La industria minera chilena avanza hacia fuentes de energía más limpias, pero la infraestructura necesaria para sostener ese cambio no logra seguir el mismo ritmo. Así lo advierte "La nueva ecuación para la minería en América Latina: Los límites invisibles entre la energía y la operación", un informe elaborado por Aggreko.
Este identifica las limitaciones en la transmisión eléctrica, las demoras en la obtención de permisos y las restricciones de capacidad de red como los principales obstáculos para el crecimiento del sector en los próximos años.
El documento sitúa a Chile como uno de los mercados mineros más estratégicos de la región y como proveedor clave de minerales para la transición energética global, entre ellos el cobre, el litio, el molibdeno, el yodo y el renio.
La relevancia económica del sector no es menor: en 2025, el país alcanzó un récord de 63.250 millones de dólares en exportaciones mineras, cifra que representa el 59,1% del total exportado y cerca del 12% del PIB.
En paralelo, según datos del Coordinador Eléctrico Nacional, el 70% de la electricidad generada en Chile durante 2024 provino de fuentes renovables, mientras un número creciente de empresas mineras firma contratos de compra de energía (PPA) basados exclusivamente en ellas.
Lo que frena a la infraestructura energética chilena
Pese a estos avances, el informe sostiene que el acceso a energías renovables ya no es suficiente sin una red capaz de garantizar un suministro continuo. Los cuellos de botella en la transmisión y los extensos procesos de permisos siguen afectando los plazos de los proyectos, especialmente en operaciones remotas donde la disponibilidad energética incide directamente en la producción.
En conversación con El Desconcierto, José Albornóz Farías, gerente regional del segmento Minería en Aggreko, coincide con este diagnóstico. "El principal desafío es lograr que el desarrollo de la infraestructura energética avance al mismo ritmo que el crecimiento de la minería y de la transición energética", apunta.
Para el ejecutivo, la competitividad del sector depende de "procesos previsibles e infraestructura suficiente para respaldar las inversiones", además de mayor agilidad regulatoria y expansión de las redes de transmisión.
El principal desafío es lograr que el desarrollo de la infraestructura energética avance al mismo ritmo que el crecimiento de la minería y de la transición energética El principal desafío es lograr que el desarrollo de la infraestructura energética avance al mismo ritmo que el crecimiento de la minería y de la transición energética
¿Puede Chile mantener su liderazgo minero internacional?
Albornoz Farías es enfático al señalar que el país cuenta con condiciones favorables para conservar su posición, gracias a la calidad de sus recursos y al desarrollo alcanzado en energías renovables.
Sin embargo, advierte que el escenario está cambiando: "La ventaja ya no dependerá únicamente de la disponibilidad de cobre o litio, sino de la capacidad de transformar ese potencial geológico en operaciones eficientes, resilientes y con una huella de carbono menor".
En esa línea, el gerente regional vincula la competitividad futura a la confiabilidad energética, dado que la minería opera las 24 horas del día y requiere continuidad en el suministro.
Así, proyectos como la línea de transmisión HVDC Kimal-Lo Aguirre —que se espera transporte hasta 3.000 megawatts de energía renovable a lo largo de 1.346 kilómetros— apuntan a reforzar esa capacidad y mejorar la integración de la generación limpia a la red nacional.
La ventaja dependerá de la capacidad de transformar ese potencial geológico en operaciones eficientes, resilientes y con una huella de carbono menor La ventaja dependerá de la capacidad de transformar ese potencial geológico en operaciones eficientes, resilientes y con una huella de carbono menor
¿Es viable la meta de carbononeutralidad para 2050?
Consultado sobre si Chile cumplirá su meta de carbono neutralidad hacia 2050, establecida en la Ley Marco de Cambio Climático y la Estrategia Climática de Largo Plazo (ECLP), Albornóz Farías sostiene que el país "avanza en la dirección correcta", aunque el objetivo exigirá acelerar el desarrollo de infraestructura al mismo ritmo que crece la demanda eléctrica.
Entre los principales desafíos, menciona fortalecer la red de transmisión, aumentar el almacenamiento de energía e incorporar soluciones más flexibles ante la creciente participación de fuentes renovables variables.
Desde su experiencia, tecnologías como los sistemas híbridos, el almacenamiento mediante baterías (BESS) y la generación modular podrían facilitar esa transición sin comprometer la continuidad operativa.
Con todo, el ejecutivo insiste en que el resultado dependerá de la coordinación entre el sector público y privado para sostener, al mismo tiempo, la descarbonización, la seguridad energética y la competitividad de la minería chilena.