Tiempos funestos, tiempos oscuros: Carta a Bertolt Brecht
Nos adormecen y acunan grandes pantallas y somos incapaces de distinguir entre lo que es real y lo que es ensueño. Somos libres de ser muchos, y al mismo tiempo, no somos nadie. Hemos perdido el criterio y, ni siquiera sabemos cuáles son nuestros deseos, si son nuestros o inducidos. Tal es así que los iluminados ni siquiera se esfuerzan en seducirnos con buenas palabras, ni gestos aparentes. ¿Para qué? ¿Por qué deberían hacerlo si la bronca y la mentira son mucho más eficaces?