La inteligencia artificial (IA) está revolucionando la conservación de alimentos al predecir el deterioro y optimizar las condiciones de almacenamiento, reduciendo así el desperdicio. Mediante sensores con Internet de las Cosas (IoT) y modelos predictivos, la IA ajusta dinámicamente el frío, humedad y analiza la calidad para asegurar una mayor frescura.
Dentro de las aplicaciones clave en la conservación está el uso de visión artificial para inspeccionar la apariencia de frutas y verduras o envases en las líneas de producción, así como algoritmos que ajustan automáticamente la temperatura y la atmósfera de las cámaras frigoríficas, evitando el estrés por frío o calor.
Estos sistemas analizan múltiples variables, como gases emitidos y humedad, para anticipar el momento exacto en que un alimento dejará de ser apto y alertar antes de que se desperdicie.
De este modo, la IA ayuda a disminuir la huella de carbono, el consumo de agua y energía asociados a su producción. y evita la producción de basura.
Sostenibilidad, tecnología y seguridad alimentaria
Estas tecnologías permiten colaborar con la seguridad alimentaria, logrando una mayor satisfacción de acuerdo a las necesidades, gestionando adecuadamente los productos disponibles e informando a los consumidores.
Los sensores de gas detectan compuestos orgánicos volátiles y gases específicos de descomposición (como el etileno en frutas o el amoníaco en carnes) mucho antes de que el deterioro sea visible.
Es posible monitorear el ambiente con IoT y enviar información a la nube rastreando la temperatura, la humedad y el flujo de aire durante el almacenamiento y la cadena de frío.
Las plataformas de IA procesan los datos de estos sensores y generan alertas tempranas, permitiendo optimizar el inventario y la logística en almacenes, lo que a su vez maximiza la rentabilidad.
Diversas compañías especializadas y proyectos académicos están marcando la pauta en este sector, por ejemplo, el Imperial College de Londres, creó sensores eléctricos a base de papel para detectar gases de deterioro en carnes y pescados y nanotubos de carbono para etileno.
Protagonistas de la industria alimentaria como Nestlé ya implementan soluciones IoT para garantizar las condiciones óptimas desde el origen hasta el consumidor. En el mercado agrícola, compañías de tecnología de calibración como Maf Roda aplican IA para inspección visual y calibración de frutas delicadas, lo que asegura que lleguen en el estándar preciso al mercado.
Innovación desde Perú
Por otra parte, el desarrollo de envases inteligentes es una de las áreas con mayor crecimiento dentro de la industria global del packaging alimentario.
Recientemente, investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) desarrollaron un prototipo de empaques inteligentes capaces de indicar el estado de conservación de los alimentos mediante cambios de color.
La innovación incorpora biosensores que reaccionan a los compuestos liberados durante los procesos de descomposición, ofreciendo una alternativa más precisa que las fechas de vencimiento convencionales.
El sistema detecta variaciones en la concentración de gases y en la acidez (pH) generadas por el deterioro de los alimentos. Cuando estos parámetros cambian, el material del empaque modifica su color, proporcionando una señal visual que permite identificar de manera rápida si el producto continúa siendo apto para el consumo.
Ventajas de utilizar antocianinas
Uno de los elementos centrales del desarrollo es el uso de antocianinas, pigmentos naturales presentes en especies como el arándano, el maíz morado y el saúco. Estos compuestos son incorporados en materiales biodegradables para fabricar sensores flexibles, inocuos y de bajo costo.
Además de funcionar como indicadores del deterioro, las antocianinas aportan propiedades antioxidantes y antimicrobianas que podrían contribuir a prolongar la vida útil de los alimentos.
Más allá de reducir las pérdidas asociadas al descarte prematuro de alimentos, también mejora la información disponible para consumidores y distribuidores.
Sin duda, la tecnología seguirá siendo una aliada a la hora de gestionar productos antes que de alcancen su fecha de caducidad, evitando así el desperdicio orgánico y la emisión de gases de efecto invernadero.