Pato querido, hoy escribimos estas líneas porque, como el destacado periodista que eras, mereces que te honremos a través de la palabra y que te recordemos por medio de la tinta. Esa tinta que tantas veces utilizaste para visibilizar, denunciar, incomodar al poder y también celebrar la vida y el amor, como en tu última columna de opinión, la que dedicaste a tu compañera de vida, Miriam.
Estudiaste Periodismo en la Universidad Católica del Norte y, luego de un breve paso profesional por Santiago y la Región de Valparaíso, llegaste a Coyhaique a fines de 1995. Fue allí donde encontraste el territorio desde el cual desarrollarías gran parte de tu vida y de tus luchas. Desde 1996 comenzaste a colaborar con El Divisadero, escribiendo reportajes, noticias y columnas de opinión semanales que nos hacías llegar sin falta y que nos invitaban, semana a semana, a reflexionar sobre diversos temas.
Desde joven, tu trabajo mostraba aquello que marcaría tu trayectoria: un periodismo certero, incisivo, documentado y profundamente cercano a la ciudadanía. Durante tres décadas escribiste sobre ciencia, turismo, corrupción, agua, energía, cambio climático e incontables conflictos socioambientales. Tu afilada pluma llegó a El Divisadero, CIPER, El Mostrador, La Nación, Le Monde Diplomatique, El Ciudadano y otros medios nacionales e internacionales, incluidas las revistas Science y Nature.
Periodismo y defensa ambiental
En tu archivo de CIPER quedaron investigaciones y columnas sobre las falsas cifras de la Ley de Protección de Turberas, las amenazas a las áreas protegidas, los megaloteos rurales, la apropiación del agua y los costos ocultos del llamado desarrollo. Allí quedaron plasmadas algunas de las luchas que hiciste tuyas y que, por medio de datos, argumentos y reflexiones, llevaste a todo Chile
Reportan muerte de periodista y activista socioambiental Patricio Segura Ortiz.
Pero tu pluma nunca fue un refugio desde el cual observar las luchas a distancia. Escribías desde los territorios y también junto a ellos. Jamás creíste que el periodismo y el activismo fueran caminos separados, todo lo contrario. Fuiste parte de muchas organizaciones y movimientos de defensa, como Patagonia Sin Represas, cuando todavía se presentaba como Insoslayable la construcción de cinco grandes centrales hidroeléctricas sobre los ríos Baker y Pascua. Ayudaste a demostrar que ningún proyecto es inevitable cuando las comunidades se organizan y defienden su derecho a decidir qué futuro quieren para sus territorios.
Cuando HidroAysén terminó de caer, no entendiste aquella victoria como el final del camino. Escribiste que la tarea de fondo no era solamente bajar un proyecto, obtener una resolución favorable o cambiar una ley, sino “cambiar el sentido común”. Allí estaba una de tus mayores certezas: la naturaleza no podía continuar siendo mirada primero como una despensa y después como un vertedero.
En 2012 integraste la mesa del Movimiento Social por Aysén, aquella movilización que, bajo la consigna “Tu problema es mi problema”, unió demandas sociales por salud, conectividad, combustibles, pesca, costo de vida y descentralización. Comprendías que la defensa de los ecosistemas y la dignidad de quienes los habitan son parte de una misma lucha, algo que hasta hoy a muchos les cuesta entender.
Nunca te quedaste encerrado en una sola causa. Defendiste los ríos libres, los bosques nativos, los glaciares, las turberas, los fiordos, los lagos y las áreas protegidas amenazadas por la salmonicultura y otras industrias extractivas. Desde la Fundación Aysenda, la Corporación Privada para el Desarrollo de Aysén y distintas organizaciones ciudadanas seguiste articulando comunidades, investigando y abriendo debates que muchos preferían mantener silenciados.
Transparencia, humor y comunidad
También defendiste el periodismo. Fuiste presidente del Consejo Regional Aysén del Colegio de Periodistas y consejero nacional de la organización. Defendiste la libertad de expresión, la ética profesional y la descentralización de las comunicaciones. Entendías este oficio no solamente como la tarea de informar, sino también como una herramienta para fiscalizar, cuestionar al poder y amplificar las voces de quienes muchas veces no encuentran espacio en los grandes medios.
Por lo mismo, la transparencia también fue una de tus batallas. Utilizaste incansablemente las herramientas de acceso a la información para revelar antecedentes sobre decisiones públicas y proyectos ambientales. Este año habías asumido como presidente del Consejo de la Sociedad Civil del Consejo para la Transparencia, desde donde continuabas incorporando una mirada regional, ciudadana y ambientalista a las instituciones.
Y hasta encontraste tiempo para reírte de la identidad patagona. Junto con el dibujante Nelson Huenchuñir publicaste el Manual de Carreño de la Patagonia, demostrando que el rigor, la crítica y el humor podían convivir en una misma pluma, como convivían tan bien en ti.
Escribimos, trabajamos, reímos y luchamos contigo por la sostenibilidad de la vida, porque siempre sostuvimos -y sostenemos- que el mundo puede ser diferente. En eso fuiste un puntal, una luz que se abría paso entre tanta oscuridad, esa que muchas veces cae sobre los temas socioambientales. Ahí estabas tú, desde lo local y siempre junto a Miriam, dispuesto a conversar con los que compartían tus valores y también con los que pensaban distinto.
También tenías una capacidad extraordinaria para reunir personas, mantener grupos unidos y hacer sentir a cada integrante que su trabajo importaba, transitando siempre entre la alegría y la intensidad que siempre te acompañaba. No necesitabas dictar cátedra para enseñar.
Enseñabas trabajando, preguntando, compartiendo información, corrigiendo con energía y defendiendo públicamente el trabajo bien hecho. Quienes veníamos detrás sabíamos que leerías nuestros trabajos y que, cuando aparecieran las rabietas de quienes defienden ciegamente el extractivismo, probablemente estarías en los comentarios, desplegando argumentos, datos y convicciones.
Una voz convocante
Así inspiraste a nuevas generaciones de periodistas y activistas. Nos enseñaste que se puede ejercer un periodismo comprometido sin abandonar el rigor; que tomar posición no significa renunciar a los hechos; y que una investigación puede ser, al mismo tiempo, una herramienta de fiscalización y un acto de amor hacia los territorios.
Encarnaste la consecuencia, testigo de eso era el hogar que construiste junto a Miriam, un refugio en el fin del mundo. Fuiste un modelo para muchos y muchas, especialmente para quienes tuvimos el privilegio de trabajar contigo, compartir causas y disfrutar de tu amistad. Hoy la pena nos llena de preguntas. Intentamos aceptar que el misterio de la vida se ha pronunciado y que quizás, en algún momento, comprenderemos el porqué de tu partida. Conociéndote, seguramente hay algo que todavía no nos has querido develar.
Te acompañamos en este tránsito que sabemos será luminoso. La cosecha de tu incansable trabajo está en el reconocimiento de cientos de organizaciones, comunidades, instituciones, autoridades, periodistas, amigos, amigas, familiares y personas que te respetaron y admiraron, estuvieran o no de acuerdo contigo. Ese cariño transversal habla de la profundidad de tu huella y de tu capacidad para construir comunidad sin renunciar jamás a tus convicciones.
Gracias por tanto, querido Pato. Gracias por estar, por escribir, por incomodar, por organizar y por entregar tu tiempo, tu inteligencia y tu corazón a tantas causas. Tus palabras y reflexiones serán nuestra guía para seguir tu legado. Espéranos al otro lado del arcoíris para chacharear y conspirar. Mientras tanto, acá seguiremos dándole, como tantas veces lo conversamos.