La inteligencia artificial (IA) industrial puede reducir el consumo de agua y energía en la fabricación de electrónicos, pero su aporte ambiental depende de que los centros de datos que la sostienen no anulen esos ahorros. Así lo planteó John W. Mitchell, presidente de la Global Electronics Association, en una columna de opinión publicada en el medio estadounidense ESG Dive.
El diagnóstico parte del agua. En Taiwán, principal centro mundial de producción de chips, algunas plantas de semiconductores deben trasladar agua en camiones desde cuencas externas para mantener sus líneas operativas. Según datos del sector citados por Mitchell, hacia 2030 el 40% de la capacidad mundial de fabricación de semiconductores y hasta el 40% de las instalaciones en construcción enfrentarán un riesgo hídrico alto o extremadamente alto.
A ello se suman las tensiones geopolíticas. De acuerdo con Reuters, la interrupción del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, en el marco de la guerra con Irán, elevó el precio de la lámina de cobre y el de las placas de circuito impreso.
¿Cómo puede la IA hacer más sostenible la fabricación de electrónicos?
Frente a ese escenario, la IA industrial, que aplica modelos de inteligencia artificial a procesos productivos, permite ajustar las líneas de producción ante restricciones de agua o energía e identificar proveedores y rutas alternativas cuando se corta el suministro.
Entre sus herramientas destacan los gemelos digitales, modelos virtuales que simulan fábricas y cadenas de suministro. Con ellos, los fabricantes pueden evaluar escenarios de escasez de materiales, eventos climáticos o cambios en la demanda semanas antes de una crisis.
En esa línea, una encuesta de Siemens constató que el 65% de las personas consultadas había integrado IA industrial en la manufactura para ahorrar energía, mientras que el 43% la utilizaba para gestionar mejor los recursos y residuos.
La huella ambiental de los centros de datos
No obstante, la tecnología tiene un costo propio. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo eléctrico mundial de los centros de datos creció 12% anual durante los últimos cinco años. A su vez, un informe de la Universidad de las Naciones Unidas proyecta que estas instalaciones podrían consumir 9,3 billones de litros de agua hacia 2030.
Por ello, Mitchell plantea que la adopción de la IA industrial debe regirse por una "doble rendición de cuentas": la tecnología debe acelerar la eficiencia en las fábricas, pero la infraestructura digital que la hace funcionar también debe ser sostenible. Como piso mínimo, propone reutilizar el agua, recuperar residuos y abastecerse con energía 100% limpia.
El rol de la economía circular
Asimismo, el ejecutivo apunta a la economía circular como condición. La electrónica hace posible la IA y, a la vez, la IA puede facilitar el diseño de productos más duraderos, optimizar materiales y gestionar componentes al final de su vida útil, lo que reduce la demanda de recursos vírgenes y los residuos electrónicos.
"La resiliencia y la sostenibilidad no son prioridades contrapuestas", concluye Mitchell.