoria sin precedentes derrumba definitivamente el mito de la invencibilidad de los ejércitos hitlerianos (…). La victoria de Stalingrado debe ser recogida por el pueblo de Chile como un triunfo propio (…)”.
Desde la rendición en Stalingrado los alemanes estuvieron, salvo alguna excepción, a la defensiva. Y aunque faltaban dos años para el asalto soviético a Berlín, ya nada podría cambiar el final.
Como recuerdo de aquellos días, hoy en Volgogrado se yergue el Museo-Panorama de la Batalla de Stalingrado con su impresionante lienzo circular que refleja el dramatismo de los combates. En la cima de la colina donde se luchó arduamente, se ubica el Complejo Memorial de Mamáyev Kurgán, con la estatua, “La Madre Patria llama”, de 85 metros de alto, que representa a una mujer empuñando una espada. A pocos metros de ella se ubica el Panteón de la Gloria, que resguarda con gran solemnidad los nombres de más de un millón de hombres que allí por Rusia dieron su vida.
Desde esa colina se puede observar la ciudad nevada y las aguas tranquilas del Volga donde hace 83 años se peleó la mayor batalla de la historia de la Humanidad. Combate que nunca debe repetirse.